Una serie de varias semanas, estuvo difundiéndose en Canal 22 en su barra dedicada a la ciencia y que se llama ¡De estreno! La temática central fueron los dinosaurios, y cada capítulo se abordó de distinta manera.
Por un lado, se habló de los hallazgos de fósiles y esqueletos en desiertos como el Arizona o en la Jamapa argentina o chilena. También en algunas regiones de la India. Por otro lado, se hicieron entrevistas con científicos que explicaron, por ejemplo, que los descendientes genéticos de los dinosaurios no son los reptiles, como se pensó en cierto momento, sino los pájaros.
Se presentaron imágenes de las excavaciones, a veces en terrenos muy extensos y pedregosos, y los hallazgos fueron recreados como se hubiesen dado en el momento en que la cámara los estaba grabando. Multitud de mapas, de explicaciones previas, de razonamientos deductivos a cargo de los estudiosos sirvieron como sustento para convencer a la audiencia de los planteamientos de cada programa.
Los descubrimientos sirvieron, en el caso de la serie, para reproducir a los animales. Tanto los huesos como los restos fósiles son la base de la forma que debieron tener, el tamaño y, aunque parezca de ficción, el hecho de que tuviesen escamas, piel o plumas. Por supuesto, también se sabe ya lo que comían y en qué cantidades lo hacían de qué manera se movían, cómo conservaban el equilibrio y los puntos más débiles de cada especie.
Parece increíble la variedad de tipos de dinosaurios que hubo. Sus dimensiones variaban desde la imagen tradicional que se tiene de los mismos, es decir, mucho mayor, que por ejemplo, un elefante, hasta pequeños seres parecidos en su forma los canguros. Así mismo, hubo algunos que volaron.
La serie reproduce al tamaño natural que debieron tener los dinosaurios. Los muñecos que resultan de este trabajo se ven totalmente reales en la pantalla. Colocados en el tipo de hábitat que se supone requerirán para vivir, el efecto es todavía más realista. Con dichos robot actuando vemos peleas, caídas, persecuciones, apareamientos, elaboración de nidos y puesta de huevos. Una especie de Jurasic Park, la película de Steven Spielberg, sólo que con factura de documental.
La producción que está detrás de lo que vemos en pantalla es inmensa, no únicamente por la creación de las bestias animadas, también por las entrevistas en expertos de gran cantidad de países. El recorrido que puede significar conversar con cada uno de ellos en sus laboratorios implica desplazarse, con todo y equipo, a grandes distancias.
Si bien a veces entretenida y en ocasiones aburrida, la serie está situada en un horario, las 10 de la noche, que hace pensar que el público al que va dirigida es de adultos. Sin embargo, se trata de a quienes o bien están muy interesados en este tipo de descubrimientos científicos, sean biólogos, etnólogos o antropólogos, físicos, o quienes quieren aprender y no sólo pasar el rato. Para el interés de este público, sin duda el más amplio, el seguimiento de los programas resulta cansado, pues al cabo de cinco seguidos ya parece como un exceso dinosaúrico.
Ahora se presenta en es mismo horario otro tema: Historia del cerebro: fenómenos cerebrales, también especializado aunque menos que el anterior, ya que todos tenemos cerebro y puede resultar instructivo saber cómo funciona y por qué.
La barra se encuentra a cargo de un presentador nacional, que hace los comentarios pertinentes y nos acerca un poco más al asunto tratado. Su presencia es agradable, aunque no parece muy adecuado el constante cambio en la dirección de la silla, sólo para que la cámara lo tome de frente. Colocar dos cámaras en este tipo de introducciones breves es un desperdicio y no agrega nada. Si acaso logra que, de repente, el mismo conductor se desoriente.








