“Rotación XVIII”

En el contexto de la escasa difusión institucional del arte emergente que se realiza en la Ciudad de México, el Muca Roma se ha convertido en un dinámico lugar que cada mes se atreve a correr riesgos curatoriales.

Tanto en el concepto como en la selección de los artistas, el equipo de este espacio extramuros del Museo de Ciencias y Arte de la Universidad Autónoma de México –conformado por Sara Beltrán, Iván Edeza y Sol Henaro- se distingue por una consciente osadía que no se debilita ante los errores ni se confía frente a los aciertos.

En la actualidad, su proyecto consiste en la realización de exposiciones de corta duración –aproximadamente un mes- que se elaboran con base en propuestas temáticas que inciden en aspectos  teóricos o formales de relevancia en la escena artística contemporánea. La rápida rotación de muestras provoca un atractivo dinamismo que impacta tanto en el interés de los visitantes asiduos –en su mayoría artistas jóvenes- como en la posibilidad de difusión de un mayor número de productores visuales.

Otro criterio relevante es la pluralidad que manifiestan los curadores, tanteo en la presentación de diferentes géneros plásticos como en la selección de los creadores. Este último punto es especialmente interesante porque, debido a que los proyectos se eligen por su pertinencia y no por el tamaño del currículum de su autor, el Muca Roma ha logrado constituirse como una importante alternativa, tanto para los más jóvenes como para aquellos ajenos al mainstream gremial y oficial.

La Rotación XVIII correspondiente a septiembre trata de abordar un tema complejo y fascinante, que desde hace algunos años inquieta tanto a productores como a analistas y teóricos de la cultura visual: la representación en tanto sujeto de la obra y, por lo mismo, generadora alevosa de percepciones y detonante de emociones y significados ajenos a lo representado.

Por la temática, la mayoría de las piezas inciden en propuestas conceptuales y, desde mi punto de vista, destacan aquellas que logran una tensión al integrarse con géneros tradicionales.

Tal es el caso de la serie de pequeñas pinturas (8×11 cms.) Harmony Guide, realizadas al óleo sobre tala por Dulce Chacón Fregoso (DF, 1976). A partir de reticulados que abiertamente remiten a mapas, la artista genera emociones contrarias a  través de harmonías de colores claros y evidentes texturas que escoden sus experiencias al viajar por los lugares que esquematizan.

Otra propuesta interesante es la del dibujante Humberto Duque (DF, 1978), quien a través de un libro objeto de gran formato (91.5×1.40 cms.) ataca al espectador con una antipropuesta del texto, elaborada a partir de hojas vacías en las que sólo aparecen algunos pequeños y amorfos dibujos que enfatizan el absurdo de un texto en el que no se dice nada. La evidencia del trabajo artesanal en la realización de las hojas, que consisten en aplicaciones de papel sobre tela, confrontan discretamente el trabajo artesanal con la propuesta conceptual.

Otras dos piezas conceptuales de pulcra factura son el objeto-instalación de Laura Villalobos y el video de Mauricio Alejo.

En la primera, como parte del colectivo estadunidense DNNP, interviene un pizarrón con una frase colocada en un cintillo que deriva en la comprobación de la relatividad de la percepción: si el espectador se ubica a 10 centímetros verá un texto, si se ubica a mayor distancia, sólo percibirá una línea.

Por su parte, Alejo se desprende de su trabajo fotográfico presentando un extraordinario video en el que una línea se convierte en una línea de agua al ser intervenida por un dedo. De nuevo, la percepción es violentada y casi humillada por el discreto poder de la imagen.

En general, la muestra es atractiva no sólo por la temática, sino, muy especialmente, por al novedad de los artistas y de las obras. Sin embargo, si de valentías, riesgos y osadías se trata, sería conveniente que se explicara con claridad del concepto de la muestra. Ya es tiempo de integrar a los espectadores no especializados.