Un banquete (casi) mortal

No se podía creer: un banquete de alta sociedad, en los jardines del Hotel Camino Real Sumiya, propiedad del expresidente Luis Echeverría,  terminaba con los elegantes invitados víctimas de una brutal intoxicación  que a punto estuvo de mandarlos a la tumba. Pero la historia apenas empezaba ese 20 de julio…

Sin ningún contratiempo, el banquete se realizaba en los amplios jardines del exclusivo hotel Camino Real Sumiya, cerca de la ciudad de Cuernavaca, propiedad del expresidente Luis Echeverría Álvarez. Se festejaba la boda de Valeria Giovanini y Emilio Ibarra.

Bajo los toldos blancos que amortiguaban el fuerte sol morelense, los alrededor de 250 invitados –la mayoría de la Ciudad de México– conversaban alegremente mientras comían corazón de alcachofa, filete mignon, crepas y budín.

Pero al terminar de comer, el vómito y la diarrea lanzaron a los comensales hacia los sanitarios. “¡Un doctor!, ¡un doctor!”, exclamaban desesperados. Muchos de ellos fueron llevados rápidamente al pequeño hospital privado Morelos, donde, a falta de camas, se les atendió sobre colchonetas colocadas en el piso.

Así, con sus trajes de gala manchados de excremento, los invitados terminaron la fiesta celebrada el 20 de julio último. En medio del escándalo, intervinieron las autoridades sanitarias.

Para el padre de la novia, el ingeniero Juan Giovanini García, lo de menos fue el bochorno que pasaron en el lujoso hotel, sino que, a dos meses de distancia, los que fueron sus invitados continúan intoxicados, mientras que el Camino Real Sumiya ha minimizado el caso y se ha negado a indemnizarlos, en contubernio con las autoridades de salud de Morelos.

“Ni siquiera nos han dicho qué alimento nos hizo daño. Por lo pronto, seguimos teniendo nauseas, escalofríos, pérdida de la vista, de peso y un debilitamiento en general, que ha provocado un bajo rendimiento en nuestros respectivos trabajos.

“Queremos que el hotel nos indemnice por los daños sufridos, pero hasta ahora se ha desentendido de nosotros. Regresó los 155 mil pesos que costó el banquete y se lavó las manos.”

Entre los afectados se encuentran Paulina Occelli, sobrina de Cecilia Ocelli, exesposa de Carlos Salinas de Gortari; Antonio Sarmiento, padre del articulista y comentarista Sergio Sarmiento; Michel Gaymard, Thierry Dupuis. Xavier Ferragut y Karla Legaspi, así como muchos miembros de la familia Giovanini.

En desplegados de prensa, publicados en el diario Reforma y en periódicos de Morelos, se afirma que son “200 intoxicados” y que “siguen “los daños físicos y morales. Los análisis clínicos dan resultados desalentadores, nuestra salud y ánimo están mermados”.

Se dice que el Camino Real entregó a la Secretaría de Salud de Morelos, para su análisis, alimentos distintos a los ingeridos y “los aceptó sin verificar que fueran los alimentos servidos”.

Denuncian al Hospital Ángeles del Pedregal pues “sin apegarse a la verdad”, les realizó análisis clínicos que resultaron negativos. “¿Qué intereses protegen esta actitud del Hotel Camino Real?”, se preguntan los intoxicados. Señalan que Olegario Vázquez Raña, dueño del Ángeles, es también fuerte accionista de la cadena hotelera Camino Real.

Juan Herrera Plata, uno de los intoxicados, y con Juan Giovanini responsable de los desplegados, afirma: “Sabemos que Vázquez Raña es alto ejecutivo de la cadena Camino Real. Y que la familia Echeverría es propietaria del Sumiya. Son gente con poder. Estamos conscientes de los intereses a los que nos enfrentamos… y de los riesgos que corremos”.

–¿Piensan que hay contubernio entre la Secretaría de Salud y los hoteles Camino Real?

–Los hechos así lo manifiestan. El hotel entregó a la Secretaría de Salud alimentos distintos a los que comimos. Por ejemplo, entregó carne de pescado, siendo que comimos carne de res. Si hubiera enviado los alimentos que realmente ingerimos, la contaminación hubiera resultado positiva.

Giovanini García y Herrera Plata relatan que el Hospital Ángeles les realizó diversos estudios de laboratorio y todos resultaron negativos.

–¿Qué alimentó los intoxicó?

–¡La carne! ¡el filete mignon! Hice una encuesta entre los invitados y los únicos que no se intoxicaron fueron quienes no comieron carne.

Ante la insistencia de los intoxicados, la Secretaría de Salud se limitó a hacer una inspección a las cocinas del hotel: encontró coladeras destapadas, personal sin tapabocas y con las uñas largas y sucias, la latería caduca revuelta con la nueva, etcétera.

–Finalmente, ¿qué bacteria los afectó?

–Después de que el Hospital Ángeles nos mintió en sus análisis, muchos de los intoxicados acudimos a otros hospitales y laboratorios y los análisis resultaron positivos. Tenemos un tipo de salmonela muy agresiva. Los especialistas nos dicen que existen 2 mil 200 clases de salmonela. Y para detectar la que tenemos se basan en analogías. Nos dicen: “sus síntomas parecen provocados por este tipo de salmonela, esperemos a ver qué pasa”. Y así nos traen. Por lo pronto, tengo fuertes dolores en los huesos y articulaciones, he perdido peso y tengo un color amarillo. Sufro serios cambios en mi organismo.

El doctor José Ramón Barrera Domingo, especialista que atiende a 15 de los intoxicados, confirma: “Todos son víctimas de una salmonelosis crónica. Desgraciadamente, los antibióticos no han podido atacarla. De pronto tienen cierta mejoría, pero luego vuelven a recaer”.

–¿Qué características tiene esta bacteria?

–Al parecer, la salmonela se aloja en la vesícula biliar, que es como una caja fuerte donde los antibióticos nada pueden hacer. Al dejar de administrárselos, la salmonela vuelve a salir al resto del organismo.

–¿Qué se puede hacer?

–Quizá la única solución sea extirparles la vesícula biliar.

El señor Juan Giovanini dice que el hotel lo escogió su hija Valeria, “porque es un lugar muy bonito, tiene preciosos jardines y está en una región cálida. Pero resulta que ni siquiera tenía un médico para que nos atendiera.

–¿Qué piensan hacer para que los indemnicen?

–Ya estamos preparando una demanda penal y otra civil. Tenemos reuniones con nuestro abogado para que nos explique los procedimientos legales. En pocos días, pondremos las demandas ante los tribunales. Será una demanda de todo el grupo de intoxicados.

Arturo Gutiérrez Carrillo, jefe de le Jurisdicción Sanitaria Número 1 de Morelos, informó que al Sumiya se le podría aplicar una multa de 100 hasta 10 mil salarios mínimos, como lo marca la ley.

La riqueza de Echeverría

Ubicado en el municipio de Jiutepec, el Hotel Camino Real Sumiya se construyó en terrenos de la antigua Hacienda de Cortés. Se integró a la cadena de 16 hoteles Camino Real, perteneciente al Grupo Empresarial Ángeles (GEA), de los Vázquez Raña.

En junio de 1993, Echeverría pagó un millón de pesos para adquirir acciones de Parque Residencial Sumiya, constructora y propietaria del hotel. Cuatro meses después, Echeverría y sus socios obtuvieron de Banca Cremi un crédito por 11.5 millones de pesos para la “construcción parcial” del hotel.

Lo anterior consta en la escritura pública 64627, otorgada el 28 de octubre de ese año por el notario público número 2 de Cuernavaca, Hugo Salgado Castañeda. La hija de Echeverría, María del Carmen, administradora del Parque Residencial Sumiya, otorgó la “garantía hipotecaria colateral” para la obtención del préstamo (Proceso 1014).

En 1959, la excéntrica millonaria estadunidense Bárbara Hutton, heredera de la cadena de establecimientos Woolworth, construyó ahí una mansión que quiso ser copia fiel de un palacio imperial japonés. Gastó más de tres millones de pesos de entonces.

Esta propiedad también fue adquirida por Echeverría mediante el pago de un “saldo fiscal” que la señora Hutton tenía con el gobierno. La operación quedó asentada en el Registro Público de la Propiedad. El I, tomo III, fojas 133.

En el palacio japonés Echeverría instaló el restaurante del Sumiya. El resto del hotel lo construyó respetando el estilo oriental: tiene 157 habitaciones y seis suites, y –resalta la publicidad—cuenta con exquisitos jardines zen que invitan a la meditación.

Tan solo en el municipio de Jiutepec, la familia Echeverría posee actualmente cinco fraccionamientos de superlujo: Residencial Sumiya, Parque Sumiya, San José, Apantle y Kloster.

Ya se pagó todo

El gerente general del Sumiya, Juan Carlos Flores Merlín, reconoce que, efectivamente, hubo una intoxicación masiva provocada por la comida:

“No niego que hubo contaminación. Eso es bastante obvio. No se puede tapar el sol con un dedo. Pero el hotel ya cumplió con su responsabilidad: reintegró los gastos de la comida y pagó las facturas médicas de los intoxicados.”

–¿Ustedes detectaron qué alimento tenía la toxina?

–No tengo la respuesta. No soy médico ni especialista en química. Mensualmente, el hotel sirve alrededor de 22 mil cubiertos y jamás había ocurrido algo semejante. Le juro que soy el principal interesado en saber lo que pasó, para que la situación no vuelva a repetirse.

–Se dice que, en las cocinas del Sumiya, los inspectores encontraron serias irregularidades.

–Son puros inventos. De ser ciertos, ya nos hubieran cerrado el hotel. Nuestros proveedores de alimentos son gente reconocida, de prestigio. En el medio turístico se maneja una norma llamada Distintivo H, que regula el manejo higiénico de alimentos y bebidas. Y vaya que es muy estricta.

–¿Por qué dieron ustedes a la Secretaría de Salud alimentos distintos a los consumidos en el banquete?

— Lo que realmente pasó fue que los inspectores sanitarios llegaron al hotel dos días después del banquete. Obviamente que para entonces ya no estaba la comida que se sirvió en la boda, pero esto no es culpa nuestra. Los inspectores estuvieron revisando las cocinas. Supongo que buscaban alguna fuente de contaminación externa, alguna tubería rota, posibles aguas negras. No detectaron ninguna anomalía. Por lo que dijeron: ´bueno, vamos a llevarnos estos alimentos que están cocinando`. Así ocurrió todo.

También niega que, por estar coludido con el hotel, el Hospital Ángeles haya determinado negativos los análisis de los intoxicados: “Son afirmaciones falsas. Déjeme contarle lo que sucedió: Cuando los intoxicados fueron llevados al Hospital Morelos de Cuernavaca, empezaron ahí a protestar y a decir que querían atenderse en la Ciudad de México. Nosotros les dijimos: “adelante, vayan al Ángeles o al hospital que ustedes quieran, nosotros pagamos los gastos”. Les mandamos ambulancias para que los transportaran a la Ciudad de México. Otros pudieron irse manejando en sus automóviles. Así llegaron a distintos hospitales: el Ángeles, el Médica Sur, el ABC, el Hospital Español… Estuvieron hospitalizados los días que quisieron. Es más, la mayor parte de la familia Giovanini se internó en el Médica Sur. Finalmente, en todos los hospitales fueron dados de alta.

“Fueron días terribles para mí. Continuamente recibía llamadas telefónicas de los administradores de los hospitales. Reclamaban el pago de sus servicios. A todos les dije que se les pagaría. Y así fue. Pagamos un millón 400 mil pesos de facturas médicas, a siete hospitales distintos. Los pacientes no desembolsaron ni un quinto.”

–Pero ellos dicen que siguen infectados, que padecen insomnio, escalofríos, debilitamiento.

–Eso ya me suena a película gringa. El que realmente padece insomnio soy yo. Por las noches me despierto pensando qué otra cosa se le ocurrirá al ingeniero Giovanini, quien maneja estas protestas y periodicazos. Y aquí sucede un hecho curioso, la familia del novio no está armando alboroto. Nada más la de la novia ¿no le parece extraño?

–¿A qué atribuye esto?

–No lo sé. Quizá les falta dinero y quieren sacar provecho de la boda de la hija. Respecto a la cadena Camino Real, ya pagó todos los daños.