El ataque militar de Estados Unidos a Irak es sólo parte de una estrategia a largo plazo para controlar el petróleo del mundo. Según Washington, los países árabes –algunos de los cuales fueron aliados antes del 11 de septiembre– deben ser dominados ahora por la fuerza. Sólo así Estados Unidos podría mantener su hegemonía ante el surgimiento, a mediados del siglo XXI, de un nuevo bloque mundial: China, India y varios países de Asia Pacífico.
París.- El general Pierre Marie Gallois no se ve muy impresionado por las divergencias que está provocando en el Consejo de Seguridad el hecho de que Saddam Hussein haya aceptado la visita los inspectores de la ONU. Tampoco parece creer que esa decisión evitará que se desate la guerra contra Irak.
Derrocar a Saddam Hussein, instalar en su lugar a un gobierno afín a los intereses estadunidenses, explotar las riquezas petroleras iraquíes para aislar y arruinar a Arabia Saudita, acabar con el régimen que dirige ese país aliado de Estados Unidos desde hace décadas, pero considerado traidor después de los atentados del 11 de septiembre: esas podrían ser, según el general, las primeras etapas de la nueva estrategia de Washington.
Pierre Marie Gallois es el ideólogo de la doctrina de disuasión nuclear francesa. En la larga conversación que sostuvo con la corresponsal contó en forma detallada cómo logró convencer al general Charles de Gaulle de que sin fuerza atómica, Francia nunca podría aspirar a la mínima independencia nacional.
Hoy jubilado, Gallois, además de ser autor de numerosos libros y ensayos, dictó cátedras sobre temas nucleares y relaciones internacionales en la Sorbona, el Colegio de Francia y escuelas de estudios superiores militares de Francia, Estados Unidos, Canadá, Japón, Corea, Argentina, Turquía, de otros siete países europeos y de Irak.
Sobre éste país recuerda: “En julio de 1975, Hussein fue invitado oficialmente a Francia. Al salir de la entrevista que sostuvo con el presidente Giscard d’Estaing, anunció que Irak sería el primer país árabe en contar con fuerza nuclear. Por la tarde, acompañado por Jacques Chirac, primer ministro, visitó dos importantes centrales nucleares. Acabaron el día en un famoso restaurante. Chirac manifestó su amistad indefectible a Husssein.
“En noviembre del mismo año, Francia firmó un importante contrato con Irak comprometiéndose a entregarle dos centrales nucleares y a formar a sus científicos. Varios de los ingenieros iraquíes que llegaron a estudiar en Framatome, el corazón del pensamiento nuclear francés, ya habían estudiado en el MIT de Estados Unidos. Dos años más tarde fui a Irak para dictar cursos sobre estrategia nuclear.”
Al general Gallois le parecía lógica esa cooperación francesa: “Al igual que los países occidentales, Irak se sentía amenazado por el Irán jomeinista, cuya población era dos o tres veces superior a la suya. Pensé que Francia lograba un punto de anclaje en la región al ayudar a Irak para que tuviera una fuerza de disuasión nuclear al tiempo que permitía reequilibrar la correlación de fuerzas en la zona”.
Quien asistía con más frecuencia a las conferencias de Gallois era Hussein, entonces vicepresidente de Irak: “Un día me convocó. Ante media docena de generales, me dijo que estaba harto de que sólo se hablara de estrategia en inglés y ruso. Quería que esos temas fueran tratados en árabe en un gran centro de estudios estratégicos iraquí, que sería abierto a todo el mundo árabe, inclusive a países que eran hostiles, como Marruecos. Me ordenó: ‘Usted se quedará un año aquí para crear ese centro’”.
De nada sirvieron los argumentos del general para tratar de hacer entender a Hussein que no podía aceptar su “propuesta”. Gallois empezó a preocuparse cuando se dio cuenta de que Saddam no lo dejaba regresar.
“Nadie me decía que no me podía ir, pero las siete u ocho veces que me llevaron al aeropuerto, el avión siempre tenía un problema técnico…”, cuenta riéndose.
“Finalmente logré comprar un boleto en Luftansa y salí de Irak prácticamente a escondidas. Dejé todas mis cosas en Bagdad. Mi equipaje llegó a París seis meses después. A cambio envíe a Hussein 3 mil paginas de cursos sobre estrategia nuclear…”
Gallois explica que si bien el régimen iraquí era sumamente autoritario, había otros aspectos interesantes: “No era una democracia ni mucho menos y no olvido la crueldad con que se trató a los kurdos en 1974, pero se trataba de un país laico, multiétnico, multiconfesional, socializante, independiente, en el que la mujer tenía importantes responsabilidades administrativas y políticas. Hussein no era hostil al mundo occidental. Por el contrario, buscaba para su tierra un desarrollo similar al de Occidente. Irak era una ‘anomalía’ que generaba mucha hostilidad en el mundo árabe-musulmán y en Estados Unidos, cuya estrategia consistía en jugar la carta del Islam para, entre otras cosas, controlar el petróleo de Medio Oriente. Por eso privilegió su relación con Arabia Saudita. Si no se toma en cuenta esa realidad no se entiende la Guerra del Golfo.
–No podemos olvidar que Irak invadió a Kuwait.
–Irak cayó en la trampa de Estados Unidos. Recuerde que la señora Glaspie, embajadora en Irak, en víspera de dejar Bagdad, el 25 de julio de 1991, dio a entender a Hussein que el conflicto entre Irak y Kuwait no concernía a Estados Unidos. Dos días más tarde, dos voceros del Departamento de Estado afirmaron públicamente lo mismo en una rueda de prensa celebrada en Washington.
La hegemonía estadunidense
El general Gallois estuvo en Irak un mes después del fin de la Guerra del Golfo. Recorrió 4 mil kilómetros. Lo que vio le dejó aterrado:
“Todo estaba destruido, no solamente el aparato militar, sino también toda la infraestructura: centrales eléctricas o de purificación del agua, carreteras, puentes, su único puerto, supermercados, escuelas y por supuesto las refinerías y los oleoductos. Esa destrucción masiva no guardaba desproporción en relación con la agresión iraquí contra Kuwait. Lo mismo pasa con el embargo, cuyo precio en vidas humanas es criminal.
–Mucha gente se pregunta porque Bush padre no acabó con Hussein de una vez, en 1991.
–Simplemente porque temía las consecuencias incontrolables del desmembramiento de Irak. Turquía estaba asustada por la eventual creación de un Kurdistán independiente en el norte de Irak, lo que hubiera desatado aun más las aspiraciones secesionistas de los kurdos de Turquía. Arabia Saudita estaba angustiada por la terrible amenaza que hubiera representado para su régimen una alianza entre los chiitas iraníes y los del norte de Irak. La coalición encabezada por Washington mantuvo en el poder a un Hussein arrodillado, arruinado, humillado, para que pudiera seguir controlando a los kurdos y a los chiitas.
–Sin embargo hoy George W. Bush afirma su voluntad de deshacerse de él, con o sin la aprobación de la ONU.
–Los atentados del 11 de septiembre trastornaron toda la estrategia estadunidense. Para entender a los estrategas estadunidenses hay que conocer su visión del mundo y del porvenir del planeta. Desde el derrumbe de la Unión Soviética, Estados Unidos se convirtió en la única superpotencia mundial y, lógicamente, aspira a seguir siéndolo. En ese país existen centros de investigación y de estudios de altísimo nivel, como la Rand Corporation, con los cuales trabajé. En esos centros se sabe que, más o menos en 2050, la única amenaza realmente seria para la hegemonía estadunidense vendrá de China, India y parte de Asia-Pacífico. En esa parte del mundo se formará un conjunto gigantesco, que tardará en querer deshacerse de la tutela estadunidense y occidental y se convertirá en rival.
“Estos países, integrados por 3 mil millones de habitantes trabajadores, industriosos e inteligentes, no se limitarán a consumir los productos occidentales, los fabricarán. El fenómeno ya se está dando actualmente. Pero los asiáticos, que ya dominan el átomo, van dominando otro campo: el del espacio. Su desarrollo en el campo biológico, médico, científico, en todas las tecnologías de punta, es impresionante. Pronto el mundo occidental no tendrá nada que intercambiar con esos países y será invadido por su producción.
“Eso generará tensiones, rivalidades, enfrentamientos, proteccionismos. Pero hay que ser lúcidos, y los pensadores de los grandes centros de investigación estadunidenses lo son: a mediados del siglo 21 se comenzará un período de predominio científico, económico y social asiático.”
–¿Cómo se prepara Estados Unidos para enfrentar esa situación? –Para no perder su hegemonía intentaron constituir bajo su dominio el bloque siguiente: América Latina, que es su coto reservado; África, que constituye su reserva en materias primas; Europa, que compra sus tecnologías de punta, y el Islam, con el cual pactó. El mundo árabe-musulmán, integrado por mil millones de individuos, separa el polo económico europeo del polo asiático, tiene entre 60% y 70% de las riquezas energéticas mundiales y constituye un gigantesco mercado, ya que consume pero no produce. Esa era la estrategia estadunidense antes del 11 de septiembre.
–¿Y ahora cuál es?
–Múltiples han sido las concesiones norteamericanas al integrismo islámico, pero este golpeó a Estados Unidos. Después del 11 de septiembre Washington ya no puede mantener la ficción de sus relaciones privilegiadas con Arabia Saudita. Tiene que enfrentar el doble juego de ese país, que asume un papel capital en el Islam: en su territorio se encuentran los lugares más importantes de esa religión, la Meca y Medina. Arabia Saudita es heredera del wahabismo, doctrina religiosa que se remonta al siglo XVIII y esta hoy ligado con las corrientes más radicales del fundamentalismo islámico. Gracias a sus inmensas riquezas, Arabia Saudita financió la expansión del Islam en el mundo mediante muchas fundaciones religiosas y organizaciones caritativas.
–Hace años que ese doble juego no es un secreto para nadie.
–Si, pero los lazos económicos entre la familia Bush, grupos petroleros texanos y familias sauditas son tan estrechos que la situación se había tornado muy compleja. Además, no hay que olvidar que Arabia Saudita tiene inversiones multimillonarias en Estados Unidos. No es tan fácil romper con ese socio. Washington aguantó varios golpes de los integristas islámicos: el primer atentado contra el World Trade Center en 1993, otro contra un cuartel en Arabia Saudita, un tercero en 1998 contra sus embajadas en Nairobi y Dar-es-Salam. Sin hablar del ataque contra un buque de guerra en 2001 en Yemen. Sus reacciones fueron muy tibias. Pero el 11 de septiembre fue lógicamente determinante y genera actualmente un viraje estratégico de gran envergadura.
“Esquematizando, diría que lo que se esta discutiendo actualmente en Washington se hace más o menos en los términos siguientes: para seguir imponiéndonos como superpotencia mundial y enfrentar la zona Asia-Pacífico, y sobre todo a China, es preciso controlar la energía mundial. Y como el Islam rompió el pacto que teníamos, dominaremos al mundo árabe por la fuerza.
Según el general Gallois la primera etapa de esa nueva estrategia
sería derrocar a Hussein para poder explotar el petróleo iraquí. Comenta:
“Las reservas de Irak son casi tan importantes como las de Arabia Saudita. Hoy la producción iraquí es de 3 millones de barriles al día. Puede subir a 7 o 8 millones. Esa situación sería un golpe muy duro para la economía de Arabia Saudita que, gracias a Estados Unidos, heredó desde hace diez años la cuota de producción de petróleo atribuida a Irak por la OPEP y no tardaría en desestabilizar a un régimen dictatorial, que sólo se mantiene el poder gracias a los petrodólares.
“Si eso no basta, Washington podría intentar obtener que la ONU impusiera un embargo económico contra Arabia Saudita, acusándola de ser el santuario del terrorismo islámico y su principal apoyo financiero. La meta sería obviamente acabar con la dinastía en el poder y remplazarla por un régimen afín a los intereses estadunidenses. Hace un poco más de un mes integrantes de la Rand Corporation no vacilaron en hablar de la necesidad de bombardear las instalaciones petroleras sauditas.
“Esa noticia –que se filtró en la prensa estadunidense, causó conmoción y fue vagamente desmentida– da la medida de las tensiones que existen tras bambalinas entre Washington y Arabia Saudita.
“Una vez resueltos los problemas de Irak y de Arabia Saudita, será necesario atacar a Irán, que figura en un buen lugar en la lista negra de las ‘potencias del mal’ de Bush. Dominados estos tres países, las fuentes de energía de Medio Oriente estarían en manos de Washington, que tendría así un arma poderosa contra China e India.”
Los pretextos de Bush
–La teoría es una cosa y la realidad es otra. En el caso de Irak, la cuestión de los inspectores está generando muchas divergencias en el Consejo de Seguridad de la ONU.
–Hay que reconocer que Hussein fue muy hábil. Hace dos semanas manifestó categóricamente su oposición al regreso incondicional de los inspectores. Hizo que creciera la presión. Y luego dio la sorpresa al aceptarlos sin condiciones previas, generando cizaña a nivel internacional. Es una trampa de Hussein. Lo que tiene, si lo tiene, es fácil de disimular. Es obvio que no pudo reconstruir su potencial nuclear. En cuanto a las armas biológicas, pueden elaborarse en un espacio del tamaño de la pieza en la que estamos conversando. Para elaborar armas químicas basta contar con fertilizantes o pesticidas e infraestructura no muy sofisticada. Es posible que los inspectores no encuentren nada. De todos modos para Washington lo que cuenta ahora ya no es desarmar a Hussein, sino derrocarlo.
–¿Con qué pretexto se atacaría a Irak si los inspectores no encuentran nada?
–No se preocupe, pretextos siempre habrá. Recuerde lo que pasó en Rambouillet (alrededor de París) en 1998, durante las negociaciones entre serbios y kosovares. Milosevic estaba a punto de firmar un acuerdo con sus contrincantes. Entonces Madeleine Albright decidió agregar una nueva cláusula a ese acuerdo, que estipulaba, entre otras cosas, que los serbios debían aceptar las tropas de la OTAN por un tiempo indeterminado y darles gratuitamente todos sus aeropuertos, puertos, bases, cuarteles… Eran condiciones inaceptables. Milosevic no firmó. Serbia y Kosovo fueron bombardeados.
“En el caso de Irak se podría decidir que, en aras de garantizar la seguridad de los casi 300 inspectores de la ONU, será necesario desplegar dos o tres batallones armados en ese país, o bien se les podrían dar instrucciones tan drásticas que Hussein acabaría por oponerse a sus misiones…
–Para usted la guerra es inevitable…
–No soy profeta ni adivino. Pero si se toma en consideración la gran estrategia estadunidense a largo plazo –cuyo elemento principal es controlar la energía mundial– es lógico pensar que habrá guerra.
–Neutralizar a Hussein en 91 no ocasionó mayores pérdidas humanas en las fuerzas estadunidenses. Derrocar a Saddam sin una costosa intervención terrestre parece más difícil.
–Efectivamente. Hussein sacó las lecciones de la Guerra del Golfo: aparentemente ahora habría concentrado instalaciones militares en zonas densamente pobladas y se aprestaría a librar una guerra urbana. Para ese tipo de guerra no basta la aviación, se requieren soldados en el terreno. Hay dos opciones: recurrir a las fuerzas terrestres turcas o a los kurdos, que pueden movilizar a 100 mil hombres.
–Justamente Paul Wolfowitz, subsecretario del Pentágono, viajó recientemente a Turquía…
–Arduas son las discusiones entre estadunidenses y turcos. Estos últimos, sabiéndose indispensables, parecen haberse vuelto muy exigentes. Según se pudo saber, quieren préstamos importantes del FMI, el apoyo determinado de Washington contra Grecia para el asunto de Chipre, presiones estadunidenses sobre los europeos para entrar en la UE y, eventualmente, poder instalarse en el norte de Irak, donde se encuentran los kurdos. Eso permitiría a Turquía tener acceso al petróleo de la región de Mosul y prevenir cualquier creación de un estado kurdo.
–Lo cual no debe entusiasmar a los kurdos de Irak.
–También hay negociaciones con ellos. Son difíciles. Con justa razón los kurdos iraquíes no confían en Washington ni en las grandes potencias que los abandonaron dos veces en 1974 y en 1991. En realidad se acomodarían en un Irak federal, en el que tendrían una amplia autonomía y les aseguraría protección contra las incursiones turcas o las intervenciones iraníes.
Según el general lo que mejor le convendría a Washington sería la participación de las fuerzas terrestres turcas. Para Estados Unidos, Turquía, que contara pronto con 80 millones de habitantes, es un país clave. Por los puertos turcos saldrá el petróleo iraquí y el del Cáucaso.
“Controlar esa ruta petrolera es asegurarse que China e India no lo harán”, insiste el general, antes de subrayar que la alianza con Turquía además de ofrecer a la flota militar estadunidense un “espléndido” acceso al Mediterráneo, le permitió entablar relaciones privilegiadas con la república turcofona de Turkmenistán (cuyas reservas de gas natural son enormes) en Asia Central, y con sus vecinos en la región: Kazajistán, Uzbekistán, Tayikistán y Kirguizistán.
La guerra contra Afganistán dio a Washington la oportunidad de afianzar sus lazos con estas exrepúblicas soviéticas. Las tropas estadunidenses están instaladas Uzbekistán e Kirguizistán, además de estar desplegadas en Afganistán. Las futuras rutas del gas y del petróleo de la región estarán bajo control estadunidense.
Los contactos estrechos que Washington mantiene actualmente con Georgia le permitirán consolidar aún más el control de la ruta del petróleo azeri. Gracias a sus intervenciones en el conflicto que sacudió la exYugoslavia, Estados Unidos pudo también instalarse en Macedonia y los Balcanes. Así controla el corredor petrolero número 8 que atraviesa Bulgaria, Macedonia y Albania. La importante base militar estadunidense de Bondsteed, en Albania, casi en la frontera con Kosovo, se encuentra “casualmente”, subraya Gallois, cerca de otro oleoducto destinado a llevar el petróleo del mar Caspio hasta el Adriático, pasando por el Mar Negro…
“Como verá –concluye el general–, el petróleo es el nervio de la guerra y Estados Unidos dista de quedarse con los brazos cruzados. Su sobrevivencia como única superpotencia mundial depende de eso. Debe tomarles la delantera a China e India. Es su principal arma para frenar el desarrollo de esos países y ejercer presiones en su contra.”








