Genocidio anticipado

Sanjuana Martínez

Desde que en 1991 el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas impuso un embargo económico a Irak, este país vive un verdadero desastre: cada 10 minutos muere un niño por desnutrición o por enfermedades curables y desde 1991 han muerto un millón de personas… Aun antes del anunciado ataque militar de Estados Unidos, existe ya un genocidio en ese país, señalan ONG y exfuncionarios de la ONU.

Madrid.- El ataque militar contra Irak, anunciado por Estados Unidos y Gran Bretaña, puede agravar el desastre humano que –como consecuencia del embargo económico impuesto por la ONU– padece el pueblo iraquí desde hace 12 años.

Cada 10 minutos muere un niño en Irak debido a carencias nutricionales y de salud. Y desde que se inició el embargo han muerto más de un millón de personas en ese país. Las cifras corresponden a informes de la ONU y Organizaciones No Gubernamentales (ONG).

El embargo económico, aseguran, es una medida para “ganar tiempo para la guerra” y mantener a Irak en una situación de debilidad. Todas las esferas de la vida cotidiana iraquí se han visto gravemente alteradas por las sanciones: alimentación, educación, salud, trabajo, servicios públicos…

Según la Unicef, uno de cada tres niños iraquíes sufre malnutrición crónica, y si sobrevive nunca podrá recuperar un adecuado desarrollo físico e intelectual. Además, el 66% de los niños menores de cinco años padece desnutrición “clínica severa o grave”. Incluso, los niños de entre 10 y 12 años se les considera miembros de “la generación embargo”, cuyo destino consiste en sobrevivir.

Las deficiencias higiénicas, el colapso del sistema de salud, la falta de vacunas y medicinas y la escasez de agua potable han provocado epidemias.

La crisis económica también ha causado escasez de energía eléctrica, incremento en la prostitución, en la delincuencia, en el índice de analfabetismo, en el desempleo -que afecta a más del 50% de la población- e hiperinflación.

“Un kilo de carne cuesta la mitad del sueldo de un profesional. Antes del embargo el dinar tenía una paridad de 3 dólares, ahora por un dólar te dan mil 800 dinares. Un funcionario ganaba mil 500 dólares, ahora le pagan 15 dólares al mes”, dice Carlos Varea portavoz de Campaña por el Levantamiento de las Sanciones a Irak, organización española integrada por partidos políticos, ayuntamientos, ONG y departamentos estatales de asuntos sociales.

Varea viajó recientemente a Bagdad y se prepara para ir de nuevo. Cuenta: “La situación es insostenible. Con la cartilla de abastecimiento los iraquíes reciben 2 mil 100 calorías al día con base en harina, arroz, frijoles, lentejas, leche en polvo, aceite vegetal, azúcar y té, todo en cantidades insuficientes. En el mercado libre, las frutas y los huevos son muy caros. Sólo se pueden comprar una vez al mes. Cada mes mueren entre 5 mil o 6 mil niños. En los meses de verano la cifra alcanza los 8 mil. La mortalidad femenina debido a la maternidad se ha multiplicado por cinco”.

El ministerio de Salud iraquí señala que las principales causas de mortalidad infantil son desnutrición, infecciones respiratorias, diarrea y gastroenteritis. Los menores de cinco años mueren de enfermedades cardiacas, hipertensión, diabetes, enfermedades renales y del hígado y neoplasmas malignos, así como cólera y tifus.

La “generación del embargo”

Angeles Maestro es diputada de Izquierda Unida  y miembro de la plataforma de intelectuales europeos. Viaja a Irak desde 1994 en misiones de ayuda; se unió a la campaña “No en nuestro nombre”, integrada por intelectuales, artistas y profesionales de Estados Unidos.

En entrevista, ofrece su testimonio: “La realidad es que la cartilla de abastecimiento no llega a cubrir ni el 20% de las necesidades nutritivas. La gente esta comiendo cáscaras de cereales, con las que hacen purés. Las familias nos dicen que cada día dan de comer a un hijo, el resto se queda sin comer. Se turnan. Un niño no come todos los días.

“Es una situación de exterminio, un autentico genocidio. Con una población de 23 millones de habitantes, las propias agencias de Naciones Unidas –FAO, Unicef, OMS– aseguran que han muerto 800 mil niños. Es imposible encontrar por la calle gente de 40 años que no tenga uno o dos hijos muertos. En una situación tan grave de desnutrición cualquier enfermedad es mortal. Además los hospitales funcionan como albergues: con médicos, pero sin medicamentos. No hay recursos para los laboratorios de radiología. Intentan comprar incubadoras, pero solamente son cajas porque no hay oxígeno. El embargo no lo permite, porque puede ser material de doble uso. Lo mismo sucede con los medicamentos para la prevención del infarto. Dicen que puede usarse en la fabricación de bombas. Se han disparado las leucemias y los cánceres por la utilización de uranio empobrecido en las bombas de la Guerra del Golfo.”

Los dos últimos funcionarios de la ONU destinados a Irak, Dennis Halliday (1998) y Hans von Sponech (1998-200), renunciaron en protesta por el “desastre humanitario” que ha convertido a este país en uno de los llamados “conflictos olvidados” del mundo.

“Es un genocidio, es la palabra más adecuada que encuentro y he empezado a emplearla. Cuando una política causa muerte y desnutrición en la escala que vemos ahora en Irak, no hay otra palabra para definir la situación”, dijo Halliday.

“Lo que era aceptable hace 10 años, ya no lo es. Es un crimen de lesa humanidad. Estamos en el proceso de destruir un país entero. Es tan simple y tan aterrador como eso”, afirmó Sponech.

La catástrofe ha llegado incluso a difundirse en la página de Internet del departamento de Estado de Estados Unidos. Allí aparece el testimonio del legislador Tony P. Hall, quien después de viajar a Irak escribió:

“Aunque las sanciones se levantaran rápidamente, el futuro de las personas que conocí en Irak seguiría siendo muy sombrío, porque sus hijos se encuentran en una situación terrible: uno de cada cuatro está desnutrido y uno de cada diez languidece por falta de alimentos o de atención médica. La diarrea, principal causa de mortalidad infantil, es 11 veces más frecuente en Irak que en cualquier otro sitio. La polio, que había sido erradicada en Medio Oriente, ha vuelto a ser un flagelo. Las escuelas y los sistemas de saneamiento están en ruinas; los hospitales carecen de equipo y de medicamentos esenciales. La gente ha agotado sus reservas y su salud tratando de sobrevivir con dos o seis dólares al mes… Habrá que esperar una generación para que la población iraquí levante cabeza.”

La Comisión de Derechos Humanos del Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, también rechazó el embargo: “…Considerando que todo embargo cuyo resultado sea condenar a un pueblo inocente al hambre, la enfermedad, a la ignorancia e incluso a la muerte, sin que se alcancen los objetivos para los que se impuso, constituye una violación manifiesta de los derechos económicos, sociales y culturales de ese pueblo, así como del derecho internacional. La Subcomisión hace un llamamiento a la comunidad internacional y en particular al Consejo de Seguridad para que se levanten las disposiciones del embargo que afecta a la situación humanitaria de la población iraquí”.

Sin embargo, nada pasó.

Los niños de la calle

Nos estamos muriendo, es el título del informe de la ONG Save the Children Gran Bretaña. El documento expone las condiciones infrahumanas en las cuales sobreviven los niños iraquíes.

“Aquí había muchas casas, pero fueron destruidas. A veces hay entre 40 o 50 personas viviendo en una casa. Mi casa esta aquí, pero tengo miedo de dormir allí porque en cualquier momento las paredes se nos pueden venir encima”, dice Sangar, un niño de 5 años que vive entre las ruinas de la ciudad de Erbil, en el norte de Irak.

La situación de los niños es particularmente dramática. Muchos optan por buscar trabajo en las calles para ayudar a sus familias. Incrementan el fenómeno de los “niños de la calle”, prácticamente desconocido antes de 1991, cuando estalló la Guerra del Golfo.

“En la calle principal de Basora, ciudad del sur, los dos van tomados de la mano, sonríen y tratan de negociar el único bien que les queda: dos bolsitas de plástico con una raya roja y blanca. Aún no tienen 8 años. ¿Qué hacen en la vía pública cuando las tiendas ya han bajado sus puertas metálicas? ‘No nos moveremos de aquí hasta que no hayamos ganado algo’, declaran, mientras se suman a ellos unos 40 menores que ya no tienen nada que vender. Son los niños de la calle”, dice Josette Tagher Roche, funcionaria de la UNICEF, en su informe Generación embargo.

Prosigue: “Hablan todos al mismo tiempo. Si han abandonado la escuela, ‘es porque han fracasado’; si ya no viven en su casa ‘es porque sus padres se divorciaron o están sin trabajo, y tienen que valerse de sus propios medios para sobrevivir’(…) El menor del grupo, con apenas 6 años, avanza para decir que él también ‘¡quiere ir a la escuela!’.

“¿Cuánto tiempo se necesitará para que el mundo cobre conciencia de las consecuencias dramáticas del embargo para la población iraquí y en particular para los niños?”

La diputada Maestro señala que un funcionario  norteamericano dijo que el objetivo es anular la capacitación científico-técinca del país e hipotecar su desarrollo durante generaciones: “La educación era gratuita en Irak, desde la guardería hasta la universidad. Ello incluía la comida, los libros y el material deportivo. Ahora estan abandonando la escuela. Ya no dan de desayunar ni de comer y los niños estan en la calle buscándose la vida. Es una situación dramática”.

Dennis Halliday considera que se necesitan más de 300 mil pupitres para el nuevo curso y que 8 mil escuelas deben ser rehabilitadas y otras 5 mil dotadas de equipo para poder albergar a los nuevos estudiantes. Y es que, explicó, la mitad de las 10 mil escuelas están inutilizables y el 21% de los alumnos abandonó los estudios para ayudar a la economía familiar.

La destrucción

Maestro cita a la Asociación de Médicos contra la Guerra Nuclear: En 1991, durante 42 días de la Guerra del Golfo, cayeron sobre Irak el doble de toneladas en bombas utilizadas en toda la Segunda Guerra Mundial.

En su última visita, Maestro se entrevistó con los ministros de Salud y de Educación de Irak. Comenta: “Los hospitales huelen a petróleo, ya que no pueden utilizar el cloro y otros productos para la esterilización. Están prohibidos porque Washington argumenta que pueden ser usados para armamento químico”.

Dice que antes de la Guerra del Golfo, Irak contaba con mil 200 hospitales –30 mil camas en total— que tenía personal altamente capacitado y que usaba métodos de vanguardia. Actualmente, debido a las carencias, la mitad de esas 30 mil camas no puede ser ocupada y sólo el 39% de los pacientes recibe medicamentos. Irak –que antes exportaba medicinas—apenas cubre el 10% de su demanda.

“Irak que era un país moderno. Recibió el premio Bagdad por la calidad del agua potable. En estos momentos sólo abastece al 45% de su población, entre otras cosas porque no pueden comprar cloro.”

Maestro considera que la falta de agua potable es un poderoso vehículo de enfermedades, las cuáles provocan mortalidad infantil.

En la agricultura, Irak redujo su producción en 80%, frente a un incremento en los precios del 2000%. Antes del embargo, el país importaba el 70% de sus alimentos. Teóricamente, las sanciones no impiden importar alimentos, pero la congelación de transacciones con el extranjero y la prohibición de exportar petróleo han impedido su compra.

A esta escasez contribuye la reducción de las cosechas, debido a la falta de piezas de recambio para maquinaria agrícola y para el sistema de irrigación, así como la prohibición de producir o importar fertilizantes, semillas y pesticidas.

Un estudio sobre la existencia de maquinaria agrícola realizado por la FAO señala que 75% de las cosechadoras y 63% de los tractores necesitan reparaciones para funcionar adecuadamente.

En el 2000, la Cámara de los Comunes británica publicó un informe en el que reconoce el fracaso del embargo: “En la mayoría de los casos los embargos castigan a los pueblos y consolidan a los dirigentes que pretenden derribar”.

Petróleo por comida

Cuatro días después de la invasión iraquí a Kuwait en 1990, el Consejo de Seguridad de las Naciones impuso el embargo económico y el 14 de abril de 1995 aprobó la resolución 661 denominada “petróleo a cambio de alimentos”. Ésta autoriza al gobierno de Saddam Hussein a vender petróleo en cantidad limitada. Sin embargo, sólo 53% de esos ingresos los puede usar para comprar alimentos, medicinas y productos de primera necesidad.  Y es que, cuenta Varea, “hay un reparto del ingreso en cuotas: 25% para el pago de lo que se llama ‘deuda de guerra’, más gastos por comisiones y otros pagos por tránsito del petróleo…”.

Además, un Comité de Sanciones –que autoriza los pedidos– puede “dejar en suspenso” o “prohibir” ciertos productos si a su juicio son peligrosos para el “rearme” del régimen de Bagdad. Incluso este Comité controla el dinero en una cuenta abierta en la Banca Nacional de París-Paribas de Nueva York.

Varea abunda: “Un contrato de compra debe ser aprobado por todos los países miembros (del Comité de Sanciones). Sí uno lo veta se queda atorado. Desde enero de 1997 Estados Unidos y Gran Bretaña bloquean todos los contratos que pueden permitir la recuperación de sectores básicos como electricidad, depuración de aguas, transportes y la industria petrolera”.

Maestro y Varea coinciden: el programa “petróleo por alimentos” ha sido un fracaso. Y es que, explican, es manipulado por Estados Unidos y Gran Bretaña, quienes arbitrariamente vetan compras iraquíes de productos como cloro o vacunas.

Varea dice que Irak no puede incrementar su exportación petrolera. Asegura que toda su infraestructura fue arrasada por la guerra y no tiene piezas de recambio y otros insumos para obtener petróleo en buenas condiciones: “Sale con mucho sulfuro y agua. Irak esta malogrando buena parte de sus pozos por esa sobreexplotación inadecuada”.

Halliday es contundente: “El Comité de Sanciones puede aprobar nueve pedidos y bloquear el décimo, a sabiendas de que sin éste los nueve primeros no sirven de nada… Se trata de una estratagema estudiada”.

Ante el inminente conflicto bélico, las ONG advierten: una acción indiscriminada contra Irak agravaría el desastre humanitario. Recuerdan: la Guerra del Golfo dejó más de 200 mil muertos, en su mayoría civiles.

“El pueblo de Irak esta instalado en el desastre, pero un ataque agravaría la enorme inestabilidad política (de la región) árabe. Desde Marruecos a Mauritania, pasando por Argelia y Egipto, habrá una sacudida”, dice Varea.