José Sulaimán e Ignacio Beristáin coinciden: el sábado 12 Manny Pacquiao no le ganó la pelea a Juan Manuel Márquez en el ring, sino en la maraña de los negocios de Las Vegas. El presidente del CMB considera que “el temor a las apuestas, a Bob Arum y al propio Pacquiao” sentenciaron la pelea. El entrenador del púgil mexicano no se anda con rodeos: simplemente, “son unos pinches rateros”
El presidente del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), José Sulaimán, asegura que un triunfo “abrumador” de Juan Manuel Márquez sobre Manny Pacquiao sólo existe en la mente de los mexicanos quienes, empujados por sus ganas de ver ganar a su compatriota, son incapaces de analizar con objetividad la pelea del sábado 12 en Las Vegas. No fue contundente, pero triunfó. “La ganó por poquito o era empate, pero no perdió”, dice.
Luego insiste en que sólo los expertos en boxeo, como él, son imparciales. “Como no tenemos influencias vemos otra cosa, somos quienes podemos emitir una opinión un poco más seria, porque los mexicanos ven ganar al mexicano y los filipinos al filipino”, machaca.
Pero el entrenador de Márquez, Ignacio Beristáin, opina otra cosa: “Lo único que faltó fue poner en la lona a Pacquiao después de la madriza que le paró Juan Manuel: le cortó la cara, le rompió la boca, le rompió hasta el corazón y el alma. Lo dejó deshecho”.
Ante el fallo de los jueces que le dieron la victoria a Pacquiao por decisión mayoritaria, el manager sólo atina a decir: “Pinches rateros”.
El polémico resultado de la pelea Márquez-Pacquiao III, en la que se disputó el título welter de la Organización Mundial de Boxeo, no sólo le quitó el sueño a Ignacio Beristáin. También le grabó en la mente la idea de que la descomposición en este deporte es cosa del boxeo moderno, en el que no hay justicia. Calcula que alrededor de 25% de los peleadores ganan o pierden por el capricho o gusto de los dueños del negocio.
Horas después de la pelea, Márquez declaró que el fallo es el resultado de que el boxeo “es un negocio”. El propio promotor del pleito, Bob Arum, se lo dijo de frente al mexicano: “Son negocios”.
Los momios estaban 10.5 a 1 a favor de Pacquiao. El empate pagaba 22 a 1. Si los jueces le hubieran dado el triunfo “hubiera sido un desfalco monumental”, señala Sulaimán.
El longevo dirigente del boxeo explica que la economía del estado de Nevada descansa en gran medida en las funciones de box, que en su mayoría sólo realiza la promotora Top Rank, de Bob Arum, empresario neoyorquino avecindado en Las Vegas que opera con licencia de la Comisión Atlética de Nevada. Además, apunta, los casinos son los que corren con los gastos de las peleas, por lo que el promotor ni siquiera arriesga su dinero.
Para Sulaimán el temor a “lastimar” al ídolo local y el negocio que genera infundió miedo en los jueces Glenn Trowbridge (116-112) y Dave Moretti (115-113), quienes a diferencia de Robert Hoyle (114-114) sí vieron ganar ampliamente al boxeador filipino.
“Para mí, en la mente de los dos jueces que ya habían actuado en otras peleas de Pacquiao estaba el temor a las apuestas, el temor a Bob Arum y el temor al propio Pacquiao”, sentencia.
Y añade: “Nevada tiene un héroe y tienen que protegerlo. Lo que estoy diciendo me va a costar muy caro, pero es la verdad. Ya me cayó gordo que nos traten de ver la cara de güeyes. Todas esas cosas sí fueron factores para la decisión, por eso pugno por que el boxeo salga de las zonas de los casinos, porque uno nunca sabe qué hay detrás.
“Fue una carga gigantesca de responsabilidad para los jueces por no lastimar a las partes importantes que apoyan al estado de Nevada y lo han hecho un gran lugar para el boxeo internacional. No digo que es corrupción, sino un efecto psicológico. En México también se cuida al ídolo, pero no en esa forma.”
–¿Está diciendo que los jueces no se limitan a sancionar lo que ocurre sobre el ring y que no hay imparcialidad?
–Esa es una acusación que dejo en usted. Digo que todos tenemos en nuestra mente influencias que no sabemos que tenemos pero que nos inclinan a tomar una decisión pensando que lo estamos haciendo bien. Nadie es imparcial.
–Un juez no se puede dar el lujo de no ser imparcial.
–No puedo declarar lo que no me consta. No creo que sean corruptos ni tampoco que fueron amenazados, pero debieron haber buscado jueces que no tuvieran arraigada la condición de Las Vegas como capital del boxeo, jueces que no supieran nada de lo que está en juego. Si la pelea hubiera sido sancionada por el CMB, yo no los hubiera escogido, pero sería injusto que los atacara. Conozco a sus familias, son gente buena.
Culpa de HBO
“La teoría de los casinos no la creo”, suelta Beristáin. “Más bien fue que este güey (Pacquiao) es el hijo predilecto de HBO (la cadena de televisión restringida que transmite funciones de box). El negocio está ahí. HBO no puede permitir que su boxeador estrella se baje al nivel de la derrota. Por eso no habrá combate con Floyd Mayweather Jr., porque la televisora sabe que el espectáculo es con Juan Manuel. Te apuesto que van a quitar la pelea de Mayweather, que se va a revolcar en su propia salsa, y van a poner la de Juan Manuel.
“La arena del MGM estaba hasta el tope, y también la del Mandalay Bay, donde pusieron un circuito cerrado. La gente compró boletos hasta en la reventa para entrar ahí y ver la pelea en una pantallota. ¡¿Cómo voy a pagar un boleto para ir a Las Vegas a ver la pelea en la tele?! Bueno, yo no, porque yo no pago un boleto para ir a ver a un pendejo pelear. Sólo en México la pelea tuvo más de 30 puntos de rating y unas 40 millones de personas la vieron”, comenta Beristáin.
El entrenador aclara que no puede responsabilizar directamente a la Comisión de Nevada por el resultado adverso a su boxeador que emitieron “unos malandros”, pero subraya que de alguna forma quienes la dirigen también son culpables, porque ellos designaron a los jueces. “No sé cómo revisan para saber si no son corruptos y si no reciben un billete”, apunta.
Cuenta que incluso en una ocasión un promotor mexicano –de quien prefiere guardarse el nombre para “no afectar” más al boxeo– fue a verlo a su casa desde donde realizó una llamada para ofrecerle dinero a unos jueces. “Mientras esperaba a que me terminara de bañar agarró el teléfono y se puso a hablar. Marcó a Los Ángeles y lo oí que estaba sobornando a unos jueces. Me dio asco. Le dije: ‘No quiero que vuelvas a venir a mi casa y menos que uses mi teléfono para eso’”.
El entrenador de 72 años, 52 de los cuales los ha pasado enseñando a boxear, explica que elaboró una estrategia para que Juan Manuel Márquez derrotara a Manny Pacquiao. Le enseñó a quitarse los golpes rectos y en forma de gancho que el filipino suelta con su privilegiada zurda. Le dijo que no le quitara la vista de encima a los hombros para saber qué golpe tiraría.
El mexicano trabajó para intentar anular la mano izquierda del rival, “que es un misil”. Aprendió a esquivar el ataque y a contragolpearlo. Entrenó para buscar el nocaut, “pero es imposible, aguanta todo” y durante la pelea disparó sus puños al cuerpo del tagalo donde le molesta que le peguen.
De acuerdo con las estadísticas de la pelea, Pacquiao conectó 117 golpes de poder por 100 de Márquez.
–A unos rounds del final usted le dijo a Márquez que iba ganando la pelea, “a menos que estos pinches bandidos te la roben”, ¿de alguna manera estaban conscientes de que el resultado sería adverso, que no tenían oportunidad de ganar?
–Lo pensamos durante los entrenamientos, pero entrenamos también pensando en ganarle a los jueces. Ya lo habían jodido dos veces (en 2004 y 2008), entonces creíamos que esos cabrones deben tener vergüenza. Pero este resultado va a cambiar muchas cosas en el boxeo.
–¿Cómo puede cambiar si la respuesta a lo que han llamado un fraude fue organizar la cuarta pelea Márquez-Pacquiao?
–No sé si se va a dar esa cuarta pelea. Necesitamos platicarlo Márquez y yo. Si le pagan una cantidad que lo convenza, podría ser.
–¿No cree que hay algo más importante que el dinero? Si acepta la cuarta pelea, ¿no es también parte de ese nido de corrupción?
–Se podría apelar a otro tipo de condiciones, a que haya un jurado. Tal vez yo tengo que aceptar lo que está pasando en el boxeo moderno, donde todo es negocio.
–Le insisto, ¿participar en el “negocio” no es poco digno?
–Claro, pero cómo le prohíbo a un peleador mío que es campeón del mundo que rechace 25 millones de dólares si él entró a esto por dinero, por sacar a su familia de la pobreza. ¡Son 25 millones de dólares! Nadie le va a decir: ‘Déjalo, no lo agarres’. Se va a preparar y va a ganar.
–¿Está obligado a noquearlo?
Beristáin jala aire antes de contestar.
–Sí le puede ganar. Le deben levantar la mano. Alguien me reclamó que por qué no lo mandé al abordaje cuando ya lo tenía cortado. Hubiera sido un imbécil si lo mando a acabar con él y se encuentra con un golpe, porque Manny pega durísimo, y se echa a perder la labor de tantos rounds. Yo hubiera quedado como un idiota.
“Sí fue un robo”
Sulaimán refiere que el descontento de los aficionados mexicanos por la derrota de Márquez es exagerado, y considera que el peleador se fue a Las Vegas cargando en la espalda las ilusiones de los fanáticos y con el apoyo de todos los medios de comunicación que se encargaron de “inflarlo”. Por eso, dice, no está de acuerdo con las tarjetas de HBO que dieron ganador a Pacquiao por cuatro rounds ni con las de TV Azteca, cuyos comentaristas dijeron que Márquez triunfó con el mismo número de rounds de ventaja.
“Es la explosión de un robo absoluto. Sí fue robo, pero en una pelea disputada. Pero ningún mexicano la vio disputada. Fue una pelea cerrada, no deberían hacer tanto escándalo. El escándalo fue provocado por la enorme publicidad que le dieron a Márquez, porque los medios aseguraron que él iba a ganar. Y sí, Márquez ganó casi todos los rounds, pero no ganó todos. No hay que ser tan ignorante del boxeo.”
El líder del CMB confiesa que él mismo pensó que Márquez no tenía ninguna oportunidad contra Pacquiao. Consideraba que sus 38 años, frente a los 32 y la velocidad de Manny, le pasarían una factura en el combate.
“Me probaron que estaba equivocado. Hasta los últimos cuatro rounds Freddie Roach (entrenador del filipino) cambió la estrategia y lo mandó a atacar. Márquez siguió al pie de la letra la táctica de Beristáin. Esta es una de las pocas peleas en las que he visto que la táctica gana. La táctica de contragolpear venció a la de Roach de atacar con precaución.
“Juan Manuel está desilusionado y no sabe si seguirá en el boxeo, pues ya le perdió la fe. Le doy una semana para que se tranquilice. Si le ofrecen muchos millones por la revancha, sería muy güey si lo desecha. Debe tomarla y después retirarse”, aconseja.
Ignacio Beristáin recuerda que en toda su carrera Juan Manuel Márquez siempre ha ido a contracorriente, comenzando porque nunca le cayó bien a José Sulaimán y, en consecuencia, el CMB no lo arropó, como ha hecho con otros pugilistas que gozan de muchos privilegios. No fue sino hasta 2007, después de 14 años en el boxeo, cuando el CMB le dio la oportunidad de pelear por un título mundial (el superpluma, contra Marco Antonio Barrera).
Mientras boxeó fuera de México. Incluso fue objeto de burlas, como cuando peleó contra el indonesio Chris John por una bolsa de sólo 35 mil dólares. Beristáin dice que, con excepción del pleito ante Mayweather, “y eso porque le llevaba 14 kilos más”, las otras cinco derrotas que tiene también han sido robos.
Según el entrenador, Juan Manuel Márquez ha sido víctima de los promotores también por los contratos. Acusa al propio Arum de haberle quitado “en el escritorio” los títulos pluma de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA) y de la Federación Internacional de Boxeo (IBF) por no haber querido firmar una extensión de contrato con Top Rank.
“Lo mandamos al carajo y nos fuimos con Golden Boy (del empresario y exboxeador Óscar de la Hoya), pero también nos tuvimos que ir porque le caímos en una patraña. En dos peleas no le pagaron los mínimos pactados. Como yo iba a las reuniones y discutía que le pagaran más, le dijeron: ‘Ya no traigas a don Nacho porque no quiere los contratos, no le parece lo que pagamos y sólo nos retrasa’. Así ha sido siempre, pero esto ya fue el acabose.”








