Cuando era niña, Vianney Trejo Delgadillo estaba en la cocina de su casa y vio a un tío recién fallecido a quien quería mucho. Asegura que estaba frente a ella con el traje, la camisa blanca y los zapatos negros con que lo sepultaron un mes antes. Nadie más de la familia tuvo esa visión.
A partir de entonces, la joven –por ahora reina de los Juegos Parapanamericanos Guadalajara 2011– se aficionó al tema de los muertos y le nació el interés por estudiar medicina forense.
Comenta que, a los ocho años, visitó un museo en la Ciudad de México y fue ahí donde vio un muerto por primera vez.
“Desconozco si el individuo formaba parte de una exposición o si fue alguien que falleció en el lugar. Al verlo sentí ñañaras en el vientre, pero me gustó. Lo que no me agradó fue el olor, pero eso ya forma parte del trabajo.”
Dice que les perdió el miedo: “En la vida nada me espanta. Si no me asusta un muerto no creo que me asuste otra cosa”, dice convencida.
Esta nadadora de 17 años ha conquistado tres medallas de oro y dos de plata, lo cual la convierte en la atleta nacional con más preseas en la presente edición de los Juegos Parapanamericanos. Al cierre de la edición tenía pendiente –el sábado 19– la sexta de sus pruebas.
También le fascinan las películas de terror y de suspenso. “Mi madre me dice que estoy loca y que soy muy atrevida por pensar en esas cosas, pero a mí me encantan. No sé lo que tengo en la mente, sin embargo me agradan mucho. Nadie más comparte estos gustos. Soy la única rara en la familia”.
Y abunda: “Me llaman la atención las causas de la muerte, la hora en que falleció la persona y a cuántos metros de distancia le dispararon. No sé por qué. Tal vez porque si le pico algo al muerto no me va a decir nada”.
El equipo nacional que participa en los Juegos Parapanamericanos y del que Trejo forma parte cuenta con tres psicólogos. Ella se ha convertido en asidua navegadora de las páginas de internet en las que por lo general busca videos e historias relacionadas con medicina forense.
“He leído algo sobre el tema, y está un poco macabro, pero me llama demasiado la atención. De igual manera me atraen los animalitos, por lo que también me gustaría ser veterinaria o pediatra; cualquier cosa relacionada con la medicina”, expone.
Todo indica que a Vianney le esperan grandes logros en el deporte adaptado. No le llevó mucho tiempo hacerse de prestigio en el deporte de alto rendimiento, pues en menos de cinco años se ha colocado en los primeros lugares dentro de la máxima competencia deportiva en su especialidad. Con ella México inició la cosecha de medallas de oro en los Juegos Parapanamericanos de Guadalajara.
Sin embargo, señala que los atletas adaptados enfrentan el constante rechazo o la indiferencia de la sociedad.
“La discriminación es el único problema que se nos han presentado a toda la delegación mexicana en general. Es un asunto muy serio, pero siempre sabemos cómo superarlo. Además, ya estoy acostumbrada a este comportamiento de la gente. Estos Juegos Parapanamericanos servirán mucho para fomentar la cultura de la discapacidad; dejará de ser un tema de discriminación. Enfrenté las cosas con apoyo familiar y porque estoy consciente de que no existe la cultura, la educación en México sobre este tipo de temas. Incluso te insultan cuando te ven caminando por las calles.
“Me he enfrentado a duros entrenamientos; he sacrificado la escuela, a los amigos, a la familia, las desveladas y las fiestas. Cuido mucho mi alimentación, y tampoco bebo ni fumo. Y aquí estoy dándole a México tres medallas de oro y dos de plata. La primera presea de oro fue mía.”
Sin límites
Comenta que abandonó la escuela porque casi todos sus maestros de la Preparatoria 7, Ezequiel A. Chávez, la trataron de manera discriminatoria y no le dieron ninguna facilidad para realizar sus actividades deportivas.
“La mayoría de los maestros me reprobaba por las faltas y no me dieron opciones de seguir con mis estudios por más que entregué los justificantes. Sólo algunos profesores me dejaron trabajar antes y después de los entrenamientos o de las competencias, pero no todos accedieron. Deberán entender que es más difícil para un discapacitado alternar estudios con entrenamientos. Se me hace que su negativa es una forma de discriminación.
“Deseo ser médico forense, pero analicé la carrera y está un poco complicada para mí como deportista de alto rendimiento. Así como te pueden llamar a las dos de la mañana lo pueden hacer a las cuatro de la tarde, que son justamente los horarios de entrenamiento. Ahora lo único que hago es estudiar idiomas y cumplir con el programa de cinco horas de entrenamiento.”
–¿Por qué la idea de acudir a tantos psicólogos?
–Porque estoy loca… Sucede que una psicóloga encamina sus trabajos a la cuestión deportiva; el otro recurre a la base familiar, en temas de cómo dejar los problemas de casa fuera de la competencia. Y otro más aborda las cuestiones familiares y deportivas. En mi caso particular los tres especialistas son necesarios, pues se complementan.
Aclara que por lo general a la mayoría de los deportistas juveniles se les asigna tres psicólogos. “A mí me han servido mucho porque junto a la familia son ellos los que te animan. Ya más grandes nos damos cuenta de que somos más que aquellos que dicen estar bien, porque sin un brazo, sin una pierna y con las dificultades que afrontamos hemos tenido más éxito que los atletas convencionales”.
Vianney padece malformación congénita. Cuenta que sus padres nunca quisieron indagar acerca del origen de su padecimiento. Sólo sabe que alguna vez el doctor le dijo a su madre que de seguro ingirió una pastilla en pleno embarazo, sin saber con certeza que esperaba un bebé. “Realmente no hemos investigado bien las causas de este mal. Tampoco nos interesa indagar”.
Y agrega: “El único límite somos nosotros mismos. Nosotros sabemos y decidimos cuándo llegar. Nadie nos va a forzar o a quitar nuestro lugar hasta que queramos. Aquí estoy entregando más medallas. No prometo nada, pero todavía tengo otras dos posibilidades de ganar oro y le voy a echar todas las ganas del mundo hasta el día de decir adiós. Ha valido la pena tanto sacrificio. Estoy muy chiquita –de estatura– y voy a seguirle.
“Hasta ahora soy la reina de estos juegos; soy la atleta con más medallas y ojalá termine así. Estaría muy contenta porque además de la probabilidad de ser la reina de estos juegos me satisface haber entregado la primera medalla de oro a México.”
Sin aspavientos, Trejo realizó su propio pronóstico con base en el ranking parapanamericano. Y de las seis competencias en las que participaría concluyó que al menos tendría cuatro opciones para el oro, una para la plata y otra más para el bronce. En el caso de la plata repitió el metal en esta justa (en 50 metros libres), en tanto que el bronce lo convirtió en dorado en la especialidad de 200 metros combinados. Ahora le resta una prueba en la que tiene amplias posibilidades de acceder a lo más alto del podio. “Mi rival más fuerte soy yo”, se ufana.
Practica el deporte desde los ocho años como terapia física para su malformación congénita y para controlar un problema de asma que, al parecer, ya ha superado. “La otra vez me sometí a un estudio para valorar el asma y los doctores me dijeron que estoy mejor que una persona normal”.
En más de cuatro años en el alto rendimiento, Vianney se ha visto favorecida con el éxito. Hasta ahora acumula 53 medallas de oro en competiciones nacionales e internacionales. Ha sido en estos Juegos Parapanamericanos donde obtuvo las tres más recientes preseas.
Pero no todo ha sido felicidad en la vida de Vianney. El año pasado, toda la familia se vio obligada a mudarse de delegación por una amenaza de muerte. “El problema ya fue solucionado, pero todavía queda la incertidumbre de cuidarse de la gente que te quiere dañar. Sólo esa vez me han querido hacer daño, pero quedé marcada de por vida. Aunque ya ha pasado casi un año, de todos modos duele”, afirma.








