Mediodía de jueves. Temperatura: 36 grados, humedad: por el orden del 80%. La ciudad de Veracruz es una maraña de bocinazos, un frenético ida y vuelta de gente acelerada, empleados del hotel, periodistas y fotógrafos. Y en medio de la vorágine, desafiando una tempestad de taxistas bullangueros con sus cánticos de música salsa, cumbia y son montuno, un hombre de pelo y bigote cano asoma entre un gran número de reporteros y fotógrafos.
El hombre no ha llegado solo a la cita. Lo acompaña una comitiva: Everardo Sousa, secretario de Desarrollo Económico y Raúl Peimbert, director de comunicación social, ambos del gobierno del estado de Veracruz, y los dirigentes del equipo: Gustavo Parente, Juan Manuel López, Guillermo Cantú y Mauricio Rodríguez. Con ellos también están el técnico Hugo Fernández, el capitán Isaac Terrazas y el artillero uruguayo Martín Rodríguez.
Muchas sonrisas y algún gesto de bronca contenida que se escapa justo ese día, en su presentación oficial ante los medios de comunicación locales, la plantilla de los Tiburones Rojos amaga con irse al paro laboral por atraso en los pagos.
Rafael Herrerías, amo y patrón de la fiesta brava en México, levantó el puño y con énfasis recordó a los presentes el motivo de su presencia en aquella conferencia de prensa en el Centro de Convenciones del Wold Trade Center de Veracruz.
Es jueves 1 de agosto y el personaje ofrece su primera conferencia de prensa como nuevo presidente y dueño de los Tiburones Rojos, antes propiedad de Alejandro El Güero Burillo, presidente del Grupo Pegaso.
De todos modos ha surgido la polémica, alimentada por el misterio que siempre rodea a un nuevo integrante de la familia futbolística mexicana. ¿Quién es Rafael Herrerías? ¿Qué hace en Veracruz? ¿Quién le dio la presidencia de los Tiburones Rojos? ¿Quiénes respaldan financieramente su proyecto?
“Nadie me ha animado. Es un negocio más, de muchos otros en los que he participado, como teatro, cine, palenques… es una experiencia en la que arriesgo como en cualquier empresa. Desconozco muchas cosas del futbol, pero estoy aprendiendo.”
Afable y adusto al mismo tiempo, Herrerías enfrentó a los reporteros veracruzanos. Habló de su participación en el club:
–Compré el coche, no sólo las llantas. Soy el único dueño (tiene el 80% de las acciones y el gobierno del estado, el 20% restante, pero continúa como propietario del estadio “Luis Pirata Fuente” y de los derechos de explotación de la imagen, de los colores y del logotipo del equipo). Me respaldan personas que creen en mi proyecto, que creen en mí y han aportado sus recursos.
Dice el técnico argentino César Luis Menotti a propósito del concepto de la palabra directivo en su libro Futbol, juego, deporte y profesión: “El buen dirigente es aquel que entiende lo que significa esta fiesta popular; un mal dirigente es el que utiliza su actividad para vender más automóviles o para sentirse halagado con la publicación de su foto en los diarios”.
Necesito dinero
Pero ese día, el administrador de la plaza de toros más importante de América y la tercera del mundo, debajo de la Monumental de Madrid y la Real Maestranza de Sevilla, asumió el riesgo, al tiempo que rechazó alguna sociedad en el proyecto con el gobernador Miguel Alemán. “Pero no es mala la idea. Me gustaría invitarlo para que participe”, dijo Herrerías, con un dejo de ironía.
Se refirió también a los motivos que lo llevaron a aterrizar en el estado de Veracruz:
“La confianza del gobierno de Miguel Alemán para invertir en la entidad, por lo que representan la plaza y su afición… venimos a invertir, y esto es lo importante para los veracruzanos, que gente que no sea de aquí lo haga… Miguel Alemán es mi amigo, tengo muchos amigos en el puerto y mi esposa también es veracruzana.”
Rafael Herrerías Olea forma parte ya de la élite de directivos del balompié doméstico. En su paso de empresario taurino al futbolístico mucho contaron sus relaciones políticas –amigo íntimo de Miguel Alemán Velasco y de su hijo Miguel Alemán Magnani– así como sus nexos con Alejandro Burillo Azcárraga, dueño de los clubes Atlante y Jaguares, y de los Potros de la Primera División A, pero sobre todo su olfato de comerciante:
“Veo que en el futbol hay mucho dinero y es una oportunidad para tener otro ingreso económico que me ayude a solventar algunos gastos en los toros que en estos momentos no se pagan solos”, reveló al periódico Reforma el de julio al confirmar sus intenciones de incursionar en esta actividad.
Antes de la llegada de Herrerías, el columnista veracruzano Ricardo Rodríguez Zuccolotto reflexionó:
“No lo conocemos en lo más mínimo, pero las referencias de personas que lo han tratado en el mundo taurino no son nada halagadoras: se habla de una persona necia, déspota y muy acelerada. Cuando buscamos información del señor a través de Internet sólo nos encontramos notas de prensa que referían de problemas con toreros, demandas con promotores y un sin número de anomalías de la Plaza México, y a eso le agregamos un par de comentarios en los que asegura ser chiva de corazón, tiburón por convicción y que prefiere un buen cartel de toros que presenciar un partido de futbol.”
El veterano cronista taurino de El Universal, Guillermo Salas pinta otro perfil del empresario:
“Tiene un carácter fuertísimo. Con algunos colegas ha sido muy duro; los ha acusado de rateros cuando arremeten contra la fiesta, su fiesta. No se queda con nada, ni se anda con medias tintas: es capaz de mentarle la madre a quien sea…”.
Leal a los amigos, nadie olvida el episodio en la plaza de Pachuca: repentinamente un aficionado se lanza en airadas protestas contra el matador Manolo Martínez. Irritado por los improperios, el empresario se calza los guantes imaginarios y silencia con un sólido golpe al sujeto. Pronto, Rafael Herrerías se ve envuelto en una búsqueda incesante de guardias y agentes de seguridad. Lo persiguen por su agresión a un alto funcionario del gobierno de Hidalgo, tanto que decide huir del escenario oculto en una ambulancia.
Diego Hernández Tejeda, reportero radiofónico del puerto de Veracruz, tiene una imagen fresca de su primer encuentro con Rafael Herrerías. Hoy revive la escena:
–¿Me permite dos minutos? –dijo el comunicador al solicitar la entrevista.
–¡Qué!, ¿Vamos a bailar? –respondió en tono jocoso el empresario.
“Eso me agradó”, dice el reportero. “Fue una elegante forma de responder a mi petición. De entrada, el tipo nos cayó bien…”
Respecto a quién es el verdadero dueño de los Tiburones Rojos, Diego Hernández conjetura:
–En la misma prensa veracruzana continúa la incógnita: hay muchas dudas respecto a que Rafael Herrerías sea el propietario. Hay cosas que ahí quedan: el Grupo Pegaso prometió premios económicos al equipo en caso de conseguir el ascenso, y hasta este viernes debía un mes de sueldo a toda la plantilla. Además, con el Grupo Pegaso vino Juan Manuel López (vicepresidente del Veracruz), ¿Por qué se quedó entonces con Herrerías? También estuvo aquí Miguel Angel Torres (vicepresidente de Jaguares de Chiapas; antes Veracruz, que a su vez tomó la franquicia del Irapuato). Por eso las dudas, aunque algunas personas señalan que a Herrerías le sobra el dinero. No sé si en verdad el señor tenga tanta lana: el estadio “Luis Pirata Fuente” sólo se anuncian la Plaza México, Superior y una marca más, pero no hay mayor publicidad estática. Si el nuevo presidente del club ve esto como negocio, entonces no ha vendido nada.
Juan Manuel López ha sido ratificado en la vicepresidencia del conjunto escualo.
El público jarocho también está cansado de los constantes cambios en el alto mando del equipo: nueve en total desde el penúltimo retorno del Veracruz a la primera división en un lapso de 12 años, a partir de la temporada 1989-90 cuando el gobierno de Dante Delgado (un apasionado del futbol) adquirió la vieja franquicia de Potros Neza, cuyo dueño era José Antonio García, también dueño de la marca Garcis. Después el equipo pasó a las manos de TV Azteca.
Los constantes movimientos empiezan a ser canto corriente en el pueblo: llegan una serie de empresarios, encabezados por un hijo del actor David Reynoso, retoma la estafeta TV Azteca y ese año, con toda y su contratación bomba (el veterano español José Mari Bakero) el club desciende (campaña 1997-98) a la Primera División A, cuando las versiones señalan al comentarista de televisión José Ramón Fernández como asesor del equipo.
El turno es para el gobierno de Patricio Chirinos. Luego para la Cervecería Moctezuma, Miguel Alemán, como gobernador del estado de Veracruz, se hace del equipo, que más tarde pasa a poder del Grupo Pegaso, a partir de la anterior temporada.
Con Alejandro Burillo al frente los Tiburones Rojos logran el ascenso (Torneo de Verano 2002), aunque el nombre del conjunto había sido suplantado esa misma campaña por el mutante Irapuato (hoy convertido en Jaguares de Chiapas y propiedad del mismo Burillo Azcárraga).
Tampoco extraña a Rodríguez Zuccolotto la forma en que se manejan los hilos en el conjunto veracruzano:
“Por el cargo que ocupa Herrerías, no será nuevo que el equipo sea dirigido desde la capital del país.”
Con casi una década al frente de la Plaza de Toros México, Rafael Herrerías Olea ha descubierto otra vocación. Y nada lo ha alegrado más que generar esa expectación con su llegada a la presidencia del club, aunque ya se haya llevado más de una sorpresa.
El hombre cuyas decisiones no se discuten en el ámbito taurino no disimuló el enfado que le produjo su primera reunión de presidentes de clubes, el pasado 29 de julio, cuando el futbol da paso a cuestiones banales y de intereses:
–Estuvo aburridísima: ha sido una larga sesión en la que se trataron cosas individuales que deberían exponerse en grupos más cortos. Se hablan de cosas que desconocía, de reglamentos y de estadios de los que no tengo conocimiento y que además no me incumben, pues voy a venir lo menos posible…
La historia apenas comienza.








