Rodolfo Obregón
Para mí, está clarísimo que la identidad artística más sólida del teatro mexicano actual se llama Teatro Línea de Sombra. E, insisto, el problema de nuestro teatro –y por ende la principal tarea de sus instituciones- es justamente su incapacidad para crear o reestablecer estas identidades. Sólo a través de ellas se puede construir un teatro (más allá de esa masa amorfa y heterogénea que solemos tomar por tales) que le dan sentido.
Cuando estas notas aparezcan, el espectador defeño podrá avisar la punta de ese solitario y ejemplar iceberg en los espectáculos Icone Transverbero, de Jocelyne Montepetit Danse (Quebec), Miradas cruzadas, una coproducción de la compañía francesa Project in situ con actores mexicanos, y, sobre todo, en el excelente White Cabine, del ruso Akhe Group.
En Querétaro, y algunos de sus municipios, los ávidos espectadores habrán disfrutado, además, El muchacho que se quería casar, una puesta en escena del chileno Ignacio Miranda Hiriart con actores egresados del Diplomado de Teatro del Cuerpo, instancia que mantiene también, contra viento y marea, Teatro Línea de Sombra.
Si estas actividades se añaden los cursos y talleres impartidos en Querétaro del 26 de agosto al 6 de septiembre por estos especialistas internacionales, más los cursos de clown (Spy Monkey, que se repite ahora en el DF) y de “voz y objetos sonoros” (del grupo francés Au cul de loup), que dan continuidad al trabajo realizado durante el encuentro de 2001, más las coproducciones y giras internacionales en que participa actualmente Teatro Línea de Sombra, el lector tendrán una idea de por qué considero al V Encuentro Internacional de Teatro del Cuerpo tan sólo como la punta de ese fortísimo iceberg que navega, sin embargo, en aguas inciertas.
Resulta impresionante, y ejemplar, que dos personas solas (Alicia Laguna y Jorge A. Vargas) hayan logrado articular lo que ninguna institución pública ha conseguido en los últimos 10 o 15 años: un proyecto artístico perfectamente definido que cubre todas las áreas de la actividad, a saber, producción, formación y difusión. Que establece vasos comunicantes con el mundo a la vez que realizan un auténtico trabajo descentralizador. Que da continuidad profesional a sus esfuerzos formativos. Que abre la posibilidades de fuentes de financiamiento internacional y, al mismo tiempo, una ventana a otras formas de entender la actividad teatral y a corrientes estéticas alternativas que rebasan ya el territorio exclusivo del teatro del cuerpo o del gesto.
Por ello, y tomando como pretexto el primer lustro del Encuentro Internacional…, me parece que es hora de inventariar los resultados y, con ese listado en mano, exigir a las instancias públicas las condiciones adecuadas para garantizar la continuidad de este proyecto –repito- ejemplar y estimular la presencia de otros semejantes.
El reconocimiento y calidad de los productos escénicos de Teatro Línea de Sombra está implícito en su agenda. Mientras su brillante puesta en escena de El censor cerraba su segunda temporada en el DF, y Galería de moribundos se presentaba con éxito en San Petersburgo, el grupo estrenó en Perigueux, Francia, su coproducción en con el grupo quebequense Omnibus y el francés Théâtre du Mouvement: Latitudes cruzadas.
Esta última obra, que se estrenará en México en el próximo Festival Internacional del Centro Histórico, se presentará también en Barcelona y París, y junto con Galería de moribundos, realizará a partir del mes próximo, una amplia temporada en Montreal.
Y esta actividad que haría largos los colmillos de cualquier animal de escena, es sólo una cara, si bien la imprescindible, de un auténtico Teatro.
Veremos que más reluce tras la Línea de Sombra.








