A bordo del Air Force One

Sanjuana Martínez

Madrid.- ¿Qué hizo el presidente de Estados Unidos, George Bush, el 11 de septiembre? ¿Por qué se escondió hasta las 16:36 horas? Reporteros y editores de la revista alemana Der Spiegel reconstruyeron las actividades del presidente estadunidense durante la mañana en que se efectuaron los ataques terroristas contra Nueva York y Washington, como parte de una investigación más amplia sobre los sucesos de ese día, publicada en el libro 11 de Septiembre. Historia de un ataque terrorista, editado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.

Los periodistas ubican al presidente en cuatro lugares estratégicos: A las 9:30 horas en Sarasota, Florida, donde acudió a una escuela; a las 10:05 en el Air Force One;  a las 12:36, en la base aérea de Barksdale, en Shreveport, Lousiana; y a las 16:36 en el refugio subterráneo de la base aérea de Offutt, cerca de Omaha, Nebraska, donde se reunió con el Consejo Nacional de Seguridad.

La reconstrucción de cada uno de esos momentos es la siguiente:

Sarasota, Florida, 9:30: A esa hora Bush hace su primera declaración pública después de conocer que un avión se había estrellado contra uno de las Torres Gemelas. Ya habla de una “tragedia nacional” y de “acto terrorista”. Estaba en un acto con los niños de la escuela y a pesar de la gravedad de los acontecimientos continuó con lo planeado.

En una breve conversación telefónica, Condoleeza Rice, su asesora de seguridad, le informó sobre lo sucedido. Inmediatamente Bush habló con el jefe del gabinete, Andrew H. Card, y decidió proseguir con su programa. Volvió al salón de clases, donde realizó un ejercicio de lectura con niños de 7 años, los cuales habían esperado al presidente durante dos horas, estaban ansiosos por recitar el cuento de una cabra que habían aprendido para la ocasión. Mientras Bush escuchaba a los niños, sus asesores se enteraron de que otro avión había chocado con la segunda torre. El jefe del gabinete, Andrew Card, susurró al oído derecho de Bush la noticia: “Estados Unidos está siendo atacado”. Bush palideció visiblemente. A pesar de todo, prolongó durante seis minutos más su visita. Después declaró: “Éste es un momento difícil para Estados Unidos”. Antes de partir, llamó al vicepresidente Dick Cheney en Washington, y después al jefe del FBI, Robert Mueller. Entonces volteó hacia sus acompañantes y expresó: “Estamos en guerra”.

Abordó el Air Force One a las 9:55 horas y desde allí habló por teléfono con el ministro de Defensa, Donald Rumsfeld, y con la asesora de seguridad, Rice.

En ese momento los pasajeros del Air Force One no saben a dónde se dirigen. En la Casa Blanca se había recibido una llamada indicando que el avión presidencial podía ser el objetivo de un atentado (“El Air Force One es el siguiente”). Por lo visto, el informante conocía bien los hábitos del presidente, pues utilizó palabras secretas, entre otras la clave del avión. Los agentes de seguridad calificaron la amenaza como “verosímil”.

En el Air Force One las noticias también eran confusas: se habló de un coche bomba en el Pentágono o el Departamento de Estado; de un enigmático aparato de Korean Airlines que se acercaba por el Pacífico; de un avión secuestrado en Amsterdam.

Air Force One, 10:37: Se informó a Bush que su mujer, Laura, y sus dos hijas están a buen recaudo. El presidente, de broma, preguntó por Barney, el perro de la familia. Andy Card, su jefe de gabinete, comentó que le estaban pisando los talones a Osama Bin Laden. A las 10:41 el avión vuela en dirección a Jacksonville, desde donde será escoltado por cazas de combate. El vicepresidente Cheney, que acababa de ver en la televisión cómo se derrumbaba la segunda torre, insistió ante el presidente para que no regresara de inmediato a Washington. Propuso que volara primero a la base aérea de Offutt, cerca de Omaha, en Nebraska, donde existe un puesto de mando seguro y perfectamente equipado.

Sin embargo, el presidente voló a la base aérea de Barksdale, en Shreveport, Lousiana, donde a las 12:36 horas grabó en video su segunda declaración pública, en la que prometió capturar y castigar a los responsables.

Antes de aterrizar en Shreveport, se pidió a los pocos periodistas que iban en el avión que mantuvieran apagados sus teléfonos celulares para que las señales no delataran la posición del avión. Además, en sus informaciones deberían señalar que el presidente estaba “en un punto desconocido de Estados Unidos”.

Bush expresó nuevamente su deseo de volver a Washington, pero el vicepresidente Cheney insistió en que no: había una serie de aviones en el aire, y nadie sabía si también estaban secuestrados. También su jefe de gabinete estuvo contra: “Esperemos a que se haya posado el polvo”. Bush discutió esta apreciación: “No quiero que un terrorista jactancioso cualquiera logre mantener al presidente de Estados Unidos alejado de Washington. La gente quiere ver a su presidente y quiere verlo ya”.

A las 13:37, el avión presidencial salió hacia la base de Offutt, en Nebraska, donde existe un refugio subterráneo. Allí aterrizó a las 14:50 y permaneció hasta las 16:36. Allí donde Bush habló con el Consejo Nacional de Seguridad.