Alejandro Caballero y Álvaro Delgado
Contrariamente a lo que sus dirigentes quisieran que se difundiera, cada vez hay más datos que vinculan al PAN con organizaciones radicales de derecha. Miembros de ellas aparecen por todas partes: en secretarías de Estado, en gobiernos estatales y municipales, en el Congreso y en la propia cúpula del partido.
Están en todas partes: En secretarías de Estado con puestos de diverso nivel, en gobiernos estatales y municipales, en el Congreso y en la cúpula del PAN.
Y tienen un origen común: su experiencia en las organizaciones de ultraderecha, como la desaparecida Desarrollo Humano Integral y Acción Ciudadana (DHIAC) o en las vigentes Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), Asociación Cívica Femenina (Ancifem), Comité Nacional Provida, Movimiento Testimonio y Esperanza, Alianza Nacional para la Moral…
“Es un asunto de coyuntura generacional, más que un reagrupamiento político”, explica José Luis Luege, exdirigente del DHIAC, a cuyo fundador, Jaime Aviña, acaba de incorporar a la Secretaría de Capacitación del comité del PAN capitalino, que preside.
La reaparición pública de Aviña coincide con la movilización del grupo Provida, creado también por él, para evitar la exhibición de la película El crimen del padre Amaro, y reabre el expediente de la vinculación del PAN con organismos de extrema derecha.
“A eso, justamente, responde el trabajo que estamos haciendo de renovar y homogeneizar nuestro discurso”, reconoce Germán Martínez, responsable del proceso para adecuar los principios de doctrina del PAN, que se discute desde el viernes 6 y concluirá en la Convención Nacional del PAN, el 14 y 15, en Veracruz.
“Ese ejercicio llevará al partido al centro, a la moderación y, por tanto, al combate democrático de los extremos, en plural, de izquierda y de derecha”, precisa Martínez, secretario de Estudios del Comité Ejecutivo Nacional.
Carlos Medina Plascencia, candidato perdedor a la presidencia del PAN, donde ahora es responsable de la estrategia para las elecciones del próximo año, niega el poderío del sector ultraderechista: “No han tomado por asalto al partido”.
Luege lo dice más claro: “El PAN se engulló al DHIAC. Así de sencillo. Fuimos absorbidos por la estructura de Acción Nacional ciento por ciento”.
Pero aunque a la mayoría de los dirigentes del PAN les provoca incomodidad que se asocie al partido a esas organizaciones, esa relación está plenamente documentada, igual que con otros grupos confesionales y violentos, como el Frente Universitario Anticomunista (FUA), el Movimiento de Renovadora Orientación (MURO) y la Organización Nacional del Yunque.
En 1975 Efraín González Luna renunció a la presidencia del PAN y en 1978 dejó el partido que fundó su padre con estos argumentos: “El anticomunismo promovido con métodos comunistas de odio, calumnia, engaño; el conservadurismo fascista y demagógico; la manipulación de la religión; el materialismo de los que acuden al espíritu para defender injustamente el dinero, son dentro de Acción Nacional frutos naturales del abandono de la educación política, que fue causa sincera de la existencia del PAN original”.
González Morfín aludía a la penetración de su partido por empresarios de Monterrey, alentada por José Angel Conchello y Pablo Emilio Madero, quienes paradójicamente, al paso de los años, denunciaron que la extrema derecha se había apoderado del PAN.
“Hay varios grupos empresariales que han penetrado en el PAN. El más evidente es la Coparmex. Y hay otras organizaciones que influyeron mucho, como el DHIAC y la Ancifem, además de otras de corte misterioso, secreto, como el MURO”, dijo Madero a Proceso en 1992, luego de su renuncia a ese partido.
Las denuncias coinciden con la fundación, por ejemplo, del DHIAC – 1975– Ancifem –1975– y Provida –1978–, cuadros que han enriquecido las filas panistas o, de plano, se han disuelto una vez que entraron en el PAN, como es el caso de esa primera organización.
“Algunos de los liderazgos que tuvo esa organización ahora están en el PAN, pero la inmensa mayoría están en sus casas, dedicados a su vida profesional”, matiza Luege, quien rechaza el calificativo de ultraderechista.
En efecto, los liderazgos a que alude están en el PAN y en el gobierno. El presidente y el secretario general, Luis Felipe Bravo Mena y Manuel Espino, proceden del DHIAC, lo mismo que el vocero presidencial, Rodolfo Elizondo, así como Luis H. Alvarez, comisionado para Chiapas, y el contralor Francisco Barrio.
Pero Martínez dice que desconoce esa parte de las biografías –“conozco la lealtad a los principios de doctrina del partido”— y aun prácticas como juramentos clandestinos que siguen vigentes: “No los conozco, menos participo en eso y menos si son secretos”.
Como Luege, Carlos Medina Plascencia niega alguna “relación formal” con esos grupos ultraconservadores y rechaza, además, que se hayan apoderado de su partido: “Si hay quien perteneciendo a esas organizaciones participa en el PAN, no son todos, y la otra es que no entran al PAN como representación de una institución. Entran como cualquier ciudadano. Es insistir en una tesis que se ha dicho del partido en cuanto a que han llegado al poder. Y yo digo: pues no”.
–¿Cómo enfrenta el PAN esta imagen de que está ligado a las cúpulas clerical y empresarial, y que se ve como un partido de derecha, conservador, confesional?
–Eso de ubicar al PAN como de derecha nace en el argot político por ser un partido humanista y solidarista, pero nuestras tesis y propuestas van mucho más a fondo a resolver problemas de desarrollo social y económico que las propias denominadas izquierdas.
“Desde los años cuarenta, hemos sido caricaturizados con un bombín, pero la realidad es que la mayor parte de los mexicanos que militan en el PAN no sólo son de recursos económicos bajos, sino en realidad de niveles socioeconómicos muy populares, humildes, y es una militancia perfectamente libre, autónoma, voluntaria.”
Cantera de militantes
Sin embargo, las organizaciones que se han adherido al PAN –así sea como dicen sus dirigentes sus integrantes lo hayan hecho a título individual–, no se explican sin el apoyo de la iglesia y de empresarios, particularmente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), muchos de cuyos expresidentes se han vuelto panistas y ahora forman parte del gobierno foxista.
Y todas las organizaciones mencionadas tienen un origen común: Su anticomunismo, muchas veces violento, como el FUA de Puebla, en el que participó Jorge Ocejo, exsecretario general del PAN y actual coordinador de asesores de Carlos Abascal en la Secretaría del Trabajo, convertida en reducto de anticomunistas.
Otros expresidentes de la Coparmex participan en el gobierno actual, como Antonio Díaz de Rivera –subsecretario de la Sedesol–, José María Basagoiti y Bernardo Ardavín, exintegrantes parte del DHIAC, como el actual presidente de ese organismo, José Espina Reyes.
El expresidente del Centro de Estudios del Sector Privado (CESP) Federico Müggembuerg, fundador de FUA y MURO, es uno de los ideólogos que promovió organizaciones de este corte con base en la tesis de la “vertebración social”. Müggembuerg es militante del PAN y esposo de Gabriela Romero, fundadora de Ancifem, y hermana de la senadora y exsecretaria general de ese partido Cecilia Romero, quien hace unos meses contrajo matrimonio con un fundador de MURO, Fernando Baños Urquijo.
Baños Urquijo y Müggemburg fueron compañeros de Luis Pazos –actual diputado del PAN– en la fundación de Guardia Unificadora Iberoamericana (GUIA), un sucedáneo de MURO y cabeza visible de Yunque.
Ancifem también es semillero del PAN. Además de las hermanas Romero, otra expresidenta del organismo, Ana Teresa Aranda, presidió el PAN en Puebla y es directora del DIF en el gobierno de Fox.
De Ancifem también salieron Ana Rosa Payán, alcaldesa de Mérida; Rosa María Hernández, exsecretaria general del PAN en Guanajuato; Patricia Garduño, coordinadora del grupo parlamentario en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. En Baja California, la esposa del gobernador, María Elena Blackaller de Elorduy, fue presidenta estatal.
Gracias a que el DHIAC tuvo presencia en 20 estados, muchos de sus cuadros ya ocupan cargos en el PAN.
Un prominente “exdhiaco”, expresidente nacional, es el actual coordinador de los diputados panistas en Jalisco, Fernando Guzmán Pérez-Peláez, secretario general de Gobierno con Alberto Cárdenas, en cuyo gabinete tenía otros integrantes de ese grupo.
Otro dirigente de esta organización y del Opus Dei en Jalisco es César Coll Carabias, quien como alcalde de Guadalajara respaldó que se prohibiera el de uso de minifaldas en el ayuntamiento.
Mancuerna de Guzmán Pérez-Pelaéz en el DHIAC fue Daniel Ituarte Reynaud, exalcalde panista de Zapopan, quien fue procesado penalmente por haber participado, en 1965, en un atentado dinamitero contra el diario El Día.
Aunque el DHIAC desapareció en un cónclave realizado en San Luis Potosí, en 1994, ha habido intentos de volver a crearlo, como ocurrió dos años después, según Luege: “Me vinieron a ver con la intención de rehacerla, y yo les dije: ‘Póngale otro nombre, porque este está muy quemado’”, recuerda entre risas.
Para él, el asunto está finiquitado: “Sólo queda el recuerdo, el grato recuerdo de una gran experiencia”.
–Aunque ya no existe como tal, el DHIAC es hegemónico en el PAN.
–Es una coyuntura generacional más que un reagrupamiento político. Es una coyuntura circunstancial que nos toca vivir en esta etapa en puestos de dirección.
Aunque Luege niega que Aviña mantenga su fidelidad a Provida –“es panista desde 1964”–, éste es uno de los muchos miembros de Provida que han escalado posiciones en el PAN.
El sucesor de Aviña en la presidencia del organismo, Alfonso Bravo Mier, es actualmente diputado federal y fue secretario técnico de la Comisión de Población que presidía Jorge Dávila, quien en el 2000 asesoró a los diputados panistas de Guanajuato para ampliar la penalización del aborto.
Bravo Mier dejó la presidencia de Provida a Jorge Serrano Limón –hermano de Francisco, exmiembro del MURO–, quien reapareció para protestar contra la exhibición de la película El crimen del padre Amaro, un embate al que la Secretaría de Gobernación no sucumbió.
El aviso sobre el contenido de la película se lo dio a Provida un clasificador de la Dirección de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC), Octavio Martínez Albarrán, caballero de Colón y miembro de la Alianza Nacional para la Moral, cuyo exsecretario general, Ricardo Fernández Candia, fue diputado federal panista.
Al respecto, Medina Plascencia ataja: “Quisiera saber en qué momento el PAN ha salido a decir: ‘tiene razón Provida en que se opongan a la película’. No ha habido una posición institucional del PAN con respecto a decisiones de autoridades que por cosas muy concretas hayan actuado de determinada forma. Institucionalmente en ningún momento hemos dicho que se acaben las minifaldas en el país. Para el PAN el aspecto moral está en las personas, no en la autoridad ni tampoco en las instituciones”.
Hace seis años, el reportero Rodrigo Vera le preguntó a Serrano Limón si la organización se había fortalecido con los gobiernos del PAN, y respondió: “Indiscutiblemente. Por conducto de los gobiernos panistas, que ya son más, hemos podido difundir los valores morales y sociales, y llegar a un mayor número de escuelas.
De qué se espantan
Pero el propio Medina Plascencia, como gobernador interino de Guanajuato, dio signos de orientación ultraconservadora: Nombró secretario de Educación al expresidente de la Unión Nacional de Padres de Familia, Francisco González Garza, exdiputado panista. Un infarto obligó a su reemplazo.
Y en 1992 encabezó las peregrinaciones al Cerro del Cuibilete que organiza el Movimiento Testimonio y Esperanza, que presidía en ese entonces Marco Antonio Adame, actual senador y responsable, con Medina, de la estrategia de comunicación e imagen para la campaña electoral del 2003.
En entrevista, Adame defiende la participación en el PAN de personas que, como él, proviene de movimientos sociales o religiosos, al igual que se hace en otros partidos: “Me parecería una contrasentido pensar que no fuera así”.
El PAN, dice, acoge a ciudadanos que en uso de sus libertades han tenido experiencias o participación en distintos movimientos, grupos, actividades sociales, religiosas, empresariales, y “lo normal es que cuando llegan al PAN no se despojen de eso, porque no se les pide renunciar a esas experiencias y expresiones. Al contrario, el PAN es un espacio de participación política partidista que no impide ni niega el derecho y la libertad de sus miembros de participar en las Iglesias o en los movimientos o en las agrupaciones que en uso de sus libertades y derechos quieran.
“Si no lo planteamos así, corremos el riesgo de que en este país sigamos viviendo una suerte de xenofobia política, de exclusión, de intolerancia. Hasta cuándo en este país va a seguir siendo un pecado político haber participado en actividades sociales o religiosas que en el régimen de partido único fueron estigmatizadas, como ocurrió con quienes se desempeñaban en la vida empresarial y religiosa.”
Adame, quien ingresó al PAN en 1997 y de inmediato fue diputado, niega que su partido sea confesional –“no ha sido, no es y no será, porque sería una perversión programática y fundacional”–, sino que ha entendido el nuevo papel que juegan los laicos en la vida política y social.
“Y no es sólo un derecho sino una obligación irrenunciable, so pena de incurrir en un pecado de omisión, porque durante mucho tiempo la política como estaba organizada en este país era una actividad no apta para gente decente.”
Eso ocurría cuando “el poder estaba secuestrado” por el PRI: “De qué nos asustamos ahora, tal parece que nos espanta la realidad, que nos asusta la posibilidad de que la pluralidad valga para todos. Porque veo la misma intolerancia en quienes pretenden negar el derecho de participar en política a un católico que en aquellos que, en nombre de la fe, pretendieran adueñarse de un partido, transformar su esencia, hacerlo confesional e imponer esos valores en la vida política y aceptarlo sería una aberración, un hecho inconcebible e inaceptable”.
–Suele ocurrir que los extremos se juntan…
–Suele ocurrir que los extremos han sido reprobados por la historia y que hoy estamos en la posibilidad de construir un país de libertades donde todos quepamos, porque también los católicos actuamos en política.
Medina Plascencia, por su parte, se encoge de hombros y lanza el autoelogio con base en sus encuestas: “La mayoría de las personas nos asocia con la honestidad. Como seres humanos podemos tener fallas, pero la mayoría no nos identifica con la derecha… Enfrentar los retos de que se nos siga catalogando así va a ser toda la vida”.








