Celebra el 35 aniversario de Proceso

Dice haber leído y conservado todos los números de la revista Señor director: Como en pocas situaciones de la vida nacional, un golpe demoledor desde el poder que pretendía acallar voces libertarias se transformó en su contrario; no por voluntad de quien en ese transitorio momento encarnaba el gobierno omnímodo, sino por el compromiso, la voluntad y el talento de un puñado de inquebrantables periodistas. Hicieron un esfuerzo adicional para alcanzar a salir a las calles con un producto acabado de excelente factura mientras el agresor aún ocupara Los Pinos, y lo lograron. Ahora, 35 años después, celebramos el acontecimiento, tal y como lo hemos celebrado semana tras semana durante mil 826 gratificantes ocasiones: leyendo Proceso. Durante poco más de un tercio de siglo Proceso ha acompañado al país con información y análisis; y también nos ha acompañado en lo individual. Tengo –y disculpen la primera persona del singular, pero en un regocijo se vale– el orgullo y el récord de haber leído absolutamente todos los números de Proceso –varios de ellos en más de una ocasión, por diferentes razones–, y de conservarlos. Orgullo y récord que seguramente comparto con otras personas. Tengo también muchas anécdotas ligadas a la revista, con cuyo relato podría llenar varias cuartillas. Les comparto una muy entrañable, porque cuando se la conté a mi compañera abrió más los ojos, desvió su boca cerrada hacia su izquierda y movió repetidamente la cabeza de un lado a otro, en un gesto que nunca he logrado – querido– descifrar. Corrían los últimos años de la década de los 70 y me desplazaba de manera precaria en mis correrías políticas juveniles por los estados de Sonora y Sinaloa. Llegó el autobús a la central camionera de Ciudad Obregón, a media mañana, y yo con el hambre a cuestas. Revisé el bolsillo y contabilicé 15 pesos por capital. No sería un desayuno de rey, pero sí el suficiente para llegar a mi destino y disfrutar de la siempre espléndida hospitalidad de los compañeros y compañeras sinaloenses. Al bajarme y entrar a la Central voy viendo en el puesto de revistas la edición más reciente de Proceso, que por aquellas fechas costaba 15 pesos, y, enseguida, a una doña ofreciendo desayuno casero completo por 15 pesos. Mis lealtades se dividieron entre satisfacer a mi castigado estómago o a mi inquieto intelecto. Opté por Proceso. Todavía hoy que recordamos el suceso mi esposa y yo, ella vuelve a hacer el mismo gesto, que no he podido –o querido– descifrar. Felicidades por este tercio al equipo de Proceso; sé que van a llegar muchos tercios más y que seguirán acompañando, con esa penetrante y tan necesaria mirada, al país y a cada uno de nosotros. Fraternalmente Juan Manuel Ávila Félix