Señor director:
En su entrevista con Proceso (1241), Sergio Vela, aquel muchacho que a los 28 años de edad recibió de Rafael Tovar la dirección del festival más importante de México a pesar de su bajísimo perfil frente a otros candidatos de mayor experiencia y méritos, lanza sin disimulo sus melosas redes para ver si Fox cae y lo vuelven a premiar, con el Conaculta o con la Dirección de Ópera del INBA.
A nuestro juicio, el señor Vela no debe estar ni al frente ni dentro del Conaculta ni del INBA, y de paso le recordamos que el Festival Internacional Cervantino no forma parte del Conaculta: nació sin el Conaculta y puede vivir sin él.
El hecho es que Vela se ha destacado en el desastre de la ópera en México. Mientras en Bélgica, país con 11 millones de habitantes, hay cuatro compañías de ópera, en Inglaterra 14, en Francia ocho, en Italia 10 y en Estados Unidos 32, en México sólo existe una, y ni siquiera está completa porque no tiene solistas de base. Mientras en Inglaterra, Alemania y Francia se ofrecen un promedio de mil 200 funciones anuales de arte lírico, el INBA no llega a 30. Durante los últimos 20 años, la actividad operística en México ha decaído a la tercera parte, en contraste con el crecimiento demográfico y la demanda de trabajo de los jóvenes que egresan de los institutos de música.
Vela pertenece al cerrado grupo de funcionarios que surgió del amiguismo de las administraciones priistas, que lleva unos 12 años rotando en diversos puestos del Conaculta y del INBA, y que dispone a discreción de los recursos públicos destinados al arte y la cultura.
La dirección a la que Vela aspira no tiene ni tendrá con él un proyecto para el fomento de la ópera y el arte lírico, porque pretende seguir la línea del oscuro señor Kleinburg. Nuestro wagneriano amigo sólo garantiza la continuidad de la bajísima productividad; la inadecuada elección de títulos; las producciones inapropiadas; la nula variedad de temas; la concentración de la mayor parte de las producciones en la capital a pesar del notable crecimiento de otras urbes; la falta de acciones para formar públicos en escuelas y otros ámbitos sociales; la absurda contratación de solistas extranjeros en perjuicio de los nacionales, y, sobre todo, el monopolio de recursos y atribuciones para impedir que surjan otras compañías independientes y se conviertan en competencia.
Aspiramos a que la ópera y el arte lírico alcancen objetivos a la altura de las necesidades demográficas, económicas y artísticas de nuestro país. Y podemos lograrlo con los mismos recursos, eliminando oficinas de lujo, fuentes de corrupción, dispendio e ineptitud.
A propósito, si el FIC está en Guanajuato y ahí hay todos los servicios y la infraestructura de una urbe cosmopolita, ¿para qué se necesitan las oficinas al sur de la Ciudad de México? (Carta resumida.)
Atentamente
Enrique Méndez
Asociación de Artistas en Artes Escénicas, A.C. (por registrarse)








