Señor director:
Le solicito publicar en Palabra de Lector el siguiente comentario sobre la entrevista que el reportero Roberto Ponce le hizo al sociólogo Herbert Frey en torno al filósofo Friedrich Nietzsche (Proceso 1242).
La entrevista contiene imprecisiones tendenciosas que por lo menos en dos casos requieren aclaración. En ambos, Frey simplifica de manera innecesaria y problemática la relación del judaísmo con el cristianismo y la cultura occidental.
1. En la obra de Nietzsche existe una gran tensión entre su visión del cristianismo como la última consecuencia del judaísmo, por un lado, y su contraposición radical entre cristianismo y judaísmo, por otro. Frey sólo insiste en la primera versión del gran crítico de la religión cristiana. La primera visión se encuentra sobre todo en los escritos Anti-Cristo y Crepúsculo de los ídolos, mientras que la segunda domina en Más allá del bien y del mal; Humano, demasiado humano y Ecce homo.
La segunda visión de Nietzsche contrapone a la mediocridad asustada que vincula con el cristianismo, una concepción hasta heroica del judaísmo, al que compara alguna vez con el helenismo original, corrompido posteriormente por la moral cristiana. La primera visión tiende al antisemitismo, declarando el judaísmo el mal original de los fracasos de Occidente. (El mismo Nietzsche menciona que aquí está también una de las bases del antisemitismo cristiano, Anti-Cristo, 24.) Por ello la fijación en esta primera versión de Nietzsche es más que un problema filológico: se convierte en un problema ideológico.
Frey se inclina gratuitamente hacia la veta reaccionaria antisemita de Nietzsche, que coexiste con la crítica nietzscheana al antisemitismo de corte cristiano y alemán. En consecuencia, desaparece aquel Nietzsche que propone “correr del país a los gritones antisemitas” (Más allá del bien y del mal, 251).
2. Frey afirma que Marx introdujo en su análisis científico “algunas esperanzas misionarias por venir de la religión judía”. Este argumento no solamente es falso y absurdo, sino que además se encuentra en la lógica antes mencionada: Donde algo va mal en la modernidad europea, debe estar presente el judaísmo, podría ser el lema de esta posición.
Marx se abstiene -más que la mayoría de los científicos sociales de su época- de hacer declaraciones sobre el futuro. En toda su extensa obra se encuentran acaso unas 10 frases con afirmaciones positivas-concretas, sobre una sociedad poscapitalista. Si hay alguna presencia del judaísmo en su obra, es justamente ésta: la prohibición de la imagen. Hablar, como Frey, de lo “misionario” como algo judío, lleva la confusión a su extremo, ya que ésta es una de las diferencias clave entre el judaísmo y el cristianismo: el primero desconoce por completo la idea y práctica de insistir o forzar a otros a integrarse a la propia religión.
Nietzsche se hubiera muerto de risa por tanta confusión presentada en tono de gran seriedad académica.
Atentamente
Doctor en filosofía Stefan Gandler








