Es un espejo. La película Crónica de un desayuno, adaptación de la obra teatral homónima de Jesús González Dávila, muestra “cómo somos los mexicanos en el Distrito Federal”.
Sin rodeos, el director del filme, Benjamín Cann, aclara que la historia no es una propuesta para un cine mexicano nuevo, sino una forma de ver la vida.
Es su primer largometraje, aunque ya cuenta con una ardua trayectoria como realizador de telenovelas. En ese episodio cinematográfico no estuvo solo. Realizó el guión con Sergio Schmueler.
Hace ocho años los actores María Rojo y Bruno Bichir le enseñaron el texto del dramaturgo González Dávida, fallecido en mayo pasado. Desde entonces surgió el proyecto y sólo le interesó el primer acto -el segundo quedó fuera de la cinta- por la manera nostálgica de referirse a la familia y su tratamiento sórdido.
Cann asegura que no hubo presión por parte de González Dávila en el guión y la filmación:
“Gozamos de una absoluta libertad. El guión se lo dimos a Jesús para que lo leyera y tuvo sus brillantísimos comentarios, algunos los tomamos en cuenta y otros no. Fuera de eso, el dramaturgo se presentó un par de veces en el rodaje a desearnos suerte, a echarnos buena vibra, fue muy generoso en todo el proceso.”
En la película hay más personajes que en la obra teatral. Fue más allá de lo que González Dávila contó. Cann -nacido en el Distrito Federal en 1953- plasma su visión sobre la familia mexicana en el fin de milenio.
Según él, se narra la historia de una familia sin posibilidades amorosas -alrededor de ella sí se dan, en los departamentos de arriba, de al lado y de abajo-, y sus miembros no se dan cuenta. Relata:
“A través de esa familia intentamos contar cómo somos los mexicanos de la Ciudad de México, una mirada obviamente de autor, particular. Planteo que nos hemos vuelto inconscientes frente a lo que nos aqueja esencialmente. Las dificultades que tenemos alrededor preferimos evadirlas, borrarlas, fingir que va bien la cosa, y como no buscamos una solución real no nos daremos cuenta que sólo juntos podemos mejorar nuestra forma de vida, una Secretaría de Hacienda que funcione para nosotros, líderes que nos gobiernen como queremos y no como a ellos les conviene. Aquejados por todo eso, buscamos un pequeño refugio, la familia, ahí es donde está la esencia de nuestra formación social.”
Por ello, Cann se centró en la familia que vive en medio de esa ingenuidad, donde nadie realmente sufre “porque la inconsciencia da esa ventaja. Se puede evadir la realidad de tal manera que no se note que se sufre porque frente al sufrimiento prefieres reír, cantar y bailar, como lo hace uno de los personajes, en lugar de afrontar el problema, agarrarlo por los cuernos y resolverlo. Eso nos hace una forma de vida más libre y no nos lleva a nada. Así es esta familia. Entonces a cada uno de los personajes empezamos a volverlos simbólicos de todo ese grupo de mexicanos de los que queríamos hablar”.
-¿Considera que la finalidad es resaltar esa inconsciencia?
-Sí, nos conformamos, eso nos pasó a los mexicanos. Al pensar en el tráfico de vehículos en las vías públicas, decimos frases como “es el costo por vivir en una ciudad como esta”. A mí me falta el agua en mi casa por lo menos dos veces a la semana, se va la luz, las calles son una porquería, pero ya asumo que eso es por residir en esta ciudad. ¿Por qué vivimos tantos y siguen llegando tantos a la ciudad? Porque creemos que hay más oportunidades de empleo, y los que contamos con un empleo pensamos que a lo mejor mañana lo perderemos, con eso vivimos los habitantes de esta ciudad.
“Tenemos miedos concretos: mantener a la familia, conservar el trabajo, en fin. Un hombre sin trabajo es un hombre sin dignidad. Entonces cada uno de estos personajes tiene un pequeño miedo que es el motor en su vida.”
Apego a la realidad
Cann reflexiona, ve a la gente que camina frente a uno de los foros de Televisa San Ángel, y señala a Proceso:
“Hay un niño que desconfía de los adultos por mentirosos y roba porque piensa que su padre los abandonó por la falta de dinero. Trae las bolsas llenas de cosas que se roba por si algún día le sirven o a lo mejor con eso evita que su padre se vuelva a ir. Piensa todo el tiempo qué pasaría si se queda solo. El miedo más común de los mexicanos. Cuestionamos: ‘El día que pierda mi trabajo nadie me va ayudar’.”
Del personaje de la madre, expresa que es amorosa aunque fue abandonada, engañada y traicionada, pero acepta el regreso de su pareja a cambio de un poco de cama, de un poco de amor.
Sin embargo, prosigue, al darse cuenta que eso no la lleva a nada se siente más sola y llora, luego mejor ríe, canta y baila; se deja llevar por la nostalgia, al bolero con el que fue seducida años atrás.
El padre regresa porque no tiene otra opción, “no desea construir algo y en ese refugio invade las individualidades de todos. El hijo mayor es un golpeador y ni lo sabe hacer, no obstante juega en su grupo social a que eso es, mientras le crean. La hija quiere irse de su casa pero nunca se va”.
El cineasta se apasiona y profundiza:
“Nuestro problema no es el tráfico de vehículos, ni la corrupción, como nos hacen pensar, sino el no creer que haya una posibilidad de solución para una vida mejor en lo social, político, económico, incluso amoroso. Los personajes hacen que se reflexione en todo eso.”
-Hay una metáfora muy fuerte.
-Sí, a un hombre le cortan su miembro, por supuesto es un símbolo en la película. Eso nos hicieron a los mexicanos y lo seguimos buscando a ver si algún día damos con él o nos vuelve a crecer para poder tomar decisiones como hombre en el sentido figurativo: ponernos el pene por delante y decirle a los bandidos “ya no robarás”, a nuestros líderes “te organizas y organiza mi ciudad porque para eso te pago”, en fin.
Benjamín Cann formó un destacado elenco con Damián Alcázar, José Alonso, Angélica Aragón, Bruno Bichir, Odiseo Bichir, Héctor Bonilla, Julieta Egurrola, Jesús Ochoa, Eduardo Palomo, Fabiana Parzabal, Arcelia Ramírez, María Rojo, Salvador Sánchez y Roberto Sosa. La fotografía estuvo a cargo de Serguei Saldívar Tanaka, al frente de la música Jacobo Lieberman, y la edición fue realizada por el mismo Can junto con Carlos Bolado, director de Bajo California, el límite del tiempo.
“Fue una cinta de muchos ensayos -subraya- y nada se complicó a pesar de los compromisos de cada actor. Ellos estudian y trabajan como si fueran principiantes. Se clavan de cabeza en un proyecto con gran compromiso. En siete años se desarrolló el proyecto, pasaron cuatro meses y luego 27 días de rodaje, todo se realizó con casi 1 millón de dólares”, cuenta el director.
La película, producida por el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), Producciones Escarabajo, Bruno Bichir, Argos y FFCC, se estrena el 4 de noviembre.
Se le comenta al realizador que algunos críticos han dicho que el filme es surrealista. Enseguida puntualiza:
“Todo sucede en un departamento, en 15 minutos, por la mañana. Sí la película te atrapa entenderás qué sucede en el corazón y el pensamiento de los personajes. Nunca buscamos elementos surrealistas pero sí añadí elementos que me ayudaran a exacerbar el comportamiento y la visión de los personajes. Entonces más que surrealista es una cinta expresionista en la que los sentimientos y comportamientos de los personajes son exaltados, con el fin de lograr una deformación. El tiempo y el espacio se manejan relativamente.
-Llama la atención que los personajes se apegan a objetos.
-A cosas muy peculiares: El hermano mayor a un sillón, la mamá a su reloj pero nunca acaba por ponérselo. El niño a un radio, en fin, elementos que son absurdos como absurda es la conducta de esos personajes y por eso funcionan así esos elementos.
Una cinta distinta
Crónica de un desayuno dura 120 minutos y se desarrolla en un departamento de la colonia Narvarte.
“Si se busca encontrar una anécdota clara -dice- el espectador se va a aburrir. No cuestiona, es para reírse un poco. Los que hicimos el largometraje pensamos, sin convicción, que hay un gran público para este tipo de historias.”
Buscó una narrativa diferente. Usó siempre la cámara en mano con cortes muy abruptos. Creó la sensación de espiar un poco, “la cámara toma decisiones arbitrarias y, si no le interesa esta acción, se va a buscar a otro personaje. Como es una forma de ver la vida, eso dictó que toda la narración fuera de otra manera. Es diferente del cine que vemos”.
-¿Se propuso hacer un planteamiento diferente?
-No. De hecho la misma palabra propuesta me parece pedante e inútil, mi finalidad era contar una historia y hay muchas cosas que las haría diferentes si las volviera a filmar, como me pasa con todos mis trabajos.
-En la cinta se percata siempre una desesperanza.
-Estamos en la desesperanza, aunque a veces somos capaces de burlarnos de ella, afortunadamente. Nos esperan tiempos más difíciles, ninguno de nosotros confía en nuestras instituciones y no creemos ya en nosotros mismos.
Recalca:
“Como esta familia no hay ninguna otra, pero está cargada de todas las sensaciones que nosotros pensamos que conforman a todas las familias mexicanas.”








