De acuerdo con el calendario de la Consulta Cultural propuesta por el historiador Enrique Krauze al presidente electo Vicente Fox, los medios de información que se sumaron a la iniciativa deben publicar hoy el cuestionario de la encuesta pública.
El jueves 31, en un acto en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, la propuesta fue dada a conocer por Sari Bermúdez, coordinadora del programa de cultura del presidente electo, con la presencia de éste.
Así, cientos, tal vez miles, idealmente millones de personas harán llegar sus respuestas a las siguientes dos preguntas:
-¿Cuál es su opinión de los organismos culturales del gobierno federal?
-¿Qué cosas buenas para la cultura no está haciendo ninguno de los organismos anteriores?
Sin embargo, la primera no resulta tan abierta -se comentaba en los pasillos de la sala-, pues se seleccionaron sólo 11 instituciones: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Instituto Nacional de Bellas Artes, Instituto Nacional de Antropología e Historia, la distribuidora de libros Educal, Estudios Churubusco Azteca, Fondo de Cultura Económica, Instituto Mexicano de Cinematografía, Radio Educación, Canal 22, Canal Once, y Centro Cultural Tijuana (poco conocido en el centro y sur del país).
Quedaron fuera, por ejemplo, la Cineteca Nacional, el Centro Nacional de las Artes y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), entre otras.
Y aunque los participantes tienen espacio para expresar opiniones, se les da a elegir entre seis respuestas:
-OO: “Ni sabía que existía”;
-O: “Sé que existe pero no tengo opinión”;
-A: “Tengo una opinión más bien favorable”;
-B: “Tengo una opinión intermedia”;
-C: “Tengo una opinión más bien desfavorable”;
-X: “En mi opinión debe desaparecer”.
La agenda establece el 18 de septiembre como límite para recepción de respuestas en las oficinas de Sari Bermúdez (Reforma 525). Vendrá, luego, el análisis y procesamiento de los datos obtenidos, por la empresa Gaos y la publicación de los resultados el domingo 24 de septiembre.
El martes 5 iniciará una segunda encuesta, ésta ya dirigida a especialistas con currículum “que los acredite en las materias” en las que participarán con los siguientes temas: modificaciones a las leyes, instituciones, planes de trabajo, dependencias internas, sueldos, gastos, etcétera, y candidatos a funcionarios culturales.
Luego de realizar el mismo proceso de recopilación y análisis que el de la consulta al público en general, los resultados se publicarán el 8 de octubre.
Todo con la promesa de formular el programa de cultura del gobierno que encabezará a partir del próximo 1 de diciembre Vicente Fox.
Ni cuates ni camarillas
La idea de esta magna consulta surgió del historiador Enrique Krauze durante una ausencia obligada de Sari Bermúdez.
Pero mientras la exconductora expresó recientemente a Proceso su intención de ocupar un puesto en la próxima administración cultural, el historiador insistió ante los medios en descartarse:
“El trabajo de quienes hacemos Letras Libres empieza y termina hoy”, dijo luego de la presentación de la consulta en la sala Manuel M. Ponce del Palacio, aludiendo a que sólo pasaba la estafeta del ejercicio al equipo de Bermúdez, y él no aceptaría -ni a la luz ni a la sombra- dirigir organismo cultural alguno.
Evocando, sin mencionarlas, épocas como la del gobierno de José López Portillo -cuando su hermana Margarita intervino decisivamente en asuntos culturales-, Krauze definió los objetivos de la consulta. En pocas palabras, el autor de Mexicanos eminentes y director de la editorial Clío, expresó que se trata de evitar que amistades, parientes o hermanos de los presidentes tengan preponderancia “indebida” en la cultura.
Y aunque reconoció la labor de Rafael Tovar y de Teresa al frente de Conaculta y el trabajo del Fondo de Cultura Económica, advirtió que no son las camarillas las que deben decidir qué se debe mejorar en la cultura, sino el lector, el radioescucha y el televidente, “protagonistas de esta consulta”.
Quedarían atrás, entonces, los enfrentamientos entre grupos, como el que protagonizaron Nexos y Vuelta, durante la presidencia de Víctor Flores Olea en Conaculta, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.
Pero de acuerdo con el formato de las encuestas, por lo menos la de los especialistas es más abierta, y por ello podría pesar más en las decisiones de la próxima política cultural de Estado. Tienen la posibilidad de plantear propuestas concretas, en uno o más de los temas de su interés, y hasta poseen espacio para dar “información confidencial” con la garantía de que su nombre se mantendrá en el anonimato.
Ya se han escuchado quejas entre algunos creadores con menos reconocimiento sobre las llamadas “élites intelectuales”, en el sentido de que las decisiones del creciente equipo cultural de Fox las toma “un grupo de expertos”.
Todas las voces
Krauze insistió en defender el espíritu “democrático” de la consulta, y rechazó que partiera de un grupo de asesores alrededor de Fox.
Ciertamente no fue de un grupo de asesores, pues como lo indicó Bermúdez, cuando ella regresó de un viaje se encontró con que debía ponerse al tanto en el conocimiento del proyecto que el historiador había presentado directamente al presidente electo. No obstante, el escritor sopesó que no se trata de “repartir el queso” de la cultura. Y ofreció que todos tendrían voz y voto “en el sentido de poder llenar uno de los cuestionarios”.
Es decir, el público.
Y mencionó a Proceso una parte del discurso leído por Fox el jueves en el Palacio de Bellas, que textualmente decía:
“Deberán participar todos, desde el creador vanguardista hasta los artesanos y los visitantes de una Casa de Cultura en un lugar apartado.”
En la sala Manuel M. Ponce, llena más allá del tope, había escritores, artistas plásticos, arquitectos, gente de danza, de teatro, de cine. Entre ellos Guillermo Sheridan, Sebastián, Manuel Felguérez, Abraham Zabludovsky, Gladiola Orozco, Lilia Aragón, Ernesto Rimoch y Arturo Enrique Diemecke, director de la Orquesta Sinfónica Nacional.
Hicieron acto de presencia, también, funcionarios del Conaculta, desde su secretaria técnica, María Cristina García Cepeda; José Luis Martínez, del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes; Teresa Franco, del Instituto Nacional de Antropología e Historia; Alfonso de María y Campos, director de Publicaciones, y Gerardo Estrada, director del Instituto Nacional de Bellas Artes, hasta el mismo Rafael Tovar, quien recibió con amplia sonrisa y efusivo apretón de manos a Vicente Fox, aunque después se retiró por “tratarse de un acto del nuevo gobierno”.
El presidente electo visitaba, por primera vez con esa investidura, el símbolo de la cultura y el arte nacionales. Y aunque Krauze definió el evento como sólo una presentación de la consulta, el despliegue de seguridad fue más que notorio:
A los arcos detectores de metales de la entrada al Palacio se añadió uno tercero cerca de la escalinata. Jóvenes de cabello corto se encargaban a los lados de revisar, incluso metiendo la mano, portafolios y bolsas. Otros se ocuparon de despejar la entrada a la sala Manuel M. Ponce y de evitar que, al finalizar el acto para Vicente Fox, los periodistas lo abordaran. Fox iba acompañado por Carlos Flores Alcocer y Santiago Creel, entre otros miembros de su equipo de transición.
Los artesanos, aludido por el presidente electo como parte de la consulta, no estuvieron en Bellas Artes. Y del área de Culturas Populares sólo se destacaba el director de la dependencia que lleva ese título en Conaculta, José N. Iturriaga.
A pregunta expresa de este semanario, Krauze no consideró esencial la presencia de estos creadores artesanales en Bellas Artes, porque no se trataba de una toma de posesión, sino sólo de la presentación de la encuesta, que, de cualquier forma, se haría circular nacionalmente a través de los medios.
-Usted está participando directamente en el proyecto. Los artesanos ¿no están excluidos de la gestión cultural?
-Insisto: es justamente lo contrario. Mi única participación es haber creado la encuesta. Bueno: somos culpables de haberla creado, eso es todo. Si se le hubiera ocurrido a alguien más, bienvenida, se nos ocurrió y la dimos, y el artesano al que se hace referencia será escuchado pero en esa encuesta.
Desde su presentación, el proyecto de Krauze fue objeto de polémica. No faltaron miembros de la comunidad artística e intelectual que se acercaron a felicitar al historiador por su idea.
Pero al término del acto, los medios le cuestionaron duramente la capacidad de sistematizar la información, la ambigüedad en el planteamiento de las preguntas, las verdaderas aportaciones de la consulta y la capacidad de incorporar los resultados a los planes de trabajo del equipo foxista.
Krauze sencillamente apeló a la “voluntad” de los medios para instrumentarla y publicarla el domingo 3. Dar respuesta a las demandas ciudadanas será problema del próximo gobierno, dijo, y confió en que no los intelectuales no pretenderán incidir en su favor mediante la encuesta, pues “no habrá fraudes culturales”.
En entrevista con este semanario, el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda, director de la Sogem, señaló recientemente la “indeclinable” función de rectoría que corresponde al Estado en materia cultural. Dijo entonces que estaba bien ciudadanizar organismos como el IFE o la Comisión Nacional de Derechos Humanos, pero no la cultura.
“Quiero imaginar quiénes serían esos notables ciudadanos que dispusieran del patrimonio histórico del país o de la política que debiera ser del Estado.”.
El historiador no coincidió:
“Ya tenemos demasiadas experiencias en el siglo XX de un Estado que no sólo es rector, sino dictador de la cultura.”
Además, puso en duda que el dramaturgo estuviera entre quienes piensan que el Estado debe regir la cultura, y añadió:
“Yo creo que él estará de acuerdo con que también la cultura debe tener un componente democrático.”
Para Sari Bermúdez esa diferencia con su asesor le “encanta” porque la obliga a repensar las cosas; y aseguró que Rascón Banda está abierto a experiencias de ciudadanización como la emprendida por el gobierno colombiano en la creación de su Ministerio de Cultura a cargo de Ramiro Osorio.
Acerca de la incorporación de los resultados de las encuestas al próximo programa de cultura en un lapso menor a los dos meses, la exconductora recordó que no será “borrón y cuenta nueva”, sino que muchas políticas ya están definidas y se retomarán.
La consulta servirá, dijo, para conocer en que áreas la gente no está satisfecha, y modificarlo. Anticipó que podría llegarse, mediante los resultados, a la desaparición de algunos organismos, o quizá a la creación de una secretaría, si así lo pidiese la mayoría.
No es, sin embargo, la primera consulta que se hace para definir un programa cultural. Cada nuevo gobernante la ha hecho. Precisamente, al inicio de la presente administración, el propio Rafael Tovar encabezó un ciclo de foros, cuyos resultados demandaban, entre otros asuntos, la necesidad de definir un marco jurídico para el Conaculta, pendiente hasta hoy. (Proceso, 964)
Para la numerosa concurrencia, que en varias ocasiones aplaudió las intervenciones de Sari Bermúdez y del mismo Fox, no pareció haber duda: hay esperanzas, muchas esperanzas.








