Son mil millones de libros de texto gratuitos repartidos a 40 generaciones de alumnos de la escuela primaria. Han pasado cuatro décadas, desde el momento (1959) cuando el secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet, le diera la misión a Martín Luis Guzmán de conducir la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito, y sólo ahora podemos hablar de su renovación profunda.
Elisa Bonilla Rius, directora general de Materiales y Métodos Educativos de la Secretaría de Educación Pública y actual encargada de la publicación de todo el material educativo y los libros de texto gratuitos, expone a Proceso:
“Desde 1993 hay una política de permanente revisión de los libros. Tenemos tres generaciones de libros, y en las dos generaciones anteriores no se dio una revisión. Por eso había libros que durante 20 años salieron con la misma errata.”
En contraste, señala la candidata a doctora en Educación Matemática por la Universidad de Cambridge:
“Hoy hay una actualización temática y metodológica en los libros que abarcan aspectos pedagógicos, sin omitir la renovación de su presentación editorial y de su diseño. En la actualidad los muchachos se fascinan por lo visual, y esa innovación se ha incorporado a los libros, por ello se ha puesto hincapié en la imagen.”
Subraya la distinción de los libros de texto para primaria y los destinados a la
secundaria:
“Por muchos años la secundaria se ha apoyado en los libros de texto comerciales, ahí el trabajo de la SEP consiste en autorizar esos libros. Hay el acuerdo 236 de 1993 que da los lineamientos para
hacerlo.”
Relata que a partir de que la educación secundaria se hace obligatoria, existe interés de la SEP y la sociedad para lograr la gratuidad del libro de texto en ese nivel educativo. Entonces, manifiesta:
“Hay un sistema desde hace cuatro años para distribuir libros de texto no a los alumnos, sino a las escuelas, éstos son comprados por la SEP a las editoriales privadas, y está cubierta casi 90% de la matrícula.”
Resume:
“Son dos universos distintos, con una política de gratuidad diferente. El libro de secundaria no es de Estado porque son firmados por autores y la SEP los adquiere de las editoriales comerciales. Aunque ellos se tienen que apegar a un programa y a un enfoque pedagógico, no queremos que escriban un libro que sea el clon del otro, pues deseamos interpretaciones imaginativas. No tiene caso tener libros exactamente iguales.”
A ella le parece un acierto la política de la SEP al atender la educación sexual y el desarrollo humano de los niños y de los
jóvenes:
“En el caso de primaria, el tema de sexualidad sólo se trataba en sexto grado, y desde el punto de vista biológico urgía un cambio para tratarla en un sentido más amplio y abarcarla no sólo en las partes fisiológicas, sino bajo la luz de la psicología y la ética. En el caso de la secundaria, hasta 1993 se abordaba en dos asignaturas: Biología y Orientación Educativa. La razón de incluirla en la asignatura Formación Cívica y Ética fue abrirle un espacio más importante en la formación del adolescente.”
Dueños de la verdad
El escritor Felipe Garrido, responsable de la Unidad de Publicaciones Educativas de la SEP y también director de Literatura de la UNAM, juzga como “loable” la política de distribuir los libros de texto; sin embargo, se pregunta si en efecto éstos se leen y se comprenden por los millones de alumnos. Para él no hay una forma o mecanismo de cómo han sido recibidos esos libros. Hace manifiesta su duda sobre si los alumnos de la actual matrícula han superado el esquema de memorizar en lugar del de comprender.
A contracorriente, Bonilla pide dejar de ver el libro de texto como algo estático, y replica:
“Recibimos muchísima correspondencia. Tenemos cartas de maestros, alumnos, padres de familia y de expertos. Una buena parte del trabajo que realizamos consiste en revisar esas misivas y responderles.”
Va más allá cuando señala y ve en los actuales libros un detonante que orilla a los alumnos a la investigación y la consulta de otras fuentes.
Luego de considerar que los libros de texto son para muchos adultos “una primera información básica”, resalta:
“Aunque la escuela secundaria es considerada educación básica y obligatoria desde el año 1993, ya han pasado siete años y creo que es el momento nacional de repensar qué se quiere decir con la educación secundaria.”
Defiende la vigencia del libro de texto:
“Proporciona a las familias con niños en la escuela primaria una primera información. Una biblioteca familiar a la mano y producida a bajo costo. Son libros sin la característica de indoctrinar porque ofrecen información y permiten a los niños la opción de tomar sus propias decisiones.”
Lilian Álvarez de Testa, doctora en Filosofía de la Educación y asesora del secretario de Educación Pública, dice:
“Hoy los niños y las niñas deben tener una versión coherente, una versión sobre las cosas para tener una estructura en la cual acomodar y discriminar lo que les ofrecen los medios de comunicación, que es un mensaje incongruente.”
Exalta la contribución de la escuela, pues asegura que conduce a los alumnos a comprender el mundo:
“Los maestros y los libros son hilo conductor que los hacen tomar distancia y les revelan que existen otras fuentes de información; con eso producen críticos con sistema, no críticos por desconfianza o por pose. Dueños de una manera para acercarse a la verdad y construir sus propios códigos éticos.”
A su vez, Bonilla argumenta:
“Uno de los propósitos contenidos en los libros es el de contagiar a los discípulos la idea de considerar su futuro como proyecto de vida.”
Por eso se les recomienda a los maestros y a los padres de familia explicar a los muchachos y las muchachas “que un embarazo prematuro cancela la posibilidad de continuar los estudios, que la adicción al alcohol y las drogas interrumpe la vida, y que la violencia contra los demás conduce a la cárcel, la muerte y la marginación.”
A la especialista no le extraña, en el caso del aborto, la actitud de los autores de los nuevos libros de secundaria que lo abordaron en términos distintos, pero apegados a lo que la ley mexicana establece. Otros autores decidieron no hacerlo. De ello, asegura:
“La SEP considera que ambas posturas no estaban fuera de la temática, el problema existe y una de las formas de abordarlo es profundizar en la información y el conocimiento de la sexualidad.”








