Polémica abierta entre especialistas El gasto educativo en tiempos de Zedillo: las cifras no cuadran

Las cifras sobre el gasto en educación durante el gobierno del presidente Ernesto Zedillo no cuadran de un informe de gobierno a otro, y mientras la Secretaría de Educación Pública (SEP) sostiene que se han destinado más recursos a ese renglón, Manuel Ignacio Ulloa, miembro del Centro de Estudios en Economía de la Educación y del Observatorio Ciudadano de la Educación, señala que han disminuido.
En el anexo del cuarto informe de gobierno -página 202- aparece el rubro Otras secretarías, el cual contiene la inversión en educación realizada por todas las dependencias federales -excluyendo a la SEP-, como las Secretarías de la Defensa Nacional, de Agricultura, de Energía, etcétera. Según ese informe -correspondiente a septiembre de 1998-, durante 1996 se invirtieron en ese rubro 12 mil 665 millones de pesos; en 1997, 16 mil 591 y durante 1998, 16 mil 735.
Esos datos fueron impugnados cuando la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados organizó, en mayo de 1999, el foro La educación básica en el nuevo milenio, en Guadalajara. En la mesa de financiamiento de la educación se presentaron ponencias de Manuel Ulloa y del subsecretario de Planeación y Desarrollo de la SEP, Carlos Mancera.
Según la visión de Mancera, había un avance palpable en el financiamiento, mientras que Ulloa habló de atraso. Uno de los desacuerdos principales era que los datos enviados por el presidente Zedillo a la Comisión de Educación en informes programáticos y analíticos, para que el Congreso estudiara la aprobación del presupuesto educativo, no cuadraban ni se acercaban a los mismos datos presentados en el cuarto informe de Gobierno.
El análisis de esa información lo realizó Ulloa, por encargo de la Comisión de Educación, y sus resultados fueron publicados en el número 6 de la revista Crónica Legislativa de la Cámara de Diputados.
Posteriormente, en el quinto informe de Gobierno se dieron a conocer otras cifras. Según los nuevos datos -página 215 del anexo-, el gasto educativo en Otras secretarías se realizó de la siguiente manera: En 1996, 6 mil 820 millones de pesos (5 mil 845 millones menos de lo establecido en el cuarto informe); en 1997, 8 mil 450 millones (8 mil 141 millones menos), y en 1998, 2 mil 383 (14 mil 352 millones menos). En total, 30 mil 634 millones de pesos menos de lo que se había informado un año antes.
También se encontraron datos diferentes en la inversión presentada en el cuarto informe en Educación superior y posgrado. En septiembre de 1998, se informó que se habían destinado a ese rubro, en 1996, 17 mil 415 millones; en 1997, 20 mil 352; y en 1998, 23 mil 811. Sin embargo, en septiembre de 1999, las cifras cambiaron: en 1996, 13 mil 687 millones (3 mil 782 menos); en 1997, 15 mil 819 (4 mil 533 menos), y en 1998, 18 mil 528 (5 mil 283 menos). O sea, 13 mil 598 millones menos.
Sumadas las diferencias entre ambos informes en los rubros Otras secretarías y Educación superior y posgrado, el gasto en educación se reduce en total en 44 mil 232 millones.

Sumas y restas

Manuel Ulloa asegura que esa disminución le sirvió al presidente para tratar de conciliar lo que dio a conocer a los diputados en los informes programáticos y analíticos y lo que presentó en su cuarto informe de Gobierno. Explica que como era necesario que el gasto global en educación no variara, “probablemente se tuvieron que modificar de un plumazo otros rubros, aumentando artificialmente los montos”.
Así, encontró también cambios en la inversión en educación  registrada en el renglón Estatales y Municipales. Según el cuarto informe, en 1996 se gastaron 10 mil 590 millones de pesos; en 1997, 13 mil 769, y en 1998, 17 mil 882. Sin explicación, en el quinto informe cambian las cifras drásticamente: en 1996, 20 mil 227 millones (9 mil 637 más que en el cuarto informe); en 1997, 27 mil 720 (13 mil 951 más); y en 1998, 36 mil 278 (18 mil 396 más).
Sumados los tres años, la diferencia entre el cuarto y el quinto informes es de 41 mil 984 millones más en el gasto efectuado en los estados y municipios, lo cual vendría casi a compensar lo quitado a Otras secretarías y a Educación superior y posgrado (44 mil 232 millones), en el mismo período.
Las cifras tampoco cuadran con la información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Según el informe sobre las finanzas públicas estatales y municipales, elaborado y publicado por el INEGI, y cuya fuente son las cuentas públicas enviadas a los Congresos locales, en 1996 el gasto total en los estados en educación fue de 5 mil 905 millones. Pero en el cuarto informe se dice que esa misma inversión fue de 10 mil 562 millones, y en el quinto informe se cambia la cifra, elevándola a 20 mil millones.
En entrevista, el subsecretario Mancera reconoce que el manejo de estas cifras comparadas con las de la SHCP y entre ambos informes del presidente, fue un error. Indica que no fue una acción de mala fe, o con dolo, sino simplemente no se contaba en esos años con la metodología necesaria para recabar la información correcta.
“Antes se enviaba a un analista a las representaciones de los gobiernos estatales en el DF, por ejemplo, y preguntaban cuánto había gastado su estado en educación. No había suficiente cuidado para recabar la información.”
-Sin embargo, las cifras fueron dadas como ciertas por el presidente de la República…
-Pues, sí.
A pregunta expresa sobre qué pasó con las diferencias que se le quitaron a Otras secretarías y a Educación superior y posgrado, el funcionario responde: “Ese dinero no se gastó. Simplemente se calculó mal la asignación”.
También asegura que es sólo coincidencia que las cantidades quitadas contra la agregada sean similares en monto.
Ulloa, sin embargo, dice que si existe imprecisión en las cantidades de distintos rubros en los informes de gobierno, está en duda el monto del gasto federal y, también, las cifras difundidas del porcentaje del PIB destinado al gasto en educación federal.
Mancera explica que durante este año se está utilizando una metodología más confiable para obtener la información que no ha podido cuadrarse hasta ahora.
“Esta nueva valoración -dice-, hay que reconocerlo, se lleva a cabo también porque ahora hay más interés de distintos sectores de la población por conocer de estos temas. Antes a nadie parecía importarle.”

Más discrepancias

El presidente Ernesto Zedillo ha informado que la inversión en educación ha sido creciente durante su mandato, y para este año anunció un incremento real en el gasto educativo de 22%, con 216 mil millones de pesos, en precios corrientes, que significan 64 mil 240 millones en precios constantes.
En cuanto al gasto educativo total, que incluye el aplicado a Otras secretarías, el gobierno federal invirtió 64 mil 871 millones en precios constantes en este año, apenas 4 mil 819 millones más que en 1994, lo que refleja un crecimiento real de 8% durante todo el sexenio.
Ulloa, en su análisis “El financiamiento de la Educación Pública en la administración del presidente Ernesto Zedillo, 1995-1999”, concluye que este sexenio se caracterizó por asignar recursos menores en términos reales en materia educativa a lo que destinó en su último año en la administración de Carlos Salinas.
Explica que luego del error de diciembre de 1994, el gasto federal en educación mostró sólo una recuperación gradual que no alcanzó el nivel de gasto que se tenía en 1994. Además, la población aumentó y esto hizo que disminuyera el gasto por alumno.
En entrevista, Ulloa dice que las autoridades de la SEP hablan de que el gasto educativo se incrementó, pero toman como referencia el gasto de la SEP y no el Gasto Total Federal en Educación (GTFE).
Especifica que para poder comparar 1999 con 1994 fue necesario “deflactar” el Gasto Federal en Educación (GFE) a precios de 1993, el último índice emitido por el Banco de México. Es decir, cuánto se necesita gastar en 1999 para poder comprar lo mismo que en 1993.
Respecto del GTFE, la administración anterior invirtió 2 mil 523 pesos por alumno en 1994 y para el 2000 Zedillo invirtió 2 mil 489 pesos, es decir, que se está por debajo de lo que se invertía en 1994, con 34 pesos menos por alumno.
Mientras que en el gasto federal de la SEP, en 1994 se invirtieron 2 mil 193 pesos por alumno y en 1999 fueron 2 mil 250, es decir, un incremento de 57 pesos.
De esta manera, expone Ulloa, puede comprobarse que los incrementos reales que el Ejecutivo Federal ha propuesto en sus proyectos de presupuesto para todos los años de su administración, se han visto pulverizados por la inflación y han terminado en reducciones del GFE por alumno.
En el análisis de Ulloa, el Gasto Federal en Educación Básica (GFEB), que comprende a la población de cuatro a 14 años de edad, fue el único nivel que registró un aumento. En 1994 se invirtieron mil 521 pesos por alumno y para 1999 fueron mil 744 pesos, es decir, de 1994 a 1999 aumentó el gasto por alumno en este rubro 222 pesos.
El Gasto Federal en Educación Media Superior (GFEMS), que comprende a la población de 15 a 19 años, sufrió una disminución de 25% en el gasto por alumno, con excepción de 1997, cuando comienza la aplicación del examen único para ingresar a la educación media superior.
Es decir, en 1994 se invirtieron en educación media superior 2 mil 904 pesos por alumno; en 1997 fueron 2 mil 919, y en 1999, 2 mil 180 pesos, 14 menos que en 1994.
Y en el Gasto Federal en Educación Superior (GFES), que comprende a individuos de 20 a 24 años, el retraso fue aún mayor. En 1994 se invirtieron 10 mil 208 pesos por alumno, mientras que en 1999 fueron 5 mil 477 pesos, es decir, hubo una reducción de 4 mil 731 pesos.
En este caso de la educación superior, el subsecretario Mancera explicó que el cálculo de Ulloa es incorrecto, ya que no toma en consideración a la educación normal.
Ulloa respondió: “Efectivamente, no tomó en consideración a la educación normal en el nivel superior, ya que el gasto de la normal está comprendido dentro de la educación básica, por lo que no debe incorporarse en el nivel superior. Pero ahora podemos suponer que en este nuevo informe se incorpore el gasto normal a la educación superior”.
Según el investigador, el sistema educativo oficial ha podido seguir funcionando con escaso gasto público “porque los maestros ganan cada vez menos en términos reales. En mayo de 1994, un profesor de primaria con plaza inicial en el DF, percibió mil 523 pesos al mes a precios corrientes, y en mayo de 1998 ganaba 3 mil 538 pesos, también a precios corrientes. Aparentemente hay un notable incremento.
“Sin embargo, si se compara su salario a precios constantes, es decir, cómo la inflación ha afectado el poder adquisitivo, un maestro que en mayo de 1994 ganaba mil 536 pesos, en mayo de 1998 percibió mil 426 pesos, es decir, 97 pesos menos.”
Concluye:
“Definitivamente no hay, y menos aún en términos de gasto por alumno, un incrementó real en el gasto en educación como lo ha declarado el presidente Zedillo.
“Ni en el nivel de educación básica, en la que sí se aumentó en términos reales (1994-1999), se llega a lo expuesto por el mandatario de aumento real de 35.1%. Yo lo veo muy por encima de nuestras estimaciones.
“Y en el caso del nivel medio superior y superior, no hay un incremento en términos reales del gasto en educación federal, como ha sido declarado por el Ejecutivo Federal, sino ha registrado un marcado retroceso.”