Reflexión y prudencia Meditaciones personales

No fue un acto vibrante, como los hubo en la historia larga de los informes presidenciales. En éste prevalecieron la reflexión y la prudencia. Las intervenciones de los representantes de los principales partidos políticos contribuyeron a generar un ambiente de serenidad. El Ejecutivo concentró la información estadística y detallada en el informe escrito y optó por plantear al Congreso y a la nación su propia visión y versión de una etapa en la vida del país, que comenzó a cerrarse el 2 de julio pasado.
Por ello no surgieron los temas que muchos aguardaban, como Fobaproa y Chiapas y, en cambio, aparecieron en forma inusitada las meditaciones personales de quien ha conducido al país a lo largo de seis años.
El mensaje presidencial tuvo, con frecuencia, el tono de una confesión o de una confidencia. En todo caso se trata de una página importante en la historia moderna del país, que habrá que confrontar con otras páginas reflexivas, ya escritas o que pronto vendrán. El presidente destacó los problemas que debió enfrentar en el ámbito económico al principio de su mandato y los progresos alcanzados en la democracia electoral.
En efecto, los signos de recuperación en la macroeconomía son evidentes. Se remontó la grave crisis en 1995 en este ámbito. Por otra parte, las instituciones democráticas funcionaron con eficacia. Al cabo de las campañas y los comicios, quedan a la vista diversos resultados: hubo paz, habrá trasferencia ordenada del poder público, se afirmó la pluralidad y, como dijo el propio presidente, “unos ganaron y otros perdimos”. También aludió, como era necesario, a la influencia que pudo tener el desempeño del gobierno en los resultados electorales.
En todo caso, quedan a la vista del pueblo esta reflexión y este acto riguroso, austero, sin estridencia, en el que no estuvieron presentes ni los aplausos ni las interpelaciones ni las violencias que muchos temían. El acto dio testimonio de la nueva era, con cuanto tiene de certeza y de incertidumbre, y anunció un ánimo de civilidad ampliamente compartido por los diversos grupos partidistas que tienen presencia en el Congreso. Se dio la impresión de que fue también un mensaje de que los actores en este escenario procuraban moderar los parlamentos para evitar que este acto concluya y el próximo se inicie con enfrentamientos.
Fue notorio el espíritu de avenimiento mostrado por los panistas, si nos atenemos a las palabras de sus oradores, incluido el presidente del Congreso, que produjo un discurso inteligente. Otro tanto se puede decir de los priistas, bien representados en la posición que expuso Beatriz Paredes. Ella destacó -y era indispensable hacerlo- los avances notables del país en la amplia etapa cubierta por gobiernos priistas, ponderó las características que tendrá la acción del PRI en el tiempo venidero y contribuyó a tender puentes razonables, que, ciertamente, no excluyeron discrepancias bien fundadas.
Habrá que meditar más ampliamente en los pensamientos, las palabras, los sentimientos que aparecieron en ese acto. Concluyó con una sensación de alivio por la institucionalidad prevaleciente y abonó la consecuencia de que ha concluido un capítulo y comienza otro. En éste, cada partido deberá meditar y resolver su identidad, los riesgos que corre y las expectativas que tiene.