Emmanuel Carballo y Felipe Garrido, “chivas” de corazón: la crisis del Guadalajara, reflejo del país

Presa del infortunio, el equipo mexicano más popular de todos los tiempos, las Chivas Rayadas del Guadalajara, no levanta el vuelo. Por ello Emmanuel Carballo, escritor y crítico literario de origen tapatío, alza la voz y, en entrevista con Proceso, suelta la frase lapidaria: “Es una canallada lo que hacen”.
Refiere la actitud errática de sus directivos: “Fíjese, ahora quieren poner de entrenador al brasileño Mario Lobo Zagallo, un anciano del cual ya no podemos esperar nada”.
En el desasosiego lo secunda el narrador, traductor y editor Felipe Garrido, otro seguidor del Rebaño Sagrado:
“Cuando el Guadalajara gana y además juega bien, uno despierta al día siguiente poseído por una especie de alivio o alegría sin par. En contraste, verlo perder desconcierta y sólo se quiere llorar y compartir la desazón con miles de aficionados.”
En efecto, tras perder 3-1 ante el León, el Guadalajara permanece en el sótano. De ello, Carballo –autor de Protagonistas de la literatura mexicana–, asienta:
“Guadalajara aprende de la derrota. Mientras México no gane, no tiene porque ser un equipo triunfador. Si México pierde, el Guadalajara debe perder. Hoy deben ganar el América y el Cruz Azul que no representan a México. Las Chivas Rayadas son parte de la nacionalidad mexicana y símbolo del pueblo, por eso no pueden ganar si muchos millones de mexicanos permanecen en la extrema pobreza y a punto de sobrevivir de yerbas, sin carbohidratos, ni grasas, ni carne.”
Irónico, asevera:
“Sin duda, habrá cambios en la afición del Guadalajara, a últimas fechas la burguesía lo miraba interesada, pero al verlo sotanero lo dejará. Ocurrirá, entonces, que se reencontrará con los desheredados, los que siempre fueron sus adictos.”

El sótano

Carballo, cuya manera de hablar aún conserva un dejo jalisciense tras 40 años de abandonar Guadalajara y residir en la Ciudad de México, dijo en una entrevista efectuada por la poeta tlaxcalteca Citlalli H. Xochitiotzin:
“En los años cuarenta, cuando era niño, la única diversión posible era el futbol. Había dos equipos: el Guadalajara y el Atlas. El Atlas era el equipo de la gente rica y el Guadalajara el de la gente pobre. Y yo, que no era ni rico ni pobre, sino de clase media, opté por el Guadalajara, que representaba a la ‘raza de bronce’. Sus hinchas se identificaban con los desposeídos, estaban contra los posesores absolutos. Hoy sigo siendo un jalisciense típico y admiro a las Chivas. Esto quiere decir, en cierto sentido, que sigo siendo pueblerino.”
Proclive a señalar los errores humanos, esgrime:
“Venden a reservas como Nacho Hierro, lo mismo hacen con los titulares de cada posición y, dejan a dos viejitos como son Benjamín Galindo y Alberto Coyote. Contratan a Gustavo El Gusano Nápoles, corrido tres años antes por malo. Hay mala fe. La única justificación visible es que en dos años deben entregar el equipo y requieren abaratar el precio de sus estrellas y la plantilla no valga nada.”
Califica de “triste” la actual situación del conjunto futbolístico, cuyo origen se remonta a 1906 cuando se reunieron un grupo de amigos, integrado por mexicanos, franceses y belgas: “Está en el sótano y no tiene goleadores. No hay equipo”.
Recorre la trayectoria de la escuadra catapultada a la gloria por Jaime Tubo Gómez, El Jamaicón Villegas, Salvador Chava Reyes, Héctor Hernández, El Chololo Díaz, El Tigre Sepúlveda, El Cura Chaires, Ignacio Calderón, Chepo de la Torre y Ramón Ramírez:
“Primero era un equipo que estaba abajo en la tabla de posiciones. Luego fue el ‘ya merito’, por varios años consecutivos se aproximaba al campeonato. Por fin lo logró y fue el campeonísimo. Son tres etapas. Hoy volvió de media tabla para abajo, es decir, regresa a sus inicios. Así empezó el Guadalajara y, así va a terminar si los directivos no hacen algo importante.”

Isla de resistencia

El lazo emotivo entre el Guadalajara y Garrido surgió porque su progenitor en los años treinta fue jugador del equipo asentado en la capital de Jalisco:
“Pierda o gane el Guadalajara es una mínima isla de resistencia frente al horror: un país víctima de una feroz reconquista. Ahora que se achican los espacios independientes, cuando la mayoría de los ámbitos productivos, comerciales, de la cultura, el deporte y la educación son avasallados por las firmas globalizadoras del extranjero. Entidades como el Guadalajara dan la sensación de que algunas cosas aún están en nuestras manos. Veo al club como una suerte de territorio libre de América y  lo vislumbro más libre que Cuba.”
De 58 años, estima que clubes como Guadalajara o el América son de repente “asuntos de interés nacional por sus innumerables seguidores”:
“Sin duda, a una gran mayoría le importa que en 10 años el América no dé una o que el Guadalajara no pueda repuntar, y es que el interés no disminuye, basta ver cómo los otros equipos entienden la conveniencia de enfrentar a uno u otro para llenar los estadios. Nadie puede negar su abolengo y su lugar en el imaginario colectivo. Para un aficionado del Guadalajara su equipo siempre hará cosas sublimes sobre la cancha, y en el caso de uno del América ocurrirá lo mismo y tampoco lo cuestionará.”
Hace patente su desacuerdo con quienes juzgan inoperante mantener una planta de jugadores mexicanos:
“Me parece válido y efectivo en términos de publicidad y como estímulo a una afición seguidora de las Chivas, invariablemente fiel y entusiasta.”
Trata de explicarse los reveses de las últimas semanas:
“La impotencia para  ganar proviene de la incomunicación de los jugadores y los aficionados con los directivos. Entre ellos hay un divorcio.”
Abunda:
“Los aficionados quieren que el equipo gane los torneos, en cambio, los directivos sólo quieren obtener uno que otro triunfo para cotizar a sus jugadores y hacer negocio con ellos. El futbol profesional puede a ratos ser un espectáculo bellísimo, pero no deja de ser un negocio sucio y fraudulento.”
Diletante del futbol, creador de equipos en el Fondo de Cultura Económica y Conaculta, a la luz de la actual discusión de los problemas de conciencia, subraya:
“Es capital lograr desde el ámbito del deporte, la cultura y el mundo del espectáculo se generen valores ejemplares. No es verdad que éstos surgen sólo de la escuela. Porque los niños y los jóvenes también escuchan y remedan las conductas de las personas que han alcanzado notoriedad. Por ello, sean futbolistas o políticos deben considerar que son figuras públicas.”
Sopesa las perversidades que amagan al futbol profesional y la sordera de los directivos del Guadalajara, pero dice aún maravillarse –en un momento en que naufragan las ideas de soberanía, independencia e identidad–, “de que existan adictos a la pasión mexicanísima  por Chivas”.