La obra y el pensamiento de León Trotsky están vigentes.
Por ello, la discusión en su LX aniversario se situó en los escritos del homenajeado. Ahí, en el Museo Casa de León Trotsky, se dio a conocer que la editorial Juan Pablos, la Unidad Obrera y Socialistas (UníoS), el Frente del Pueblo (FP) y el mismo museo han reeditado La revolución traicionada, publicada por primera vez hace 64 años.
El estudioso del movimiento obrero Raúl Lescas, además de autor del prólogo de la nueva publicación, dijo sobre este texto de Trotsky, escrito en Noruega de 1936:
“La revolución rusa era el acontecimiento más importante del siglo XX, Trotsky la dirigió, participó en ella, pero aquí escribió por qué se había degenerado. Habla de la mentira que habían significado los juicios de Moscú para exterminar a la vieja guardia bolchevique.”
Además, se lee en su prefacio del libro:
“Anuncia el derrumbe del partido único del Estado soviético que finalmente ocurrió en 1990-1991. La URSS no existe más, el temible Partido Comunista de la Unión Soviética (el PCUS) tampoco; sus restos reposan en el basurero de la historia y, su sepultero, Stalin, es un incidente de la historia del cual ya nadie quiere acordarse más. Queda, sin embargo, uno de los últimos alumnos de los métodos totalitarios: Slodoban Milosevic, quien ha sido acosado por los trabajadores yugoslavos luego de desatar las más horrendas guerras contra Croacia, Bosnia-Herzegovina y Kosova en el corazón de Europa.”
También el escritor Adolfo Gilly participó en la ceremonia:
“Trotsky escribió en México algunos de sus trabajos importantes, pero hizo algo extraordinario y poco conocido: el contraproceso que hizo la Comisión Dewey. Es un libro impresionante, no sé si alguna vez se publicó en castellano, pero debería porque es sorprendente la precisión: Trotsky se propone demostrar su inocencia y destruir una por una las pruebas y las afirmaciones de Moscú a su respecto, trabajo que parece inútil, sin embargo, los años me enseñaron que es una de sus grandes obras.”
En el país realizó escritos, agregó Gilly, sobre la Unión Soviética, la situación mundial y la guerra que se aproximaba, continuó su análisis teórico de la Cuarta Internacional y su línea de pensamiento sobre arte, cultura y libertad.
“Se ocupaba de la cultura universal como una parte de la actividad intelectual y vital, esto se sintetiza en el manifiesto de la Federación Internacional de Artistas Revolucionarios que fundaron aquí Breton y Rivera, es un manifiesto que sigue vivo”, comentó.
Un pensador sensacional. Así califica a Trotsky el director del Museo Casa de León Trotsky, José Antonio González de León. Y en entrevista manifiesta:
“Tenemos a un personaje que va más allá de la propia revolución soviética, aunque haya sido el creador del Ejército Rojo y el responsable de las firmas de pactos de paz con la Alemania más agresiva que se ha conocido en toda la historia. Se preocupó por las condiciones de vida del ser humano. Se convirtió en uno de los personajes centrales para poder sostener lo que es la necesidad de la tolerancia, la pluralidad de las cosas y de no jugar en un mundo de absolutos.”
Pero para él hay mucho más en Trotsky:
“Habló del internacionalismo. Sus bases teóricas, e impulsó a promover una internacionalización, por otras vías, otros planos, pero remitiéndose a la misma complejidad que hoy se piensa como globalidad. Muchos jóvenes se deslumbrarían en reconocer en algunos escritos de Trotsky las dimensiones universales.”
El pintor Vlady (Vladimir Kiabalchich) cuenta por teléfono:
“Le pregunté a Siqueiros ‘¿cómo pudiste dispararle a Trotsky?’ Me respondió: No sabía quién era, lo leí por primera vez en la cárcel. Me asombré. Inmediatamente comprendí todo lo sucedido.”








