El director español se defiende, pero en Perú la rechazaron Cinta sobre Trotsky, según su nieto, muestra admiración por el asesino

Asaltar los cielos, el primer documental que filmaron los españoles José Luis López Linares y Javier Rioyo –realizadores de A propósito de Buñuel–, crea discusión.
La cinta, de 90 minutos, y que muestra las razones que llevaron a Ramón Mercader a asesinar a León Trotsky el 20 de agosto de 1940 en su casa de Coyoacán de la Ciudad de México, dividió al público asistente del Encuentro Latinoamericano de Cine de Lima, Perú, que se realizó a principios del mes.
Ahí se cuestionó que el filme humaniza a un asesino para demostrar cómo una ideología lleva al extremo de cometer un homicidio; además, se dijo que el hilo narrativo no induce al espectador a un veredicto sobre Mercader. Otros destacaron el rigor de la investigación para develar el rompecabezas de un personaje misterioso.
“El tono de la película es un poco de admiración a la imagen del asesino”, comenta a Proceso el nieto de Trotsky, Esteban Volkow, después del acto por el LX aniversario luctuoso del fundador y líder máximo del Ejército Rojo durante la revolución de octubre de 1917 en Rusia, realizado en el Museo Casa de León Trotsky el pasado 22 de agosto.
Respecto a las críticas negativas, el cineasta José Luis López Linares –con estudios de realización cinematográfica en London International Film School– comenta que se hizo lo contrario. Por teléfono, desde Madrid, España, aclara:
“Abordamos un poco la vida de Mercader y las razones que le llevaron a matar a Trotsky, más bien sobre las órdenes que recibió. Él lo único que tenía era una fe ciega en el comunismo ortodoxo, en el estalinismo de la época, y simplemente obedeció.
“No lo humanizamos, supongo que lo dice gente que no ha visto la cinta o no la ha entendido, pero en ningún otro sitio ha habido polémica, sólo en Lima. Contamos varios aspectos de su mamá, supongo que eso es humanizarlo.”
–Ramón Mercader nació en Barcelona, ¿qué se piensa de él en España?
–No es un personaje de culto. Se sabe de él por el largometraje, aquí ni existía, tampoco debemos saber quién es. Aprovechamos la figura de Ramón para hablar de otras cosas. Cuestionamos sobre las ideologías, la fe ciega en algunas ideas.
Hay varios propósitos con la película. Uno de ellos, menciona López, es entretener, “hemos procurado que sea un documental muy ameno, entretenido, con ritmo, sin pedirle al espectador un esfuerzo para entenderlo”.
Pero hace reflexionar “en la historia española y mundial de este siglo, no queremos hacer un héroe, ni de Mercader o Trotsky, de nadie”.

Un buen principio

Fue una “especie de locura” hacer Asaltar los cielos (poco vista en la Cineteca Nacional de México en 1997, un año después de haber sido estrenada en España). José Luis López Linares –director de fotografía de las cintas Latino jazz, de Fernando Trueba; Y tú qué harías por amor, de Carlos Saura, y No respires, de Juan Potau, entre otras–, junto con el periodista Javier Rioyo, formaron en 1994 la productora Cero en Conducta. Sobre su primer proyecto decían que era imposible hacer un documental.
“En todas partes le ha ido bien a Asaltar los cielos. Surgió la idea cuando el hermano de Mercader, Luis, volvió a España y tuvimos ocasión de conocerlo. La película estuvo seis meses en las salas de cine de Madrid, Barcelona y Valencia. Fue un éxito total y por eso seguimos haciendo esto”, expresa el también director de teatro y ópera.
Ahora cree que hay un rescate del documental, “ponen más dinero en los documentales, ya no se asusta la gente cuando se trabaja en una cinta de dicho género”.
A López Linares y Rioyo, nacidos en Madrid, el primero en 1955 y el segundo en 1952, siempre les intrigó el asesino de Trotsky:
“El camino que recorrió Mercader era poco previsible. Su familia formaba parte de la alta burguesía catalana, se crió en un ambiente adinerado antes de la guerra. Eran muy cultos, en su casa hablaban muchos idiomas. A final de cuentas, lo único que hizo en su vida fue matar a este político y pensador; después encarcelado en México y luego olvidado en Moscú, no tuvo una carrera ni oficio, nada. Entonces es un camino raro.”
Después, entre risas, confiesa que tanto él como Rioyo fueron trotskistas de jóvenes:
“Tuvimos una especie de ilusión de una época, pero todo era una especie de mentira, después de abrir los archivos de la exUnión Soviética realmente eran pocas las ganas de ser lenistas y trotskistas. Había una falta de información profunda.”
Los cineastas estuvieron en México en 1995 y entrevistaron, entre otros, a Esteban Volkow, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, algunos guardianes de la casa de Trotsky, un preso que compartió la cárcel con Mercader y una amiga de la familia que supo del romance entre Frida Kahlo y Trotsky.
“No hay un descubrimiento histórico –advierte–, sino pequeñas emociones en la forma de contar las cosas o pequeños detalles más familiares, más caseros. Lo histórico no nos interesaba, no buscamos algo nuevo, sólo otra forma de mirar la historia.”
–A 60 años de la muerte de León Trotsky, ¿qué opina de este personaje histórico?
–Luchó por el poder después de la muerte de Lenin y perdió. La especulación es: ¿qué habría sido de Rusia si hubiera ganado Trotsky? Seguramente no hubiera sido un asesino vicioso como Stalin, pero las condiciones del establecimiento del socialismo en la Unión Soviética lo hubieran impulsado a hacer cosas que parecían lejos de la capacidad de un viejito que murió en México. Fue un hombre de una gran capacidad intelectual, brillante, pero también había sido un hombre de acciones, llevaba toda una guerra, muy sangrienta, encima.
–Sobre Trotsky no hay mucho en el documental.
–Abordamos a Trotsky en México, no contamos ni su biografía ni su papel en la revolución, lo vemos como el profeta desterrado que era en ese momento. Nos centramos en cómo Mercader llega a asesinarlo. La República Mexicana tiene una gran importancia en el final de la vida de Trotsky.
Cuenta López que el próximo documental de Cero en Conducta es sobre los voluntarios en la guerra civil española. Participará en el Festival de Valladolid, en España. Se titula Extranjeros de sí mismos.

El recuerdo

Esteban Volkow llegó a México en octubre de 1939, hijo de Zina Bronstein (hija mayor del primer matrimonio de Trostky) y de Platón Volkow, asesinado durante “el terror estalinista”. Tranquilo, cuenta de su abuelo a este semanario:
“Era un hombre de gran vitalidad, jovial, con sentido del humor, generoso, activo, muy disciplinado y estricto en cuanto a disciplina.”
A través de los años, el ingeniero químico ve distintos los hechos que le tocaron vivir en Coyoacán, el atentado que en mayo de 1940 dirigió David Alfaro Siqueiros, con 20 hombres a su mando, y el asesinato de Trotsky:
“Visto desde lejos, no son vivencias gratas, sino dolorosas, pero es un privilegio haber sido testigo. Soy el único testigo vivo del último capítulo de la lucha política de León Trotsky. Son los hechos más importantes de la historia contemporánea: la defensa del proyecto socialista y del marxismo revolucionario contra sus delatores, falsificadores y usurpadores.”
Menciona que comenzó a aparecer con más frecuencia en homenajes de su abuelo después del gobierno de Gorbachov:
“Para dar mi testimonio histórico y restablecer la vida de Trotsky,  porque el estalinismo inundó de mentiras y calumnias la historia de Rusia, la escribieron a su gusto.”
En el homenaje efectuado en Museo Casa de León Trosky, Esteban habló de la vida del presidente del Soviet de Petrogrado en la Revolución Rusa de 1905, su destierro a Turquía, Francia y Noruega acompañado de su esposa Natalia Sedova y de su hijo León Sedov. Y dio más detalles de su exilio en México.
Al final, su garganta se cierra, las palabras le salen con dificultad:
“Después del atentado que encabezó Siqueiros, Trotsky decía: ‘el próximo no será idéntico’. Entonces entró en acción Jacques Mornard (Ramón Mercader). Fue muy hábil, invitaba a los guardias a comer, cuando se iba de viaje les dejaba su automóvil, a los amigos que me trajeron a México desde París, Alfred y Marguerite Rosmer, los llevó a Veracruz, a mí me dio obsequios.
“El 17 de agosto, Jacques visitó a Trotsky con el pretexto de mostrarle un artículo periodístico escrito por él para que se lo corrigiera. Esa primera vez no pasó nada, pero mi abuelo sí notó algo extraño en Jacques. No le gustó el escrito, le pareció mediocre, pero lo volvió a recibir; ahí iba analizar con detalle a esta persona, pero no le dio tiempo. El 20 de agosto, en la siguiente entrevista, Mercader se reclinó, sacó el piolet de su gabardina y le asestó el golpe mortal a Trotsky, quien lanzó un grito; los guardianes golpearon a Mercader y mi abuelo, herido de muerte, todavía les dio instrucciones de que no lo mataran porque debía hablar. Yo iba por la calle de Viena; de lejos vi algo raro, me angustié y apresuré el paso. Al día siguiente murió.”