LIMA.- Ocho años tardó el coronel de la policía Benedicto Jiménez Bacca para relatar la verdadera historia de la captura del entonces considerado “líder terrorista número uno del mundo”, Abimael Guzmán Reinoso, jefe de la organización maoísta Sendero Luminoso, que en 1980 inició una sangrienta guerrilla que durante casi 15 años causó la muerte de más de 25 mil personas.
El coronel Jiménez fue quien diseñó y ejecutó el plan para cazar a Guzmán, quien durante el conflicto armado se mantuvo en la clandestinidad, y su detención parecía imposible.
Pero después de los premios y reconocimientos, Jiménez fue enviado a una suerte de destierro a Panamá, y el gobierno del presidente Alberto Fujimori le prohibió hablar con la prensa.
La razón: La exitosa operación que montó Jiménez fue al margen del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), el poderoso aparato que controla el influyente asesor presidencial Vladimiro Montesinos Torres.
Se suponía que el coronel Jiménez debía informar de sus actividades a Montesinos, y éste, a su vez, a Fujimori. Pero no lo hizo y se ganó el encono, la envidia y la represalia.
Hace dos semanas, el coronel Jiménez –quien curiosamente sigue trabajando en la policía, pero en un cargo burocrático– rompió el silencio: publicó el libro de dos tomos Inicio, desarrollo y ocaso del terrorismo en el Perú, en el que hace una descripción detallada, y basada en documentos, del “movimiento subversivo más letal del mundo”, como llamaba entonces el Departamento de Estado norteamericano a Sendero Luminoso. Testigo y protagonista excepcional, relató también la operación que permitió la captura de Abimael Guzmán.
En entrevista con Proceso, el coronel Jiménez añade detalles y comentarios de esa operación policiaca hasta ahora desconocida.
“Los cazafantasmas”
El 12 de septiembre de 1992, el coronel Jiménez apresó al escurridizo dirigente guerrillero, considerado un semidios por sus fanáticos seguidores. Para ellos, era el continuador lógico de Marx, Lenin, Stalin y Mao.
–De no haberlo capturado ese día, ¿qué habría ocurrido con Sendero Luminoso y con Abimael Guzmán?
–De acuerdo con los planes de Guzmán, tenía previsto sentarse en el sillón del presidente de la República entre 1998 y 1999.
–¿Estaba en condiciones de hacerlo?
–En 1992 hacía estallar entre dos y tres coches-bomba en la capital, cometía antentados todos los días y su organización cometía asesinatos a diestra y siniestra. Pensaba que estaba a punto de tomar el poder. Pero sobredimensionó sus fuerzas. Entonces, Sendero Luminoso era un peligro para la existencia del Estado, pero todavía estaba lejos de capturar el poder.
Explica que “esa misma soberbia de creer que estaba a un paso de conseguir sus objetivos, relajó la seguridad que mantuvo durante años”.
Desde que el 17 de mayo de 1980 Sendero Luminoso inició la lucha armada en Ayacucho, en una de las zonas más empobrecidas y olvidadas de Perú, la captura de Abimael Guzmán, un oscuro profesor universitario de filosofía de la Universidad Nacional de Huamanga de la misma localidad andina, se convirtió en una obsesión para las fuerzas de seguridad.
El movimiento subversivo, que se regía por una interpretación peculiar de Guzmán del marxismo-leninismo-maoísmo, surgió semanas antes de que se reiniciara un período democrático con el presidente Fernando Belaúnde Terry. Pero ni este mandatario ni su sucesor en 1985, el socialdemócrata del Partido Aprista Peruano, Alan García Pérez, pudieron consumar la detención de Guzmán. Ambos gobiernos dieron mayores facultades a los militares para reprimir a los insurgentes, pero el efecto resultó contraproducente: las guerrillas se incrementaron y se desplegaron por todo el país.
En marzo de 1990, antes de la asunción del primer gobierno de Fujimori, el coronel Jiménez planteó otra estrategia: la inteligencia operativa. Entonces fue autorizado a crear y dirigir el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN), como parte de la Dirección Nacional contra el Terrorismo. Su única tarea: capturar a Abimael Guzmán.
“Empezamos tres oficiales y un subalterno, y nos dieron una oficina con una mesa y una máquina de escribir”, relata el coronel Jiménez. “Todos se burlaban de nosotros. Nos decían ‘Los cazafantasmas’ porque creían que nuestro propósito era imposible de concretar. Que estábamos locos y perdíamos el tiempo.”
Dice que tuvo tantos problemas dentro de la propia policía, que creyó que sus enemigos no eran los de Sendero Luminoso, sino sus detractores.
Cuenta que durante los más de dos años que duró el seguimiento de Abimael Guzmán, uno de los momentos más importantes fue la detención de un insurgente llamado Luis Arana Franco, que administraba varios centros de estudios de fachada de Sendero Luminoso. El sujeto era clave porque tenía acceso al entorno del jefe de la organización. “Le ofrecimos cambiar de identidad y sacarlo a él y a su familia fuera del país”, admitió Jiménez. Señala que “a pesar de la férrea convicción que demostraban los senderistas, y eran capaces de morir antes de entregar información, Arana se doblegó por razones sentimentales y contribuyó con la policía”.
Recuerda: “Una vez que identificamos la casa donde supuestamente se escondía Abimael Guzmán, su mujer y parte del Comité Central de Sendero Luminoso, la sometimos a una vigilancia permanente: mañana, tarde y noche. Incluso nos disfrazamos de vendedores ambulantes, de empleados de limpieza, en fin”.
Los agentes del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) tuvieron la convicción de que había altas probabilidades de que la casa del barrio residencial en Lima que tenían bajo observación era habitada por Guzmán. Su certeza aumentó cuando comenzaron a investigar los desperdicios que se arrojaban de esa casa de dos pisos. “Los restos de alimentos correspondían a la dieta que consumía Guzmán, porque sufría de soriasis, una enfermedad de la piel. También hallamos colillas de cigarrillos de la marca que sabíamos le gustaban al cabecilla”, relata Jiménez.
Además, “los cabellos, las botellas de licor, los paños higiénicos de mujeres, absolutamente todo sirvió para saber quiénes vivían en esa vivienda de donde sólo salía una pareja de enamorados. Ella enseñaba ballet en el primer piso. Era la pantalla”.
“La captura del siglo”
Un momento crucial fue cuando entre la basura, el coronel Benedicto Jiménez halló un trozo de papel manuscrito donde había indicaciones para una reunión de los dirigentes senderistas.
Orgulloso, Jiménez extrae el documento y declara mientras lo exhibe al reportero como si fuera una medalla: “Si ellos no hubiesen descuidado este pedazo de papel, la historia habría sido otra”.
Dice que Guzmán y los miembros de la dirigencia tenían previsto escapar hacia los Andes, pero tres semanas antes les cayó encima la policía sin disparar una sola bala.
“Le encargaron el traslado a un dirigente conocido como ‘Feliciano’ (Óscar Ramírez Durand, quien luego reemplazó a Guzmán), pero éste tardó en hacerlo y nosotros llegamos antes que él.”
La llamada “Captura del Siglo”, como llamó el gobierno a la operación que permitió la detención de Guzmán, generó el derrumbe de Sendero Luminoso: “Eso es lo que pasa con las organizaciones que se construyen alrededor de un líder a quien se le atribuyen poderes indestructibles. Cae el líder, y el resto de la organización se desploma”.
–¿Ocurrirá lo mismo con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) si detienen al subcomandante Marcos, y a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) si muere el dirigente Tirofijo?
El experimentado Jiménez, quien también intervino en importantes operaciones contra el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), responde que no. “Son organizaciones totalmente distintas. Los mexicanos y colombianos tienen dirigencias colectivas. Sendero Luminoso giraba sólo alrededor de Guzmán”.
El escritor inglés Nicholas Shakespeare ha ganado fama con la novela La bailarina del piso de arriba, que es una historia recreada de la detención de Guzmán, pero en la que todos los méritos se los lleva el general de la policía Antonio Vidal Herrera, el jefe inmediato del coronel Benedicto Jiménez.
Basado en ese libro, el director y actor John Malkovich está rodando una película para Hollywood. Pero a Jiménez no le incomoda el éxito de la novela y de la película ni que le atribuyan al general Vidal el éxito de la operación. “Leí el libro y es pura ficción. ¿Por qué tendría que molestarme? La historia verdadera es otra y todo el mundo lo sabe”.
–¿Considera que Sendero Luminoso podría reaparecer?
–Las zonas pobres donde operó el movimiento maoísta siguen siendo pobres. La situación política es totalmente distinta y la organización ya no es más una amenaza para la seguridad nacional. Sin embargo, la desigualdad social siempre será un campo favorable para cualquier grupo insurgente. Además, según la doctrina senderista de la guerra prolongada, una vez que se inicia la lucha armada no tiene fin.
Los detectives del coronel Jiménez no actuaron solos. Recibieron la cooperación de la CIA: “Pero –aclara– sólo con instrucción, logística y la cobertura de algunos gastos. No intervinieron en los operativos. Nos enseñaron cómo hacer seguimientos y vigilancias”.
–¿Y el Servicio de Inteligencia Nacional del poderoso asesor Vladimiro Montesinos?
–Sólo contamos con cierto apoyo al principio, pero después trabajamos solos. No había forma. Hay que recordar que entre las distintas unidades policiales había disputas porque estaba en juego una recompensa de 1 millón de dólares por la cabeza de Abimael Guzmán.
Algo extraño ocurrió en el coronel Jiménez y su Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) cuando se consumó el arresto de Abimael Guzmán: “Estábamos muy felices por el éxito de la operación, pero también nos produjo cierta tristeza”.
Explica: “Llegamos a conocer tanto a nuestro enemigo, llegamos a conocer sus profundas intimidades, debilidades y hasta sueños, y lo vigilábamos tanto y sabíamos todos sus movimientos, que al descubrirlo y detenerlo se produjo una ruptura emocional”.
–¿El presidente Fujimori o su asesor Montesinos dieron la orden para ingresar en la casa y capturar a Guzmán?
–No. Sólo lo sabíamos tres jefes policiales. El presidente y el asesor se enteraron después. Creo que eso molestó.
En efecto, el exitoso Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) fue desactivado, el coronel Jiménez fue, en la práctica, desterrado por años a una agregaduría policial en Ciudad de Panamá y otros se atribuyeron el triunfo.
Señala que en su libro se limita “a contar cómo fueron los hechos, y nada más (…) Ya era tiempo que dijera mi verdad”.
–¿Ha revelado todos los secretos?
–No, todavía hay muchos que me guardo porque todavía hay demasiado celo rampando.
Y es que, agrega, “en Perú, la verdad todavía ofende”.








