Con la evidente falta de rumbo, una vez perdida la Presidencia de la República, los priístas comienzan a reproducir en la Cámara de Diputados lo que escenifican a nivel nacional: La disputa de lo que les queda de poder.
También en San Lázaro, donde sus 211 legisladores son la primera minoría, hay varios PRI.
Los diputados que llegaron después de triunfar por mayoría en sus respectivos distritos –132– exigen ser privilegiados para ocupar presidencias de las comisiones. Con ello pusieron en entredicho a su propia coordinadora, Beatriz Paredes, que llegó por lista plurinominal.
Muchos de los plurinominales –79– interpretan que esa maniobra está inspirada por los gobernadores, que pretenden colocar a sus diputados en las mejores posiciones para buscar ventajas para sus estados o para apoyar alguna carrera por la dirigencia nacional del PRI.
Hay diputados identificados con Roberto Madrazo, “antirrobertistas” y seguidores de Francisco Labastida.
Pero la característica principal del grupo parlamentario priísta es el predominio de personajes de amplia experiencia política y parlamentaria. Es un grupo amorfo: Hay colosistas, delamadridistas, burócratas y empresarios sin carrera en el partido, miembros de los tres sectores del PRI –el obrero está marcadamente venido a menos–, un tecnócrata, un primo de la cacique recién detenida Guadalupe Buendía, La Loba, un hijo del expresidente Miguel de la Madrid…
Aunque no logró entrar el exsubsecretario de Hacienda y exdirector del Sistema de Administración Tributaria (SAT), Tomás Ruiz, un tecnócrata que sí se coló fue Jorge Chávez Presa, economista egresado del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y doctor por la Universidad Estatal de Ohio.
De hecho, al iniciarse las reuniones plenarias del grupo parlamentario, el lunes 21, Chávez Presa –exsubordinado de José Angel Gurría en el gobierno de Carlos Salinas y subsecretario de Energía con Luis Téllez– tuvo un primer roce con sus compañeros.
Les dijo que el tema del paquete económico para el año 2001 era muy complejo y que si no se comenzaba a revisar desde ahora, con los actuales funcionarios, en diciembre sería difícil modificar el presupuesto.
César Augusto Santiago fue uno de los que lo frenó. Le respondió que el presupuesto no era solamente un asunto de números, sino un mecanismo para expresar la plataforma del PRI, que es nacionalista.
Hasta Beatriz Paredes intervino. Aceptó que, en efecto, es preciso comenzar a trabajar desde ahora, pero adelantó que no se convalidaría un presupuesto que no tenga una orientación social.
Otras de las prioridades de la bancada priísta es, además de evitar una ruptura interna, orientar las políticas públicas a favor de la plataforma del PRI, ya que no lo pudieron hacer cuando el mando lo tenía el presidente de la República.
–¿El PRI se cargará a la izquierda? –se le pregunta a Rafael Rodríguez Barrera, exdiputado, exsenador y exgobernador de Campeche.
–Es posible que los resultados de un actuar legislativo, que busque preservar nuestros valores de orden priísta y nuestra visión de la nación, dé la imagen de cargarse en una dirección, pero no es la dirección ni la geografía política lo que marcarán nuestro actuar, sino la naturaleza de nuestro punto de vista.
“Esto quiere decir –añade el viejo político apodado El Cheche– que no es cuestión de decir: vamos a actuar con un criterio de izquierda para contrarrestar. No, sencillamente la bancada ha de sostener la ruta que ha trazado para el país, que es la ruta por la que el país ha avanzado.”
–La integración del grupo está casi desprovista de tecnócratas. ¿Por qué?
–Es natural que la integración de las cámaras se dé con elementos fundamentalmente políticos, porque el elemento legislativo es eminentemente político.
–¿No es lugar para tecnócratas?
–La legislativa no es tarea de técnica; es un ejercicio político y para eso requiere políticos.
El regreso de los brujos
Con un grupo por primera vez disminuido, si bien con cinco diputados más que el PAN, el del PRI congrega una batería de políticos experimentados, muchos de ellos con una carrera legislativa que ha trascendido sexenios.
Es el caso de Rodríguez Barrera, que logró su primera diputación hace tres décadas y que le valió la gubernatura de Campeche con un discurso que hizo llorar al presidente chileno Salvador Allende. Pero también de esa época es Augusto Gómez Villanueva, presidenciable con Luis Echeverría.
Pero un caso prototípico es el de Hilda Anderson, cetemista, quien desde la década de los sesenta brinca de una cámara a otra: Diputada federal 64-67 y luego 70-73, senadora 76-82, diputada federal otra vez 82-85 y 88-91, asambleísta del Distrito Federal 91-94 y otra vez ahora en la Cámara de Diputados.
–¿Es un grupo parlamentario dinosáurico?
–Esto es muy simpático –responde Rodríguez Barrera–. Se califica con un sentido peyorativo a personas de larga carrera política otorgándoles el título de dinosaurio.
También hay personas jóvenes, dice, que con los veteranos hacen una “mezcla muy saludable”. Son hijos de políticos encumbrados: Es el caso de Federico de la Madrid Cordero, hijo del expresidente, y de Maricruz Montelongo Gordillo, hija de la cacique del sindicato magisterial, Elba Esther Gordillo.
Otro de los jóvenes era José Antonio de la Vega Asmitia, quien renunció al PRI para ser candidato del PAN a la gubernatura de Tabasco. Previsto su regreso después de las elecciones del 15 de octubre, entró su suplente Pablo Castro.
Por primera vez llega una persona que se ha ocultado de los periodistas, Carlos Cornejo Torres, primo hermano de La Loba de Chimalhuacán.
Otros legisladores de amplia experiencia legislativa son dos expresidentes del PRI que aspiraron a la coordinación: Fernando Ortiz Arana y Gustavo Carvajal Moreno. Hay también dos exsubprocuradores de la PGR: José Elías Romero Apis y Manuel Galán Jiménez.
Está un grupo de colosistas: El propio Rodríguez Barrera, que fue secretario general del CEN del PRI con Luis Donaldo Colosio; con él estuvieron Guillermo Hopkins: diputado local 91-92 y senador 94-2000; César Augusto Santiago: diputado local por Chiapas 79-82, federal 85-88, asambleísta capitalino 88-91, diputado federal 91-94; Amador Rodríguez Lozano: diputado federal 91-94 y todavía senador.
Cercano a Colosio es el diputado local por Baja California Jaime Martínez Veloz, quien ya fue diputado federal 1994-1997 y miembro de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), de cuya “reactivación” –dice– será promotor, lo mismo que de lograr el apoyo del PRI a la Ley de Derechos y Culturas Indígenas.
“El PRI no ha tenido un posicionamiento firme. Lo único que hizo fue darle seguidillas a la posición del presidente”, valora Martínez Veloz, quien es enfático al recordar que Fox prometió que la primera iniciativa que enviaría al Congreso sería la que tiene que ver con la ley indígena.
Coinciden con esta postura, explica, diputados como Rodolfo Echeverría Ruiz y Oscar Levín Coppel.
Pero hay también legisladores que, desde el Senado, se opusieron terminantemente a cumplir los acuerdos de San Andrés con el argumento de la “balcanización” del país. Unos de ellos es Amador Rodríguez Lozano. Ese será otro tema en que esté a prueba la unida priísta.
Enfrentar al PAN
Legisladores priistas consultados consideran que, en efecto, los riesgos de división son latentes, pero subrayan que se buscará mantener una posición homogénea. Otros, los que prefieren no identificarse, lo ven inevitable.
–¿Ya hay subgrupos del grupo parlamentario? –se le pregunta a María Elena Chapa, diputada electa.
–No se expresan con visibilidad. Hay diferencias de opinión, prioridades distintas. Ya aprendimos que la democracia se sustenta en el respeto a la diversidad –refiere la hasta hace unos días diputada local por Nuevo León.
“Todo se va a buscar con consensos, al interior y al exterior, pero está garantizada la libertad del ejercicio del voto. Esta es la norma”, secunda Rodríguez Barrera.
Aunque el campechano asegura que lo que se buscará en todo momento es “la preservación de los principios” del PRI, la bancada no será un valladar para el nuevo gobierno.
“No puede convertirse en un muro ciego y sordo, sino que debe buscar una contribución juiciosa y saludable para la nación”, subraya.
Chapa, quien en el Congreso de Nuevo León aprendió a ser oposición ante el PAN, sostiene que el PRI tiene principios que sostendrá ante el gobierno foxista: Educación laica, respeto a la soberanía y desarrollo social de los grupos vulnerables. “Estos son principios libertarios que no son negociables.”
Seguramente, dice, diputadas y diputados panistas propondrán elevar a rango constitucional el derecho a la vida desde la concepción en el ámbito federal, pero el PRI frenará este propósito de “aniquilar el derecho de las mujeres”.
Acostumbrada a lidiar con los panistas de Nuevo Léon, en cuyo Congreso propuso 38 iniciativas y subió 180 veces a la tribuna, Chapa no se amilana ante la nueva realidad.
–¿Un gobierno panista le asusta?
–No, para nada. Sé a dónde van, cuáles son sus estrategias y tácticas, sé los mecanismos de poder que utilizan, su vinculación con el gran capital y fundamentalmente con la Iglesia católica.
“Sé cómo aspiran a cooptar a la sociedad civil, de su simulación, de su intolerancia y de su vergüenza. Tengo, todo un aprendizaje.”








