Señor director:
Le solicito publicar la siguiente carta, dirigida al doctor Enrique Semo.
Apreciable don Enrique: Le agradezco la deferencia y gentileza de haber contestado mi carta publicada en el número 1237 de esta respetada revista.
En primer lugar, cuando mencioné la “supuesta derrota” de Cuauhtémoc Cárdenas, no lo dije en el sentido de que no aceptara el resultado de la elección; quise señalar con ello que en las condiciones de absoluta iniquidad en que se dan nuestros procesos electorales, no se puede hablar de derrotas en términos absolutos, porque, de otra manera, tendríamos que aceptar que Carlos Salinas derrotó a Cárdenas en la elección de 1988.
En segundo término, los puntos fundamentales que expuse no fueron rebatidos por usted y, en lugar de ello, recurrió al fácil e irracional expediente de la descalificación y de la ofensa, sin siquiera atreverse a desmentir la grave contradicción en que incurrió en su artículo Del culto al héroe a la reconstrucción de la izquierda”(Proceso 1235), al afirmar textualmente: “Hombre íntegro y consecuente, de principios firmes y voluntad inquebrantable, Cuauhtémoc Cárdenas no es el indicado para esta tarea…”, mientras que, por otra parte, toda la argumentación de su artículo se funda en que esa “tarea” es la de la modernidad que “Fox y el PAN aprendieron más aprisa y mejor que Cárdenas y el PRD”.
Resulta así que la moderna publicidad y el desarrollo actual de la mercadotecnia son, para usted, valores superiores a la integridad y la congruencia y, por tanto, en ese orden de ideas, deberíamos aceptar que Vicente Fox es mejor hombre que Cuauhtémoc Cárdenas, del mismo modo que deberíamos concluir que la Coca-Cola resulta más benéfica para la salud que la leche o los jugos de frutas.
Yo siempre pensé que la responsabilidad de los intelectuales era defender los más altos valores que dignifican y contribuyen a la superación del hombre; pero ahora, gracias a sus luces, entiendo que, en el “desinteresado” camino trazado por Jorge G. Castañeda y Adolfo Aguilar Zinser, la modernidad publicitaria es, para nuestros “intelectuales”, un valor superior a los principios.
Jamás aceptaré tan irracional argumento. Si esto contribuye a que usted me vuelva a calificar de “fanático”, prefiero seguir siéndolo y no caer en el lamentable extremo de una seudointelectualidad oportunista y acomodaticia.
Atentamente
Licenciado Héctor Cárdenas San Martín
Respuestas de Enrique Semo
Señor director:
Le ruego insertar las siguientes líneas.
Para Rosalinda García Sierra:
Estimada amiga:
La pregunta de usted (¿puede un presidente en un Estado dependiente actuar en un sentido opuesto a las orientaciones del capital trasnacional?) me parece pertinente. Es un tema legítimo de reflexión y un problema importante. Prometo dedicarle, tal y como usted sugiere, un artículo próximamente. La respuesta a la pregunta de la deuda es más fácil.
Si México crece a buen ritmo y la deuda se queda en donde está, representará una carga cada vez menor y podremos desarrollarnos con deuda, como lo hemos hecho varias veces en el pasado. En cambio, si nuestros gobernantes adoptan políticas que nos impidan crecer, expuestas a crisis periódicas que vuelvan a disparar el endeudamiento, no hay salida.
El TLC es un tratado y no una condena que nos ata irremediablemente, como usted dice, en “lo económico, lo político y lo social”. Así como se encuentra en la actualidad, sus efectos perjudiciales son mayores que los que nos benefician. Pero los tratados pueden renegociarse.
En su desesperación por recibir ayuda, nuestros gobiernos pasados no supieron utilizar en la mesa de negociaciones la fuerza que representa un país de 100 millones de habitantes, segundo socio comercial de Estados Unidos, con una frontera común de 3 mil kilómetros. Con el apoyo de la gran mayoría del pueblo, un gobierno nacionalista podría lograr condiciones mucho mejores.
En el artículo prometido, trataré también de responder a sus dudas sobre la posibilidad de un reformismo consecuente. Estoy convencido de que una política de ese tipo no sólo es posible, sino también la única adecuada para la izquierda mexicana, hoy.
Con un cordial saludo.
Enrique Semo
Para el licenciado Héctor Cárdenas:
Señor Héctor Cárdenas San Martín:
No encuentro en su segunda carta un solo argumento que me lleve a modificar mi respuesta a la primera y, por tanto, por mi parte, esta discusión ha terminado.
Enrique Semo








