Señor director:
Si Vicente Fox fue ofendido por Labastida y por Cuauhtémoc Cárdenas, encuentro comprensible, aunque poco frecuente en un agraviado, que los visite para pedirles disculpas. Yo más bien creo que si los fue a ver lo hizo para ofrecer, para dar disculpas por las ofensas que, según él, profirió contra ellos.
O sea que el ofensor da sus disculpas al ofendido, no las pide, porque en este caso el ofendido no sólo lo es, sino que tiene que dar una disculpa a quien lo ofendió. Creo que le podrían correr esta nota a los asesores de imagen de Fox o a Jorge Castañeda para que cuiden las expresiones de nuestro flamante presidente electo, y así se exprese con propiedad.
El mismo error cometen los integrantes de la redacción de Proceso, supuestamente duchos en el buen hablar y en el mejor escribir, puesto que en el número 1239 del 30 de julio, así como en muchas ocasiones anteriores, pidieron disculpas cuando las debieron dar.
En el número de Proceso aludido, las Respuestas de la Redacción en los casos del diputado demócrata David E. Bonior, Hubert Jacob y Guadalupe Cervantes Martínez adolecen del error comentado.
La defensa de nuestra cultura y de nuestro idioma obliga en primer término a quienes escriben para ser leídos por un público que espera de ellos una correcta capacidad de expresión.
Atentamente
C.P. Wilbert de J. Mézquita Canto
Respuesta de la Redacción
Existen dos poderosas razones para utilizar la expresión pedir disculpas. Una, el uso generalizado, que no es un argumento menor, y dos, que el Diccionario de la lengua española así lo registra en la segunda acepción del sustantivo: “pedir disculpas. fr. disculparse, pedir indulgencia”. Más claro aún, el Diccionario de uso del español actual / Clave registra: “pedir disculpas; pedir perdón o disculparse: Te pido disculpas porque he llegado tarde”.








