En sui generis presentación, el pasado miércoles se dio a conocer en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes el libro 1900-2000. Un siglo de arte mexicano.
Resultado de la tentación de hacer un recuento centenario antes de entrar al nuevo milenio, al que sucumbieron las instancias oficiales con el programa Año 2000: Del Siglo XX al Tercer Milenio, el libro es una coedición de Conaculta, INBA y Landucci Editores.
La lujosa edición de pastas gruesas recubiertas de tela, 320 páginas de papel couché y reproducciones en color de 170 obras elegidas mediante una vasta encuesta en el ámbito plástico, se divide en cuatro capítulos desarrollados por igual número de investigadores:
“El experimento. La experiencia. México 1900-1925”, de Juan Coronel Rivera; “El proceso del arte moderno en México: reflexiones en torno a una revisión finisecular”, de Luis-Martín Lozano; “La aparición de la Ruptura”, de Teresa del Conde, y “Rediseñando el pasado, construyendo el futuro”, de Agustín Arteaga.
En la particular presentación, correspondió a cada autor comentar el texto de alguno de sus colegas, en un ejercicio por demás catártico. Como viendo la paja en el ojo ajeno, pero sin evidente mala leche, quedaron al descubierto lagunas de información, ausencia de artistas o falta de revisión de investigaciones anteriores.
Se justifica, coincidieron los presentadores, porque ningún recuento podrá abarcar o dar cuenta fielmente de la rica producción de 100 años de arte mexicano. Es más bien, concluyó Del Conde, un buen punto de partida, con textos “rigurosos” desde el punto de vista académico.








