La historia de la galería Kurimanzutto es por demás interesante. A través de su primer año de vida se evidencian necesidades artísticas, estructuras de poder, nuevas formas de promoción comercial y riesgos para el arte mexicano contemporáneo.
A diferencia de otras galerías, en la Kurimanzutto la política de selección y promoción está ligada a lazos afectivos que se descubren en todas sus acciones, y que en algunos casos existen desde hace varios años. El arte que promueve está claramente definido, se ocupa de las expresiones que a finales de los ochenta y principios de los noventa se identificaron con las poéticas internacionalistas, en las que las imágenes y los objetos cotidianos se transgredían en búsqueda de sentidos diferentes. Humor, ironía, elegancia, indiferencia, violencia visual y cinismo, son algunas de las categorías que manifiestan estas sensibilidades.
Los responsables de la galería son Mónica Manzutto (1972) y José Kuri (1968), quienes han optado por un proyecto que oscila entre lo que serían las actividades de un espacio alternativo y la seriedad que requiere una galería tradicional. Mónica tiene la experiencia de haber trabajado durante año y medio en la galería neoyorquina Marien Goodman y José cuenta con licenciatura en economía y maestría realizada en la Universidad de Columbia, también en Nueva York. Sin embargo, quizá más importante que los estudios, es el apoyo que han recibido del prestigiado artista plástico Gabriel Orozco, quien fue el responsable tanto de la idea del proyecto que los dio a conocer aquí en México, como de diversos vínculos con personajes relevantes en la promoción internacional del arte, entre ellos, las galeras Marien Goodman y Chantal Crousel.
Los artistas que representan han tenido también vínculos amistosos que se remiten a finales de los ochenta y los noventa, años en los cuales algunos formaron parte de agrupaciones destinadas a la generación de reflexiones y de posibilidades de difusión de un arte que, en ese entonces, no cabía en los recintos institucionales. Espacios como el Taller de Gabriel Orozco (1987-1990), Temístocles 44 (1993-1995) y Art & Idea (1997 a la fecha) rondan entre los 15 artistas de la galería: Gabriel Orozco, Eduardo Abaroa, Damián Ortega, Abraham Cruzvillegas, Daniel Guzmán, Luis Felipe Ortega, Sofía Táboas, Gabriel Kuri, Minerva Cuevas, Philippe Hernández, Fernando Ortega, Jonathan Hernández, Alejandro Carrasco, el tahitiano Rirkrit Tiravanija y, recientemente, el Dr. Lakra. Promotores como Guillermo Santamarina, Haydée Robirosa, Joshua Okon, Carlos Ashida y Patrick Charpenel forman también parte del sector artístico que ha fomentado este arte, muchas veces provocador de asombros, disgustos, preguntas y efectos demasiado complacientes, inmediatos y efímeros.
Especialmente interesante han sido los eventos realizados por la galería, la cual, como carece de espacio físico, ha recurrido a la generación de situaciones en las que el sentido de la vida cotidiana se transgrede tan violentamente como el sentido de las circunstancias artísticas. El 21 de agosto de 1999, presentó “Economía de Mercado” en el mercado Medellín de la colonia Roma, en la Ciudad de México. Fue una exposición-venta en la que la pieza más barata costó cinco pesos y la más cara 600 –unos mixiotes colgantes con una pelota adentro de la creación de Gabriel Orozco–. Las Frutas del Día, de Gabriel Kuri, marcadas con un pequeño sello que reproducía la primera página de un diario de “ese día”, costaban 50 pesos cada una; los grillos sonoros, machos y vivos, con certificado de Fernando Ortega, se conseguían por 250. Lo más importante de esta exposición no fue la ganancia monetaria, sino la situación estética que se generó, en la cual intervinieron artistas, público del mercado, galeros y coleccionistas. La experiencia artística se vivió como una experiencia lúdica, en la que el principal compromiso fue la diversión.
Desde mi punto de vista, el evento más interesante que han realizado fue “La Sala del Artista” en la noche del 16 de diciembre de 1999. Los organizadores llenaron una bodega de la colonia Condesa con la decoración y los muebles de las salas de cada artista de la galería. El resultado no fue una exposición, sino una fiesta en la que el simulacro y la realidad se confundieron al incorporar un espacio privado en uno público, el cual, a su vez, se convirtió en varios microambientes personales. La realidad de que hoy en día es más importante el artista que las obras quedó claramente evidenciado. El impacto de esta experiencia se dejó ver en la reciente exposición “Bajo el mismo techo”, del Museo de Arte Carrillo Gil.
Después de la exhibición de videos de artistas efectuada del 27 al 29 de abril de este año en un cine de Plaza Loreto, la galería expuso del 13 de mayo al 29 de julio en París la muestra “Gabriel Orozco invita a la Galería Chantal Crousel”. En este momento es cuando considero que la Kurimanzutto empezó a correr riesgos que necesita evaluar. La calidad artística de sus miembros es dispareja, la experiencia de la galería es aún escasa y, sobre todo, las ventajas de legitimación que otorgan valores simbólicos tan fuertes, como los apoyos de Gabriel Orozco, pueden disimular la mediocridad de ciertas propuestas formales que, a fin de cuentas, es lo que va a quedar del arte.








