Sus discípulos preguntaron a Zaratustra:
–¿Cuándo te nos serás revelado y cuándo te podremos ver?
Carlos Ancira, quien personificaba a Zaratustra, respondió:
–Cuando os despojéis de vuestros ropajes sin avergonzaros, como lo hiciera un niño…
Entonces, ante la mirada de un inspector de la Secretaría de Gobernación y música en vivo improvisada por Las Damas Chinas, el elenco de Zaratustra realizaba el desnudo artístico que llenó durante casi todo aquel año de 1970 las butacas del Teatro de la Danza, narra el actor Héctor Bonilla:
“Jodorowsky provocó un impacto brutal, una hecatombe. Fíjate qué paella: con ese inusitado desnudo, puso a un monje a meditar en escena mientras nos encuerábamos, y aparte Ancira antes de empezar la obra decía citas bíblicas que avalaban el hecho contundente de que nos desnudáramos.”
Bonilla contaba entonces con 31 años de edad y recuerda que Isela Vega, “quien no era gente de teatro y estaba hasta el gorro de hacer la obra a las dos semanas”, no apreciaba lo mismo que “el rata de teatro de mí”:
“El milagro inaudito de salir y ver antes de la función el letrero en taquilla de ‘agotado’; las butacas eran como un telón pintado, todas llenas. No me agarraba desprevenido, pues he tenido éxitos muy fuertes (El diluvio que viene posee récord histórico de asistencia), pero nunca me ha pasado ni me pasará, que este hecho impresionante provocó que nos corrieran del Teatro de la Danza porque nos la vivíamos allí todo el tiempo. Nunca quedó un boleto sin vender en pleno mundial de futbol, que no nos hizo ni cosquillas. Los teatros aledaños en la Unidad del Bosque vivieron del éxito de Zaratustra por el público que no podía entrar a vernos.”
Teatro de protesta y paradoja
Para Héctor Bonilla, Federico Nietzsche fue fundamental para la aparición de “los poetas del desencanto”: Ibsen, Bernard Shaw, Chejov “y el antecedente del parteaguas del teatro del absurdo y de búsqueda de Alfred Jarry con Ubu roi, cuando Ubu dice Merde!”. E incluso, prefigura “la música contestataria generacional, con el rocanrol”.
Significativamente, agrega, Nietzsche continúa inspirando a conjuntos de rock como Dolly Trauma. Retornan las anécdotas:
“Como Carlos Ancira no era muy bueno para hablar sin parlamentos dados, cuando ya estábamos en el Jorge Negrete, Jodorowsky comenzó con la idea de filmar El topo y La montaña sagrada, se tenía que ir y me pidió conducir el debate al final de la obra. Me dijo, categóricamente, pues me conocía que soy grillo, de izquierda y demás: ‘El debate es el tercer acto de Zaratustra. Nunca toques política, nunca toques religión’. Esto te da un índice de qué manipulador era, manejaba el escándalo maravillosamente.
“Otra noche llegó un cuate indignado, experto en Zaratustra, y durante el debate lo cuestionó por las contradicciones que hallaba con el texto de Nietzsche. Jodorowsky, que es particularmente hábil, le contestó: ‘No, si usted tiene toda la razón. Yo no sé nada acerca de Zaratustra, para mí es un pretexto para hacer esta puesta en escena…’, lo cual no era cierto: Jodorowsky no será un espléndido ser humano, pero es un hombre informado.”
En realidad, Jodorowsky logró su objetivo, refiere Bonilla: llevar a la clase media mexicana al teatro experimental y ahí criticar sus costumbres “a-la-épater les bourgeois”, con comentarios del debate “retroalimentando el espectáculo”. Alguna vez, en el baño turco “de la Guay”, Bonilla se lió a golpes con un marido celoso quien le increpó “mostrarle el pito a su mujer”. Y en otro debate, dice que el director chileno se burlaba de aquellos que habían llevado binoculares:
–Oiga señor, le pudo ver la orografía del pezón a Isela, ¿no es cierto? Con su catalejo pudo ver cómo están todas sus arruguitas, ¿no?
Considera a Jodorowsky “el director teatral más importante que ha pisado este país; proponía cosas y aprendía de sus alumnos, incluso a él le debemos un Julio Castillo quien asimiló todo Jodorowsky y también a un Pablo Leder (quien ahora dirige a Alejandro Camacho en la obra Pecado en la isla de las cabras)”. No obstante, hay otro
Jodorowsky:
“Como ser humano deja mucho qué desear, le hizo daño a muchas personas, tuvo mucha influencia negativa en ellas. La gente lo idealizaba, lo seguía a ciegas. El grupo de los apestados éramos Carcaño, Ancira y yo, no hacíamos ronda con él y sus seguidores.”
Con todo y su amor por el dinero, Jodorowsky tuvo un detalle:
“Hizo una cooperativa para Zaratustra, que consistió en que cada uno de los músicos de Las Damas Chinas, los actores y él ganáramos lo mismo. Lo que entraba en las funciones nos lo repartíamos en partes iguales.”
Así y pese a no estar de acuerdo en muchas cosas, ni decir que lo marcó “como para pensar que soy antes y después de Zaratustra”, Bonilla agradece a Jodorowsky “haber participado en este ejercicio de la imaginación y libertad”, que le sirvió para su proceso de teatro interactivo, “un rapport que ahora está en todo su apogeo pues entonces bajábamos a las butacas, nos metíamos entre el público”.
Hoy “cualquiera se encuera a la menor provocación en escena, como en Sólo para mujeres, que pretendió ser la maravillosa película de Full Monty, pero terminó en un show de mamadotes para señoras frustradas que tienen enorme necesidad de ver a alguien encuerado y olvidar su vida vegetal del matrimonio”.








