Con su particular estilo de escandalizar al público, Jodorowsky dirigió una tragedia musical en los años setenta de nombre Zaratustra.
Se inspiró en el gran libro profético de Federico Nietzsche, Así hablaba Zaratustra, en el que el filósofo nihilista exalta los valores de la vida frente a los del conocimiento.
El dramaturgo Daniel González Dueñas, quien ha seguido de cerca la trayectoria del director chileno de origen ruso, cuenta que la puesta en escena surgió de una confusión:
“Al parecer, el actor Carlos Ancira propuso a Jodorowsky la adaptación de Zaratustra, un musical algo parecido a Oh Calcutta!; este último estrenado en junio de 1969 en Broadway, provocando controversia tanto por el fuerte diálogo como por el desnudo de los actores. Un poco a la sombra del famoso Hair, que ya en 1967 había despertado sonados escándalos por los mismos elementos.”
En esos años, el mimo Jodorowsky se inclinaba por escribir una obra sobre el titán de la mitología griega, Prometeo, y “consideró la idea de Ancira porque creyó que éste se refería a la adaptación teatral de la obra de Nietzsche”.
El autor de El juego que todos jugamos armó su reparto con Héctor Bonilla (quien habló sobre esta puesta en Proceso 979), Álvaro Carcaño, Susana Kamini, Jorge Luke, la vedete cinematográfica Isela Vega, y el propio Ancira en el papel del sacerdote mazdeísta. Juntos se dirigieron a Monterrey, donde unos productores se interesaron por la obra, que sería estrenada en aquella ciudad.
Finalmente se presentó en el Teatro de la Danza y después pasó al teatro Jorge Negrete, con algunos cambios en el elenco, donde el 9 de octubre de 1970 se develó una placa por sus 200 representaciones. Al término de un año de temporada, la puesta fue al Festival Internacional de Teatro de Vanguardia de San Juan de Puerto Rico, donde obtuvo los premios a la mejor obra, mejor director y mejor actor –para entonces Luis Lomelí reemplazó a Carlos Ancira.
Su versión
Según González Dueñas, para Jodorowsky las dos primeras partes del libro de Nietzsche eran muy adaptables al teatro, con las cuales realizó el libreto del primer acto de la puesta en escena:
“No así el resto, por lo que el segundo acto –que el director iba escribiendo durante el viaje en tren hacia la ciudad regiomontana– se separa aún más de la fuente literaria. Y aunque tomó numerosas frases y situaciones del libro, resulta más acertado decir que Jodorowsky se empapó de la estructura, como hizo en varias ocasiones al adaptar textos al teatro, e incluso al cine, como cuando emprendió la adaptación de Dunas, novela de Frank Herbert.
“Conservó en la puesta en escena ciertos símbolos importantes del libro de Nietzsche como el águila y la serpiente, ligándolos no sólo con la iconografía mexicana, sino con otras lecturas esotéricas.”
En la obra, Jodorowsky rodeó a Zaratustra de cinco figuras –tres hombres y dos mujeres– sin particular psicología, las cuales son alegóricas y adquieren diversas personificaciones. Explica González Dueñas:
“Primero se trata de los fantasmas que torturan al sacerdote cuando se retira a la edad de 30 años a la montaña; después, son quienes lo reciben cuando ‘desciende de vuelta entre los hombres’.”
Y para amarrar la obra, el personaje central entona al final: “Somos hombres. Somos libres. Vamos a cambiar. Vamos a engendrar al nuevo hombre. ¡Vamos a recuperar nuestra dignidad!”
–En general, ¿Jodorowsky recibió influencia del filósofo para sus creaciones?
–No mayor que la de otros autores que menciona con más frecuencia como Alexandre Dumas hijo, Horacio Quiroga, José Gorostiza, Pablo Neruda, entre otros. Sin embargo, Zaratustra está dentro de sus héroes ficticios favoritos, al lado de Quasimodo, Merlín y Simbad.
Por escasez de recursos, el fundador del movimiento vanguardista “Teatro Pánico” –con el cual apabullaba a la burguesía pero sin asustarla– convirtió el montaje de Zaratustra en “total desnudez”, pues “no había dinero para la escenografía, por lo que el foro se limpió totalmente; tampoco había tiempo para armar las luces, entonces la iluminación fue blanca y fija; por vestuario, los actores usaban cualquier ropa en el primer acto, y en el segundo salían desnudos.”
Sin embargo, la puesta era acompañada sonoramente por la esposa de Jodorowsky, Valerie Trumblay, Micky Salas, Henry West, Luis Urías y Carlos Guisa, quienes integraban el grupo Las Damas Chinas (en el disco LP de Zaratustra, Jodorowsky dice: “La música no fue escrita, nació con nosotros”). El famoso póster era una gran foto de Rafael Corkidi en la que aparecen los integrantes del elenco desnudos, acompañados por sus hijos pequeños.
El monje japonés
Para el estreno de la obra, Jodorowsky incluyó al maestro Zen, Ejo Takata, quien meditaba en el foro durante el segundo acto.
En el libro Antología Pánica, editado por Joaquín Mortiz en 1996, donde González Dueñas realizó una selección de entrevistas y textos de Jodorowsky, el director de El diario de un loco explica:
“Cuando llegué a casa de Ejo Takata y me abrió la puerta, por primera vez me encontré con una persona que instantáneamente me conocía: no había más que verse… Takata me invitó a entrar, y lo primero que hizo fue mostrarme un signo japonés; me tradujo su significado: ‘Felicidad’. Y me di cuenta de que ahí me enseñaba el secreto del alma, el de ser constantemente feliz a pesar de todo, a pesar de las miserias y los fracasos; la vida es una fuente de felicidad y la curación es reconocer que por debajo de la depresión, fuera de este contexto terrible en que vivimos, hay un río de increíble gozo.
“Ejo fue esencial para Zaratustra, en el transcurso de un año meditó en el escenario sin moverse, sin ganar ni un diez, mostrando lo que era la meditación, al mismo tiempo que los actores se movían. La obra no hubiera significado nada sin Ejo meditando. Existió gracias a él. Era la inmovilidad que daba sentido al movimiento.”
Por su parte, Bonilla (quien suma a las influencias de Jodorowsky en Zaratustra la de Julian Beck y el Living Theater) recuerda que antes de una función se enfermó de gripa por tantas noches caminando descalzo y desnudo entre el frío mosaico del Teatro de la Danza, en Chapultepec. Takata aplicó digitopuntura en su brazo y el actor se recuperó “en 20 minutos” (ver recuadro).
La propuesta
González Dueñas, basado en una nota del diario El Heraldo en el que Jodorowsky publicaba sus cómics de “Fábulas pánicas”) comenta que luego del éxito en México de Zaratustra, los productores de Jesucristo Superestrella –musical estrenado en 1971– se interesaron en la obra para ser representada en uno de los principales teatros de Broadway.
“Pero Jodorowsky demoró indefinidamente la respuesta, ya que estaba enfrascado en lo que sería su desbordante proyecto fílmico La montaña sagrada. Esos productores estadunidenses, asustados por el minimalismo de la puesta mexicana, tenían la intención de convertirla en una especie de comedia musical. Planeaban emplear una orquesta sinfónica en vivo que interpretara precisamente Así hablaba Zaratustra, de Richard Strauss.
“Resulta inimaginable cómo habría sido esa versión, pues en el texto Jodorowsky advirtió: ‘Para montar Zaratustra hay que limpiar el escenario. No debe hacerse ningún cambio de luz. No debe usarse ningún traje especial, sino simplemente ropa vieja. El personaje de Zaratustra estará desnudo. Recomiendo que los actores, antes de comenzar la función, estén en la puerta del teatro conversando con el público’.”
González Dueñas ha prometido un libro sobre dos de los más grandes escándalos teatrales que provocó Jodorowsky, quien llegó a este país como integrante de la compañía de Marcel Marceau:
“La ópera del orden y La sonata de los espectros son obras que él recuerda más cuando habla de los escándalos que produjo su teatro en México, datan de 1961 y 1962, respectivamente. Duraron muy poco en escena debido a la censura, porque era una época muy conservadora y la represión contra este tipo de obras fue virulenta.
“Y hacia 1970 hubo otra clase de recibimiento, mucho menos feroz, en el que no hubo prohibición. En este caso, el escándalo de las dos anteriores sirvió de trampolín, no de pretexto para el inquisidor.”
En 1995 Jodorowsky confesó: “El escándalo es un regalo divino. No lo hace quien quiere: llega. Yo nunca supe hacerlo, era un regalo para mí. Para el artista, el escándalo es un regalo sagrado porque empieza a ser conocido y a vender sus obras.
“Cuando hice Zaratustra, tenía a Susana Kamini e Isela Vega desnudas, y se llenó el teatro. La gente no iba a ver Zaratustra, de Nietzsche y, sin embargo, pasaba el mensaje filosófico; durante años estuvo en cartelera, pero gracias al escándalo. Es que un artista tiene que abrir su obra con lo que venga, porque si no, pasa inadvertido. Ése es el problema.”
Jodorowsky vendrá próximamente a México para presentar su libro Albina y los hombres-perros, editado por Grijalbo, y, al mismo tiempo, el actor Juan Ferrara planea una reescenificación de Zaratustra; para él, esta obra y El juego que todos jugamos son las dos más importantes puestas de este polémico director.








