“Se debe hacer una interpretación de Nietzsche para que los jóvenes no se confundan”: Mercedes Garzón

La “rocktora” (en realidad es doctora en filosofía por la UNAM) Mercedes Garzón Bates encarna en su propia vida las ideas de Nietzsche. Para ella no es un asunto ajeno: Su extinto hermano Juan Garzón (murió en marzo de 1983) fue uno de los primeros filósofos mexicanos en recuperar el pensamiento –en la década de los setenta– del autor de Así habló Zaratustra.
Preocupada por aligerar la comunicación de las tesis filosóficas, ha publicado ejercicios como Romper con los dioses, donde el guión cinematográfico sirve para montar un diálogo entre grandes pensadores de Occidente: Nietzsche, E. M. Cioran, Thomas Bernhard, Heidegger y Enest Jünger.
Autora de un compendio, La ética, en la colección del Conaculta Tercer Milenio, sintetiza al Nietzsche de su tiempo y al actual:
“Es el pensador que se  erige en el gran crítico de cultura occidental y del cristianismo. Hace una demolición de la moral cristiana y de las categorías de la modernidad. Su discurso, una y otra vez, renace cuando se afirman los valores tradicionales, conservadores y éstos tratan de ganar terreno. Eso ocurre hoy en México. De ahí que su crítica aún sea provocadora y lacerante para la moral tradicional.”
Para Garzón, una mujer en la edad adulta, estigmatizada por el 68 y de corazón juvenil, Nietzsche siempre será actual porque los jóvenes ven en él al filósofo que rechaza la autoridad.
Vehemente, sostiene que la filosofía del solitario de la campiña italiana se ha sobrepuesto a la asociación de una perspectiva fascista:
“Nada que ver con el nazismo su idea de la afirmación de una individualidad que se pone por encima del rebaño.”
Asienta:
“No hay estudiante de filosofía que no se inquiete por un hombre que rompe con las figuras autoritarias.”
Sin embargo, subraya:
“Hablamos de un filósofo difícil, porque su lenguaje no es fácil y se presta a la confusión. De ahí que sea importante hacer una interpretación de su filosofía para los jóvenes y así no se confundan y lo asocien al nazifascismo.”
Autora además de Nihilismo y fin de siglo, Abismo y vacío del Diablo, y De la ética a la frenética, se refiere al rescate de la obra de Nietzsche efectuada por los profesores Mazzimo Montinari y Giorgio Colli, quienes despejaron la tergiversación de la hermana del pensador, quien entregó los archivos de su hermano a Hitler.
Manifiesta que la posibilidad de conocer “los textos auténticos de Nietzsche” dio pie para que, a partir de los años sesenta, se diera una nueva interpretación de la filosofía del amigo de Paul Reé, Cósima Wagner y Lou Andreas-Salomé, y fuera sopesado por los  marxistas y los anarquistas.
Argumenta:
“Ningún pensador del siglo XX pudo sustraerse o ignorar la posibilidad de vislumbrar la subversión de todos los valores de la tradición occidental. Ese fue su mensaje y con él conmovió al mundo:”
No obstante, se le hace ver a la doctora Garzón que esa realidad nunca se ha dado:
“En efecto, Jean Baudrillard dice que si bien para Nietzsche lo importante es la subversión de los valores de la cultura occidental y de esa forma crear otros, lo cierto es que eso no se ha dado, por eso Baudrillard corrige y asevera  que vivimos en una trasdevaluación. Es decir, nos hemos quedado con lo peor de los dos sistemas. O sea que la destrucción del socialismo real y el capitalismo tonificado en la perspectiva del neoliberalismo han propiciado una involución de valores.”
Auroleado Nietzsche con la teoría de  la voluntad de poder, alerta la estudiosa:
“La voluntad de poder no es voluntad de dominio. Para Nietzsche la voluntad de poder significa ser libre. Subraya el hecho de que afirmarse como un individuo y un espíritu libre te sitúan al margen del rebaño.”
Abunda:
“La voluntad de poder es la disposición a ir más allá de los valores establecidos y superar el sentimiento de culpa impuesto por el  cristianismo. Para lograrlo, revela Nietzsche, se debe ser un espíritu fuerte que se niegue a seguir la corriente. Implica atreverse  y superar la moral del dominado, de la persona que se conforma y es un espíritu débil y miedoso.”
Garzón coincide con su maestro Fernando Savater en la idea de que a Nietzsche no se le puede resumir en una sola frase:
“Perderíamos la riqueza y la gama de posibilidades contenidas en sus libros. Conviene recordar que él cambia la forma de pensar de la cultura occidental, crea otra forma de escribir y fragua otro lenguaje. Sin duda es cifrado, críptico, metafórico y poético, pero se sale de la forma del lenguaje tradicional de la filosofía. Es cierto que su discurso no es sistemático y hay que rastrear en sus obras las ideas, pero éstas ahí se encuentran.”
Resulta paradójico seguir a Garzón en su apasionamiento por el cánon de Nietzsche cuando es un filósofo tachado de misógino; sin embargo, para ella esa circunstancia no es toral:
“Podríamos suponer que ideas como la voluntad del poder, el eterno retorno, el superhombre, la muerte de Dios ya han sido superadas o no definen al mundo contemporáneo. Pienso que no es así y para demostrarlo diría que la influencia de Nietzsche fue determinante en filósofos contemporáneos como Michel Foucault, Gilles Deleuze y Jacques Derrida, sin duda los críticos radicales de la modernidad.”