CARACAS.- Los analistas estadunidenses se muestran preocupados por el surgimiento de un nuevo actor en el escenario mundial que departe con los declarados archienemigos de Washington y hace que los automovilistas norteamericanos lo piensen dos veces antes de llenar su tanque de gasolina.
El presidente venezolano Hugo Chávez ha sabido utilizar la riqueza petrolera de su país como un trampolín al primer plano internacional, codeándose nada más y nada menos que con Sadam Hussein y Mua’mmar Kadafi, en el marco de una gira de nueve días por 10 países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), a la que el canciller José Vicente Rangel no vacila en calificar como el viaje más importante que jefe de Estado venezolano alguno haya realizado.
Chávez volvió totalmente reivindicado y revitalizado en lo internacional… y los precios petroleros tocaron las nubes: por arriba de los 32 dólares el barril.
La entrevista de Chávez con el presidente iraquí Sadam Hussein se convirtió, extrañamente, en uno de los hechos noticiosos de la semana en el mundo globalizado. Paradójicamente, en ello influyeron altos funcionarios estadunidenses, quienes intentaron torpedear la “petrogira” de Chávez con sus declaraciones: “Es una gira inapropiada” y “no prudente”, dijo Richard Boucherd, vocero del Departamento de Estado.
Y el secretario de Energía señaló: “Estoy profundamente consternado por la visita del presidente Hugo Chávez a Irak; le da legitimidad al régimen de Sadam Hussein”.
El mandatario venezolano fortaleció su imagen en el frente interno y en el internacional y a la vez estimuló el interés por la II Cumbre de la OPEP, programada para finales de septiembre en Caracas, y “a la que no asistirán Sadam ni Kadafi, por razones obvias”, según dijo Chávez.
Al día siguiente de sus declaraciones, Boucherd moderó el tono de sus advertencias y reconoció el derecho de Chávez a actuar con plena independencia. No tenía más remedio: ni el presidente venezolano se había amedrentado ni la comunidad internacional estaba dispuesta a censurar su viaje.
Es más: Kuwait, la nación invadida por Irak hace 10 años, así como Arabia Saudita, entendieron la pertinencia del viaje, y los voceros de las Naciones Unidas –generalmente sumidos en el más absoluto silencio– admitieron que el viaje se había realizado dentro de los parámetros fijados por la Organización en la aplicación del bloqueo.
Todos los jefes de Estado de los países socios de la OPEP manifestaron su satisfacción por la pragmática iniciativa de Chávez, vaciándola de cualquier contenido político e ideológico. Hasta el presidente iraní Mohamed Jatami, olvidándose de la sangrienta guerra con Irak, dio apoyo logístico a la delegación venezolana para transportarse a la frontera, y cruzarla a pie hacia Irak, en una zona altamente conflictiva y explosiva.
Hay una convicción entre los miembros de la OPEP: la violación de las cuotas de producción es muy peligrosa para cada uno de los países, porque se retornará a la volatilidad del mercado.
Ahora, en lugar de haber caído en desgracia, Chávez aparece, gracias a las urgencias y emergencia energéticas de Estados Unidos, como un aliado tácito de Washington, el mayor mercado del petróleo venezolano.
Nadie puede decir que se trata de incongruencias. Desde que asumió el poder en febrero de 1999, Chávez ha venido realizando –con precisos libretos de su ministro de Energía y Petróleo, Alí Rodríguez– llamados a las potencias petroleras (en principio al lado de México y Arabia Saudita, los otros dos grandes abastecedores de Estados Unidos) para que reduzcan su producción de crudo.
La OPEP “compró” finalmente la idea de una banda petrolera impulsada por Venezuela: si baja de 22 dólares el barril, se reduce la producción; si sube de 28, se aumenta la oferta. Esto ha llevado a que los precios internacionales del crudo se triplicasen: de 9 a 30 dólares el barril.
Aun cuando todos los países de la OPEP estaban ya invitados y habían confirmado su asistencia a la II Cumbre petrolera en Caracas, el toque personal de Chávez que supone esta diplomacia de “alfombra voladora”, le da mayor relieve.
Chávez for export
Durante muchos años –sobre todo los últimos cinco–, Venezuela se había convertido en un verdadero aguafiestas de la OPEP, excediéndose siempre de sus cuotas de producción, y en portavoz de las posiciones de Estados Unidos. Ahora intenta, en cambio, que el cártel petrolero no sea un mero club de exportadores de materia prima, sino que avance en un mayor valor agregado mediante alianzas estratégicas entre sus miembros.
La OPEP, que nació en un mundo bipolar, es hoy el único cártel operativo creado por países en desarrollo que se ha tuteado con las grandes economías. Hoy, enfrenta un mundo donde las reglas de juego las establecen las grandes potencias industrializadas, sin contrapeso alguno.
Chávez dijo que no imaginó que su presencia en Irak y su entrevista con Saddam Hussein se iban a convertir en la noticia más difundida en los medios de comunicación del mundo entero el jueves 10 de agosto. Y menos aún que su decisión iba a mejorar su imagen, incluso, entre aquellos que asumen su gobierno como una calamidad histórica y a su personalidad como un indescifrable y perturbador misterio.
La actitud desmedida del vocero del Departamento de Estado Richard Boucher al exigirle prácticamente que no penetrara en territorio iraquí movió la fibra nacionalista de numerosos sectores y personajes que nada tienen con ver con el proyecto bolivariano del reelecto mandatario venezolano.
“A pesar de su discurso, Chávez ha respetado todos los contratos suscritos en la apertura petrolera, con las empresas trasnacionales”, admite Luis Giusti, expresidente de la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (Pedevesa), despedido por el propio mandatario.
“El interés principal de Estados Unidos es obtener suministro constante y estable de petróleo”, señaló Robert Pastorino, expresidente del Consejo de Seguridad Nacional para América Latina durante la administración de George Bush padre.
Terry Karl, de la Universidad de Stanford, indica que Chávez tiene una audiencia que lo escucha con gran simpatía en Washington, entre ellos los dirigentes de las grandes transnacionales petroleras. “Una amplia fluctuación de los precios no sería para los productores, pero tampoco para las empresas petroleras. Si la OPEP puede generar una estabilidad alrededor de los 25 dólares por barril, sería un precio bastante más alto que el que desean los consumidores, pero no tendría queja alguna de las compañías energéticas”, destaca.
No es sólo el estado del mercado petrolero lo que preocupa a Estados Unidos, sino sus existencias de derivados, como el combustible para calefacción, que están por demás bajas. La semana pasada, la Agencia Internacional de Energía dijo que el factor clave era saber si los márgenes de ganancias de las refinerías estadunidenses serían “suficientes para mantener su producción de combustibles para calefacción durante el invierno”.
Las bajas existencias de gas, más el pronóstico de un crudo invierno –y por ende más frío que los tres anteriores– podrían ejercer presión sobre el sistema de gas natural. Desde ya se vislumbra un alza en los precios, cuyo costo de venta al por mayor se ha duplicado en el último año.
Contacto en Bagdad
Pareciera que las amenazas recibidas no causaron mella en Chávez, ya que una vez de retorno al país hizo un llamado a la ONU para que cese el bloqueo aéreo a Irak. “A mí me parece que ya es demasiado tiempo (…) resulta que Bagdad no es el infierno ni Saddan es el diablo. En Bagdad hay niños con cáncer, no les llega el tratamiento por el bloqueo (…) creo que eso es salvaje. Hago un llamado al humanismo, todos somos hijos de Dios, eso no tiene nada que ver con asunto de política”, dijo.
Aseguró que al momento de su viaje a Irak no sabía que ningún jefe de Estado democráticamente electo había visitado esa nación. “Me enteré después que el tema levantó una polvareda que nosotros jamás pretendíamos”.
Desestimó los señalamientos de que su encuentro con Hussein se debía a animadversión contra Estados Unidos “No tengo animadversión contra nadie, lo que tengo es amor”, y señaló que a aquellos funcionarios estadunienses que se mostraron “irritados” por la visita a Irak “habrá que mandarles una crema, ¿cómo se llama esa crema para la irritación de los bebés?, para que no se vayan a sobreirritar”.
A su regreso, Chávez defendió los precios del petróleo y argumentó que su aumento se debe al agotamiento normal de los combustibles fósiles: “ese petróleo algún día se acabará”, advirtió.
Recordando los argumentos de la crisis de los setenta y la amenaza de los países industrializados de recurrir a fuente alternas de energía, indicó que los ingresos que ahora se obtengan permitirán a “nuestros países” producir dichas fuentes alternas.
Resaltó de nuevo que de estos precios “justos” depende el desarrollo de su país, así como de los otros Estados que forman parte de la OPEP, y destacó que permitirán a los países productores cubrir la demanda que se incrementa año a año y que para el 2001 se estima crecerá 2.1%.
“Sólo precios justos nos van a permitir seguir explorando y aumentando la capacidad de producción”, señaló.
Chávez dijo que cada vez existe más consenso en el cártel petrolero sobre la necesidad de mantener las bandas de precios para el precio del barril oscilando entre 22 dólares y 28 dólares y así lograr la estabilidad del mercado.
Aclaró que el alto precio que pagan los consumidores por los derivados del petróleo no se debe al costo de la materia prima, que sólo afecta en 21% el costo final, sino a que 55% de él es por pago de impuestos (el 24% restante se va en los costos de comercialización).
Agregó que no sólo la OPEP interviene en la fluctuación del precio, pues los factores especulativos son determinantes en este aspecto.








