No toleran que alguien defienda la vida sin titubeos y se dicen campeones de la tolerancia. La defendemos porque es sagrada, pero ellos, como imponen un mundo laico, niegan que algo pueda ser sagrado. Alegan que lo nuestro sería imponer que existe algo sacro, pero ellos imponen un mundo en que nada sea sacro. Es la intolerancia laica llamándose tolerancia. Estamos como cuando los regímenes tras la cortina de hierro, donde no había ni brizna de democracia, se llamaban democracias populares. Hipocresía y mentira sin rubor. Nuestros liberales no han caído en la cuenta de que el liberalismo vive de herencia, no podría existir sin lo que heredó de convicciones cristianas anteriores, en particular la convicción de que todo ser humano tiene dignidad infinita. De esa convicción nació la democracia.
Un anticristianismo (no sólo anticlericalismo) tan furibundo como el de estas últimas semanas no lo habíamos visto en México desde hace por lo menos 50 años. Es su revancha innoble contra el triunfo del partido cristiano del 2 de julio. Primero hubo regateo mezquino de ese triunfo, y ahora es linchamiento igualmente mezquino.
Por desgracia, la controversia sobre aborto en sí misma tiende en todas partes a ser pasional y emotiva, basada en apreciaciones impresionistas subjetivas, presuntamente equilibrando unas cosas con otras ¡como si el aniquilamiento de una vida humana pudiera equilibrarse con alguna otra cosa compensatoria!
Pero ya es hora de que la racionalidad y la lógica intervengan por fin en este asunto y dejemos de creer que la cuestión no puede zanjarse definitivamente. El argumento tiene tres pasos.
Unos ejemplos de motivos para abortar. Porque ya me cansé de estar gorda. Porque no quiero que mis papás se enteren. Porque ya tengo muchas ganas de fumar y no me dejan hacerlo por el embarazo. Porque a mi marido no le gusto así. Porque la ropa ya no me viene.
Segundo paso: ¿Por qué aún los proabortistas rechazan esos motivos como justificadores de aborto? Evidentemente porque reconocen que lo concebido por mujer es un ser humano y quitarle la vida a un ser humano es asesinato. Esto es decisivo: sin ese reconocimiento como base no tendrían por qué negarle a la chica sus gustos, ni siquiera el de poder fumar.
Tercer paso. Pero si lo concebido es un ser humano, ningún motivo es válido para matarlo. Ninguno. Ni siquiera el hecho de que el embarazo sea efecto de una violación. El hecho de que se haya cometido un ultraje de ninguna manera autoriza para cometer otro, el cual por cierto es mucho más grave.
Si la lógica no nos norma a rajatabla, no hay manera alguna de dirimir discrepancias racionalmente. La lógica nos obliga aún cuando estamos a solas. Incluso es muy digno de asombro el hecho de que los escépticos se alteran cuando se les demuestra que están violando la lógica (y todo escepticismo viola el principio lógico de no contradicción: véase mi Racionalidad y democracia, capítulo tercero). Si se declaran escépticos, las reglas de la lógica les deberían importar un pepino, exactamente como todo lo demás.
Si la lógica no nos norma, si se parte del presupuesto de que no puede haber demostraciones apodícticas, la democracia es imposible porque no puede haber diálogo y las discrepancias tienen que resolverse mediante la fuerza. Si estoy convencido de que no puedes demostrar apodícticamente nada, no te tomo en serio cuando me hablas y por tanto el diálogo se vuelve pantomima.
En la tabla de avisos del liberalismo hay este letrero: “Se permite buscar la verdad con la condición de que nadie la encuentre”. Según ellos no puede haber verdades absolutas porque si son absolutas “se imponen”, lo cual iría contra la democracia. Pero no caen en la cuenta de que la democracia se basa precisamente en la existencia de verdades absolutas, como la que afirma que toda persona tiene dignidad infinita. Eso no está a votación, como ninguno de los derechos humanos inviolables está a votación. Por eso es absurda la idea de un referéndum sobre el aborto. El respeto a la vida humana no es cosa que se pueda someter a votación. La intransigencia de los obispos en este punto honra a México y es más creadora de democracia que todas las ficciones de tolerancia de nuestros liberales.
Termino reconociendo que hace muchos años en esta misma revista publiqué un artículo tibio sobre aborto. Por la presente lo retracto. No había estudiado lógica a fondo.








