Andrés Manuel López Obrador va a gobernar la Ciudad de México pero no vive en ella. Su residencia oficial es una, pero su residencia real es otra. Habita el mundo de los mártires y los místicos. Se hospeda en la unidad habitacional de los que nacieron para pelear por los pobres, morir por los miserables, luchar contra los molinos de viento pero en favor de Sancho Panza. Cuando habla de devolver la ciudad a “la gente” no está pensando en los letrados de La Lomas o los contadores de la Condesa o los profesionistas de Polanco. Tiene en mente a los indigentes de Iztapalapa, a los ambulantes de Azcapotzalco, a los pepenadores de la Portales. En la Biblia de Andrés Manuel –los 40 puntos del nuevo gobierno–, los pobres serán primero. Serán dueños de la tierra, del agua, del Metro y de la metrópoli.
López Obrador concibe el buen gobierno como un ejercicio de buena voluntad. Para regir bien bastan las ganas de hacerlo. Quienes lo escuchan, no saben si admirarlo o cortarle las alas, aplaudirle o anclarlo en el mundo de los mortales, unirse a su causa o ponerle los pies en la tierra, esperar su bendición o pagarle un curso intensivo de administración. Se muestra impávido frente a la crítica porque siente que la suya es una cruzada celestial, una directriz divina. Su gente lo sabe y lo sigue, lo llama por su nombre, lo siente suyo. Pero todos los místicos son peligrosos. Caminan entre la admiración y la animadversión, la pasión y la polarización. Los seguimos porque creemos que van a lugares soleados y misteriosos, y cuando se equivocan lo hacen de maneras oscura y misteriosa. Van mirando las estrellas y se caen en los charcos que hay en el camino.
A López Obrador le falta construir cimientos a los castillos que ha trazado en el aire. Le falta inyectar realismo al idealismo. Le falta entender que la Capital de la Esperanza no puede ser un coto de los comités vecinales, un premio para los pobres. La ciudad es de los pobres y de los ricos, de los que hacen cola para el agua y de los que la desperdician, de los buenos y de los malos, de los indigentes y de los inversionistas, de los que todavía creen en Cuauhtémoc Cárdenas y de los que ya perdieron la fe en él. Para gobernar con éxito, López Obrador tendrá que gobernar con todos y para todos. Para bien de la ciudad, primero los ciudadanos.
El placer de servir
–Desde el 2 de julio te habías convertido en el hombre invisible de la política mexicana, el gran ausente, el de perfil desdibujado. ¿Tu hibernación política de las últimas semanas se debe al estupor que te provocó haberle ganado, con tan poco margen, a Santiago Creel?
–No. Me retiré para hacer trabajo de gabinete, además me fatigué mucho en la campaña, ya que fue muy intensa y tenía que tomar distancia, dedicar tiempo a la reflexión, a pensar.
–¿Te hirió el orgullo haber ganado con tan poca ventaja?
–No. Gané con 230 mil votos de ventaja. No es poca cosa.
–Pero dada la enorme ventaja que llegaste a tener durante la campaña, la percepción de muchos es que ganaste de panzazo. Vas a tener que compartir el poder con el PAN y en tu propio partido se te acusa de traidor, desleal, incumplido por no haber entrado de lleno a la campaña nacional, a la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas. Incluso fuiste crítico de su gobierno cuando afirmaste “que no se habían abierto espacios a la participación ciudadana”. ¿Cómo va a generar consensos alguien que llega al poder de una forma tan aguerrida?
–Mira, estoy trabajando abajo con la gente. No te acepto todo eso que planteas o en algunos casos lo aceptaría con matices. No me voy a meter al cuestionamiento que se hace en medios de comunicación.
–¿No es un cuestionamiento válido?
–No. Yo tenía que hacer una estrategia de campaña. Pedí el voto a favor del ingeniero Cárdenas, no sé en donde está la deslealtad, además eso no existe ¡eh! Acerca de que gane de panzazo, pues… gané casi con el mismo porcentaje de votación con que ganó Fox. A Fox le reconocieron de inmediato su triunfo; a mí me lo regatearon. Se hablaba de empate técnico. Yo estaba absolutamente seguro de que había ganado.
–Vicente Fox está intentando integrar, con la ayuda de headhunters, un gabinete de hombres y mujeres eficaces y eficientes. Tu criterio, sin embargo, parece ser el mérito moral: estás en busca de santos y arcángeles, personas dispuestas a trabajar más por menos. ¿Basta la honestidad para el buen gobierno? ¿Es suficiente la honestidad como solución de todos los males?
–Es muy importante. La ciudad funciona a partir de equilibrios entre poderes. Hay un bloque de poderes informales, algo similar a la economía informal que interactúa con el poder legal. Tienes poderes informales y a veces verdaderas mafias. Para desmantelarlas se requiere gente con integridad moral. Es mucha la tentación que despierta el poder y se requiere gente con principios o convicciones, gente incorruptible.
–Hablas de hombres y mujeres incorruptibles, sin embargo en los 40 puntos de gobierno que diste a conocer, anuncias una disminución de sueldos de 15% ¿No corres el riesgo de que las únicas personas que vayan a acabar trabajando para ti sean los priistas desempleados? ¿Obtendrán recompensa terrenal tus colaboradores o sólo al llegar al cielo?
–Mira, el poder político tiene su atractivo. Hay mucha gente que tiene dinero, incluso ganado de manera legítima, que le gustaría tener el poder político. Causa placer el servir. No sólo es un deber, es un placer y eso no lo da lo material. No sólo de pan vive el hombre.
–Pero el experimento de la moralidad al poder ya lo vivimos con Cárdenas y ese mesías mexicano fue crucificado en las urnas ¿Por qué resucitar una fórmula fracasada?
–No estoy pensando en eso. Estoy pensando en un gobierno con hombres y mujeres con integridad y principios y van a salir bien las cosas.
–¿Porque tú lo dices?
–Porque hay mucha gente con conocimiento, buenos profesionales, gente íntegra.
–Dime algunos nombres de tu gabinete, de personas de primera línea, porque llevas casi dos meses integrándolo, entonces me imagino que habrás avanzado un poco.
–No tiene caso hablar sobre quiénes van a integrar el gabinete, porque todavía falta mucho tiempo. Hablé, por ejemplo de invitar a Clara Jusidman, a César Buenrostro, que es el actual secretario de Obras y de Servicios Públicos, de (Alejandro) Gertz, de Samuel (del Villar) y se ha generado toda una campaña, sobre todo en contra de Samuel. Entonces, para qué mencionar más nombres; te puedo decir que hay muy buenos profesionistas, de modo que será un buen gabinete.
El poder del pueblo, para el pueblo, con el pueblo
–Los 40 puntos se leen más como los Diez Mandamientos que como un plan de gobierno. Da la impresión de que estás imponiendo tu agenda personal –el ataque contra la corrupción– cuando lo que la población pide a gritos es el combate a la inseguridad.
–Está planteado. Lo que pasa es que es un enfoque distinto. Yo sostengo que no se podrá garantizar la seguridad pública, mientras no se frene el empobrecimiento de la gente. Hay que ir a las cárceles, están llenas de jóvenes y esto tiene que ver con problemas económicos, con problemas sociales, con desintegración familiar. Entonces es muy hipócrita o es muy superficial el querer resolver las cosas con policías y con cárceles y con amenazas de mano dura. Si no se atienden las causas no vamos a poder garantizar la seguridad pública aunque tengamos un policía en cada esquina.
–Este afán tuyo de combatir la raíz del problema –la pobreza– mediante una estrategia de ir directamente a la gente, de entregar dinero y recursos directamente a las delegaciones, de ir más allá del entramado burocrático, ¿no te huele eso a Pronasol?
–No, se simplifica demasiado, hasta me divierto de las críticas …
–Estoy basando la pregunta en declaraciones tuyas…
–No se trata sólo de repartir dinero a la gente. La estructura administrativa, el aparato burocrático del Gobierno del Distrito Federal, es como un elefante reumático que avanza lento. Yo tengo que actuar de manera rápida y quiero aterrizar muchas cosas abajo en la unidad territorial, con la organización vecinal, pero todo esto en el marco de la legalidad, de la normatividad existente. Y los críticos se rasgan las vestiduras diciendo: es populismo, es paternalismo. Me recuerda mucho aquello del ladrón que empieza a gritar “al ladrón, al ladrón”. ¿Qué pasa, pues, con el populismo de derecha? Yo estoy planteando que haya un nacimiento del Estado de bienestar en México, como se da en cualquier otra parte del mundo. Ojalá y tuviésemos un Estado de bienestar en el país.
–Entonces ¿no se te podría acusar de generar redes clientelares, de convertirte en el poder discrecional que decide cuándo, cómo y de qué manera se entregan los recursos?
–No, porque no se conoce la propuesta a fondo. La tenemos que ir explicando poco a poco. Pero es muy sencillo. Se trata de llevar a la práctica la democracia, porque a final de cuentas es el poder del pueblo, para el pueblo, con el pueblo. La democracia en esencia es cuando el pueblo se organiza y se gobierna a sí mismo. Lo que quiero es que los vecinos decidan en lo que estoy proponiendo. La máxima autoridad será la Asamblea de Vecinos, porque lo que se intenta es mandar obedeciendo, muy contrario del esquema autoritario.
A lo mejor sólo son dos años
–Pero mandar obedeciendo tiene otros problemas. Dices que vas a implantar un esquema de revocación de tu mandato cada dos años. ¿No implica eso caer en el populismo, gobernar conforme a los vaivenes de la opinión pública, transformar tu gobierno en una campaña permanente? ¿No te llevará ese mecanismo a convertir el mantenimiento de tu popularidad personal en el motor de tu gobierno?
–No, mira, porque primero hay un proyecto.
–Y si en dos años te pide la población del Distrito Federal que abdiques a ese proyecto, ¿te vas?
–Me voy. Sería lamentable aferrarse al cargo sin tener el apoyo de la gente. Sería incongruente. Son de las cosas que me he quitado de la cabeza o, mejor dicho, que he resuelto, el desprendimiento hacia el cargo. Si me aferro al cargo pierdo mi autoridad moral, pierdo mi autoridad política, pierdo mi dignidad que es lo que considero más importante en mi vida. Sostuve en la campaña lo de la revocación de mi mandato y algunos pensaron, incluso gente de buena fe me recomendó: “no digas eso, no sigas diciendo eso, porque te lanzan una campaña de medios y te sacan”. Entonces después del 2 de julio lo pensé y dije: “mantengo mi postura”. Hablé con Rocío –mi esposa– y le dije: “Prepárate, porque a lo mejor pueden ser dos años”.
–¿Cómo vas a demostrar que funciona el proyecto que estás proponiendo si afirmas que vas a recortar a la mitad el gasto en publicidad del gobierno capitalino? Uno de los grandes problemas del gobierno de Cárdenas es que no supo publicitar sus logros. Fue un gobierno mudo. Rosario Robles logró resarcir la imagen deteriorada del gobierno, permitiéndote ganar ¿Por qué repetir el mismo error de Cárdenas y gobernar sin informar y sin defenderte de los ataques que surgirán en tu contra?
–Voy a comunicarme con la gente, voy a estar constantemente en los medios… Voy a dar a conocer asuntos de interés para la gente cada determinado tiempo, voy a estar constantemente comunicándome con los ciudadanos. Hablé de reducir a la mitad el presupuesto en publicidad, creo que con eso podremos hacer una buena campaña en medios, bien diseñada.
–Pero los medios no se van a abrir simplemente porque seas un hombre bueno, bienintencionado. Vas a tener que pagar el acceso a los medios y, si reduces el presupuesto, ¿cómo mantienes esa comunicación?
–Son recursos que se van a aplicar bien. Con la mitad puede alcanzar para hacer la campaña y para dar a conocer lo que el gobierno esté haciendo. Además, hay otra forma de comunicarse, no sólo son la televisión y la radio, aunque estoy convencido de su fuerza y de su poder. Voy a recorrer constantemente la ciudad, voy a hacer giras constantes, no voy a estar todo el tiempo en la oficina, voy a trabajar mucho, mucho más que ahora.
“Me estoy preparando para levantarme más temprano por aquello de que la fortuna se reparte como a las cinco y media de la mañana. Tengo confianza en que voy a hacer un buen gobierno.
–Éstos son algunos de los epítetos con los cuales te han bautizado: purista, fundamentalista, radical, inflamatorio. ¿No te parece que estas características son ingredientes peligrosos de un cóctel explosivo, en una ciudad donde para gobernar se requiere tener la cabeza bien fría?
–Y el corazón caliente.
–La percepción que muchos comparten de ti es que tienes la víscera permanentemente indignada …
–No, mira, se aprende a equilibrar pasión y razón y eso es la política. Lo que pasa es que somos hombres públicos. Hay cuestionamientos, no somos moneditas de oro, pero vamos a entregar buenas cuentas.
–Tu partido se retuerce, se desgarra, y tú has mantenido la distancia, sentado en las gradas como espectador. ¿Por qué habría el PRD de confiar en ti, cuando en uno de los momentos más arduos de su historia parecería que te has lavado las manos?
–Mira, Denise, no me gusta el protagonismo. En política es muy importante el silencio y el tomar distancia de vez en cuando. No me gusta ese desparpajo de estar en todos lados. Hay tiempo. No puedo opinar sobre el partido, entre otras cosas porque no soy dirigente del PRD, soy gobernador electo y tengo que cuidar equilibrios. Me llevo bien con todos.
–Pero recientemente han aflorado críticas hacia ti de colaboradores cercanos de Cuauhtémoc Cárdenas.
–Bueno, allí hay diferencias, hay matices, desde luego. Soy respetuoso de militantes del PRD y sobre todo de los dirigentes. Cuando fui presidente del PRD una de las reglas básicas que se respetó fue no favorecer a ninguna corriente, a ningún grupo. Me situé como juez, como presidente del PRD. Me dediqué a conducir el partido para todos y nunca hubo un conflicto interno, lo cual fue un factor que ayudó mucho en el avance del partido.
–¿Crees que ése ha sido entonces el error de Amalia García? ¿El apoyo a ciertas corrientes? Ha habido conflictos incesantes en el PRD desde que ella está al frente.
–No. Son circunstancias, son tiempos distintos. Yo no puedo recetar nada, pero sí creo que el respeto a la pluralidad –muy contrario a lo que se opina de mí en algunos casos– es la paz en el PRD. Eso es lo que da la estabilidad en el PRD. No se puede imponer ninguna corriente de pensamiento, no se puede imponer ningún grupo. Hay que buscar la conciliación entre todos y definir muy claramente en lo que se coincide.
Un PRD ensimismado
–¿Qué tendría que pasar hoy para que hubiera paz en el PRD?
–Pienso que la definición de un proyecto hacia el futuro, en el que todos coincidan. Cuando nos ensimismamos no nos va bien. Tenemos que pensar hacia fuera y hay una oportunidad extraordinaria. La derecha se nucleó. Volvemos a lo que ha sido siempre la historia del país. Hay dos grupos, dos bloques: conservadores y liberales. Hay la oportunidad de aglutinar fuerzas progresistas con un proyecto que retome lo mejor del pasado a favor de la igualdad, de la justicia, con los nuevos aportes de un mundo globalizado. Ese proyecto puede ayudar al partido.
–Pero gran parte de la población de este país pensó el 2 de julio que Vicente Fox y su equipo eran los liberales y que Cuauhtémoc Cárdenas y el PRD eran los conservadores.
–Pero eso es transitorio, esto apenas empieza.
–¿Les arrebataron la bandera del progresismo?
–Es una cuestión de imágenes.
–¿Y de sustancia?
–Yo no diría eso. Creo que Fox es un conservador y su equipo también. Lo que hicieron fue simular con un pragmatismo ramplón que al paso del tiempo va a irse ubicando.
–¿No crees que el PRD también es un partido conservador que busca conservar el liderazgo de Cuauhtémoc Cárdenas a toda costa?
–No. El PRD tiene un proyecto de nación, distinto, diferente. El PRD quiere la democracia con dimensión social. El PRD está en contra de la actual política económica. Creo que Fox es la continuidad del mismo modelo económico con una ventaja: la legitimidad que da el haberle ganado al PRI.
–No es una legitimidad deleznable…
–No, pero mira, para los defensores del proyecto neoliberal se logra lo que siempre han pensado: democracia con política económica neoliberal. El PRI era un estorbo. Hacía falta la modernidad política para afianzar más el proyecto económico neoliberal. Eso ayudará a los grupos de intereses creados por algún tiempo, pero no es opción, no es alternativa, por eso creo que es importante plantear un contraste, un modelo alternativo.
Rosario es mejor
–¿Quién va a plantear ese modelo alternativo, Andrés Manuel? Ya empieza a decirse que es indispensable e inevitable un relevo generacional en el PRD, un relevo que se va a dar entre tú y Rosario Robles. ¿No crees que ella es la heredera natural del capital político de Cárdenas, que él le pasará la antorcha para recompensarla por una lealtad sin adjetivos?
–Es muy temprano para hablar de relevos. Primero, yo no acepto lo de la jubilación de Cárdenas. Él está entero, es un hombre íntegro y activo políticamente. Por otro lado, falta mucho tiempo para hablar de relevos y va a pasar mucha agua de bajo del puente. Vienen tiempos difíciles. No debemos adelantar vísperas, hay que esperar. Rosario es una extraordinaria política.
–¿Es mejor que tú?
–Es mejor que yo, pero además hay una circunstancia.
–¿Por qué es mejor que tú?
–Porque es muy agradable, tiene mucho carisma.
–¿Y tú no?
–No. A veces doy la impresión de ser muy rígido. Pero hay una cosa también, ya que hablamos de Rosario. Hay un fenómeno en América Latina y sin duda en México se presenta con mucha nitidez: la revelación de la mujer. Hay toda una emergencia de las mujeres. Después de mucho tiempo de prisión y de estar siempre atrás, ahora las mujeres que deciden participar son un éxito. Rosario es buena política y además está en la cresta de la ola de transformaciones en donde la mujer juega un papel fundamental.
–Volviendo a Cárdenas. En un momento álgido en el Zócalo la noche del 2 de julio, Cárdenas sorprendentemente dijo: “Están hablando de un empate técnico. Yo le quiero preguntar a Andrés Manuel que nos diga qué hacemos”. ¿Intentó regatearte el triunfo para ponerte en tu lugar, para castigarte?
–No. Le pasaron una tarjeta, con una información que le preocupó y lo externó en público, eso fue todo.
–¿Te sorprendió lo que ocurrió esa noche? ¿Sabías que no te estaba yendo tan bien en las últimas semanas de la campaña?
–Sabía que las últimas semanas eran difíciles. Traíamos un buen colchón y por eso resistimos. Se nos lanzaron muy fuerte, se nos acabó el dinero. En las últimas semanas la publicidad en televisión de Santiago era de 250 mensajes; la de Jesús Silva, de 350. Yo en cambio tenía 50 mensajes semanales. Nos golpeó, nos afectó lo de Lilly Téllez, la campaña contra Samuel, cometimos errores. Me replegué porque pensé que si le entraba más al debate podíamos cometer errores. Es como cuando estás en los juegos de futbol y tienes mucha ventaja y no sabes qué hacer. No sabes si vas a la ofensiva o te repliegas, y en este caso optamos por la defensiva. Creo que fue un error.
–¿Fuiste demasiado cauto?
–Sí. Me quedé con los brazos cruzados y me estaban golpeando fuerte. Salían mensajes en televisión de la toma de los pozos petroleros e incluso apareció un circulito en donde supuestamente yo estaba tirando una piedra y el que aparecía pues obviamente no era yo. Tiraba con la zurda y en eso soy derecho. Entonces debí salir a decir: “esto es mentira”. Debí defenderme, como siempre lo he hecho.
Cárdenas: intocable e irreprochable
–Hablas de una cautela equivocada, ¿No estás siendo demasiado cauto con respecto a Cárdenas? Dices que le tienes respeto, que no vas a enfrentarte a él, pero para convertirte en el líder real del PRD, e incluso para poder gobernar exitosamente en la ciudad, ¿no vas a tener que decir: “el que va a gobernar, el que va a rescatar al partido, el que va a contender en el 2006 seré yo”? ¿No vas a tener que declarar: “muera el rey para que viva el rey”? ¿No es casi inevitable y necesario un choque de trenes entre Cárdenas y tú?
–No. Si estoy buscando acuerdos con panistas y con priistas, ¿por qué voy a chocar al interior del PRD?
–Porque hay muchos analistas que culpan a Cárdenas de la debacle electoral del PRD. Argumentan que se volvió un cartucho quemado, que no supo cómo ganarle al PRI, que perdió contacto con las bases, que ahora deja que otros asuman la culpa. ¿No es el momento de virar los reflectores hacia él? ¿No es el tiempo de que Cárdenas deje de ser la vaca sagrada del perredismo?
–La contribución de Cuauhtémoc Cárdenas al momento democrático es fundamental, indiscutible.
–¿No pasó ya su momento?
–No. ¿Por qué ese afán de retirarlo? No me voy a pelear con Cárdenas porque no me quiero pelear con la historia. Así de sencillo.
–Quizá no pelearte pero sí distanciarte, reforzar una identidad propia…
–Es que él es respetuoso y somos distintos. Defendemos el mismo proyecto, pero obviamente hay estilos. Como decía don Daniel (Cosío Villegas), el estilo personal. Cada quien tiene su forma de hacer política, pero eso no quiere decir que haya diferencias de fondo en cuanto al proyecto.
–En un artículo reciente, el periodista Sam Quiñones describe el estilo cardenista: “ideología en vez de hechos; ganar todo o nada; piedad moral y puritana en vez de trabajar duro para hacer algo”. ¿Tiene razón o está describiendo también las aristas previsibles de tu propio gobierno?
–Es maniqueísmo, es poner las cosas en blanco y negro, y el análisis político es más complejo.
–¿Tú vas a situarte en el gris?
–No, es que siempre hay que matizar. La propuesta que estoy haciendo es la combinación de una serie de factores. No es el predominio del Estado por encima de la sociedad civil, sino que el Estado cumpla sus obligaciones sociales. Tampoco el que todo se deje al mercado. Lo que ves en los 40 puntos son los apuntes de un modelo alternativo, que luego se va a convertir en un libro y luego en varios tomos, porque será programa de gobierno con anexos y demás.
–¿Qué errores cometió Cárdenas gobernando la Ciudad de México?
–Creo que hay que ver al ingeniero Cárdenas y a Rosario de acuerdo con las circunstancias. El ingeniero fue muy acosado.
–¿No lo serás tú?
–No. Yo estoy muy tranquilo en eso.
–¿Por qué?
–Porque son otras circunstancias.
–¿Porque eres un mejor político?
–Hay una correlación de fuerzas distintas. Mira, el signo de nuestro tiempo es la búsqueda de acuerdos, nadie se puede imponer.
–Pero al decir eso estás implícitamente criticando a Cárdenas, estás sugiriendo que él se imponía, que no buscaba acuerdos…
–No, no, no. Él enfrentó circunstancias muy difíciles, de mucho acoso. Le tiraron a matar políticamente, porque lo veían con mucho miedo. Además, aquí hay una cosa importante: a Fox nunca le tuvieron miedo, a Cárdenas sí. A final de cuentas a Fox lo ayudaron los mismos que están impulsando el actual modelo económico: (Alfonso) Romo, el grupo Monterrey, los mismos. Conmigo hubo algunos que apostaron a cerrarme el paso, nada más que no pudieron. Se quedaron con las ganas.
Por el bien de Andrés Manuel, primero los pobres
–Si no estás dispuesto a pelearte con Cárdenas, a criticar su estilo de hacer política, a proponer un modelo alternativo, ¿no acabarás siendo una versión facsimilar de Cárdenas? ¿No es ésa la ruta más segura a la inmolación política en dos años, en seis años?
–No. Voy a esperar. Nos fue muy bien en la elección. Fue una campaña exitosa. No es poca cosa volver a ganar la Ciudad de México en circunstancias difíciles.
–Pero ¿la ganaste tú o te la ganó Rosario?
–Fue un conjunto de factores. No se puede decir que uno solo. Rosario ayudó y ayudaron otras cosas: el que se haya hecho una campaña intensa, el que yo haya optado por un proyecto a favor de la gente pobre. Cuando propuse la frase “por el bien de todos, primero los pobres” se aterrorizaron hasta dentro del partido.
–Ha preocupado la frase dentro y fuera del PRD porque parecería que vas a tomar a la ciudad como rehén de tus propias obsesiones…
–No. La gente lo leyó muy bien, lo entendió. Me dio el triunfo esa frase, con eso te digo todo. Eso y otras cosas: el debate con Diego, el favor que me hicieron con la impugnación por la residencia… Ésta será la ciudad de la esperanza, más libre, más democrática, con más tolerancia en todo. No me voy a imponer absolutamente en nada, no estoy acostumbrado a eso. Nosotros buscamos consensos; buscamos que la gente se exprese y se manifieste.
–¿No puede llevar la búsqueda permanente de consensos a la parálisis, a la ausencia de liderazgo?
–No. Va a haber conducción y se van a tomar decisiones.
–Pero, ¿no corremos el riesgo contigo de acabar con una ciudad liderada por hombres consensuales, morales, decentes, pero ineficaces?
–No, vamos a gobernar con eficiencia y para la gente, vamos a tomar decisiones para que esto funcione. Critican las 40 medidas porque no se ve nada espectacular…
–Es que no se ve en ellas nada práctico.
–Bueno, no se ve nada en función de lo que nos tienen acostumbrados. La prioridad que estoy planteando no se ve. La prioridad del próximo gobierno será garantizar el derecho de vivir libre de temores en esta ciudad y eso no es espectacular. Tiene que ver con desazolvar el drenaje, tiene que ver con revisión de edificios para evitar riesgos en caso de temblores de tierra, tiene que ver con estar muy atentos ante problemas de derrumbes. Me preguntaban hace poco en una entrevista de televisión: “¿Dónde está tu proyecto de ciudad?”. Volvemos a lo mismo. Esos cuestionamientos son hasta fanfarrónicos. “¿Dónde está?”, me decían y me estaban entrevistando en un edificio lujosísimo (el World Trade Center). Ésa es la “modernidad”: hacer todos esos edificios pagados por los pobres, porque la inversión de ese edificio está en el Fobaproa. La modernidad para mí es que haya justicia.
–El proyecto de ciudad, ¿será entonces devolvérsela a sus ciudadanos?
–A la gente. Que la podamos disfrutar todos, no sólo unos cuantos. A mí me buscan desarrolladores, inversionistas, no sabes de qué forma, cómo son barberos. Están acostumbrados a lo que llaman lobby para sacarle la plusvalía a la ciudad en contra de la mayoría, en contra de la gente que espera servicios desde hace mucho tiempo. ¿Cómo voy a autorizar, por ejemplo, en aras de la “modernidad”, un nuevo Santa Fe, si hay un millón de personas que están haciendo cola esperando agua? No se puede pensar que habrá tranquilidad y seguridad pública con un modelo que polariza, con un modelo deshumanizado.
–¿Serás el redentor de la Ciudad de México? ¿El arcángel Andrés?
–No. Yo planteo ideas. No se puede hacer política sin ideas. Fox llegó a decir que él no tenía ideas.
–¿Son tan importantes las ideas cuando la gente quiere resultados? Podrías pasarte los siguientes seis años debatiendo ideas con tus asesores.
–No, no, no. Ideas y acción. Llevar las ideas a la práctica. Pero se requieren las ideas. Las ideas te dan la fuerza, te dan la pasión. Si no fuera por las ideas, pues qué sentido tendría. Por eso no me gusta el reclutamiento de funcionarios mediante agencias de colocación, porque acabarán gobernando con robots eficientísimos.
–Fox quiere hombres y mujeres eficientísimos y tú quieres hombres y mujeres de mística…
–Yo quiero humanistas. La mística es fundamental. Hombres y mujeres con mística y con principios.








