Expectación y prudencia en Washington Fox adelanta los tiempos y establece la agenda con Estados Unidos

WASHINGTON, DC.-  La ministra de Justicia de Estados Unidos, Janet Reno, es poco afecta a las explicaciones. En una conferencia de prensa, el 27 de julio, casi un mes después del triunfo de Vicente Fox, le preguntaron su opinión sobre las declaraciones del próximo presidente de México acerca de sus deseos de lograr una “frontera abierta” entre ambos países, con “libre migración”.
Reno respondió:
“No escuché nada acerca de esos detalles. Por lo tanto, creo que me reservaré los comentarios.”
En espera de la visita de Fox, entre el próximo miércoles 23 y el sábado 26, los funcionarios estadunidenses se limitan a expresar un cierto “optimismo”, pero bañado de prudencia y expectativa ante la eventual actuación hacia Estados Unidos del próximo presidente de México.
Fox lanzó sobre la mesa algunas pretensiones que se consideran audaces, en especial alrededor de las cuestiones de la migración y la integración económica, por lo que las circunspectas autoridades de Washington están aguardando el reparto del mazo antes de pedir cartas.
Fox se reunirá con su futuro colega Bill Clinton, y los otros dos posibles futuros colegas, Al Gore y George W. Bush, candidatos demócrata y republicano, respectivamente, a la Presidencia en las elecciones de noviembre.
Más locuaz que Reno, la secretaria de Estado, Madeleine Albright, dejó entrever el estado de ánimo de su gobierno acerca de Fox. Entrevistada el 10 de agosto por la emisora radial KKOB de Albuquerque, en Nuevo México, aseguró que ella y sus compañeros de gabinete “estamos fascinados con esta elección mexicana, que representa un cambio enorme”. Sin embargo, agregó, “creo que hay gente que está bastante intrigada por algunas de las cosas que escuchamos acerca de sus deseos de llevar a México hacia adelante en varias cuestiones de política exterior, como administrar el tema de la inmigración de una manera diferente”.
Luego, suscribió la idea base adelantada por Reno: “Pero tenemos que ver…”.
En entrevista con Proceso, el asesor del presidente Clinton para América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional, Arturo Valenzuela, señala que “las declaraciones de Fox fueron bienvenidas, y hay una gran esperanza de que efectivamente se pueda avanzar en muchas de las reformas que se están planteando”.
Reconoce que “ciertamente existe una reacción cautelosa con relación al planteamiento que hizo sobre la ampliación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Se tomó nota de que Fox insistió en que la relación bilateral en temas, por ejemplo, migratorios, solamente se podrá normalizar cuando las asimetrías económicas entre nuestros países se vayan acabando”.
George W. Bush, entrevistado durante el programa de la cadena ABC This week with Sam Donaldson and Cookie Roberts, fue más claro: “Todavía no he hablado con Fox, pero me gustaría escuchar qué es exactamente lo que quiere decir cuando habla de fronteras abiertas”.
En su estilo, Bush adelantó: “Nosotros no podemos abrir las fronteras ahora mismo, y no sé si alguna vez podremos tener fronteras abiertas”.

Las dudas de Washington

Tras visitar Canadá –donde se entrevistará con el primer ministro Jean Chretien–, Fox llegará a Nueva York la tarde del miércoles 23. Después de cenar con la comunidad mexicana en esa ciudad, volará esa misma noche a Washington. De acuerdo con el programa de la visita, por la mañana del jueves 24 estará durante una hora con el vicepresidente y candidato demócrata Al Gore en el Observatorio Naval. Y pasado el medio día, llegará a la Casa Blanca. Allí, en el Salón Oval, se reunirá con el presidente Bill Clinton. Hablarán menos de una hora, pues después la secretaria de Estado, Madeleine Albright, lo recibirá en la “mesa de honor” del Departamento de Estado para un almuerzo privado.
Por la tarde, en las instalaciones del Banco Interamericano de Desarrollo, Fox recibirá la “Medalla de la Democracia” que le otorgarán los directivos del Centro para la Democracia, una organización sin fines de lucro en cuyo consejo directivo aparecen empresarios y legisladores demócratas y republicanos.
“Decidimos otorgarle la medalla a Fox por su éxito, y el de toda la ciudadanía mexicana, al impulsar cambios democráticos en México”, dijo a Proceso un directivo del Centro que pidió no ser identificado.
A primera hora del siguiente día –viernes 25– Fox volará a Dallas, Texas. Tras un encuentro con la comunidad mexicana en esa ciudad y de un almuerzo con la comunidad empresarial texana, se trasladará al primer piso del Green Center, de la Universidad de Texas. Allí, alrededor de las cuatro de la tarde, se reunirá en privado con el candidato republicano George Bush.
“Fox será muy bien recibido”, dice Valenzuela. Y explica: “Hay una curiosidad muy grande por lo que representa para México y para la relación bilateral el cambio de partido y de gobierno”.
Según el asesor del presidente Clinton, en el horizonte se distingue “una muy buena señal, no sólo con relación a la persona de Fox, sino en el sentido de que es una demostración de la consolidación del proceso democrático en México. No es que uno esté diciendo que solamente con alternancia se puede comprobar que hay democracia, pero obviamente es un gran paso”.
Dos cuestiones encantaron a los medios estadunidenses al día siguiente del triunfo de Fox. Por un lado, el final de la hegemonía del PRI después de 71 años. Por el otro, que el personaje que lo logró era un exejecutivo de la Coca-Cola.
Valenzuela reconoce: “Hay una cierta curiosidad por su pasado empresarial, pero uno se equivocaría al pensar que el atractivo de Fox es que haya sido una persona con vínculos personales con Estados Unidos. Si hubiera ganado otro dirigente, que no hubiera sido ejecutivo de la Coca-Cola, la fascinación habría sido la misma, porque se basa en lo que apuntaron todos los medios: después de 71 años, hay un cambio de gobierno en México, que es un cambio también de régimen”.
Valenzuela ha insistido en la nueva concepción que Washington puede llegar a tener con la llegada del presidente panista:  “Con la elección de Fox se eliminan muchos costados controvertidos, y la crítica que cundía en muchos sectores estadunidenses acerca de que la democracia en México era relativa, tiene mucho menos peso”.
Sin embargo, Marc Ginsberg, uno de los principales asesores de Gore en materia de relaciones exteriores, advirtió que, aunque se comparta el optimismo, todavía no hay puntos concretos que tratar.
Durante una conferencia de prensa el miércoles 16 en Los Ángeles, con motivo de la Convención Demócrata, Ginsberg explicó que Gore quiere mantener un diálogo “abierto” con Fox, tratando todos los temas que el presidente electo puso sobre la mesa. Sin embargo, “en cuanto a nuevas iniciativas sobre inmigración en este momento, la respuesta es no, todavía no existen”.

Seducir a Washington

La actitud prudente –con algunos toques de asombro– que muestra el gobierno de Estados Unidos hacia el próximo presidente mexicano es consecuencia de los movimientos del propio Fox. La Casa Blanca está por cambiar de inquilino y en noviembre se conocerá el nombre del nuevo. Ernesto Zedillo también está preparando las valijas.
“En este momento, en el que hay un cierto vacío político en la relación bilateral, con dos administraciones que ya se van, Fox es el único que ya sabe que será presidente”, dice a Proceso Kevin Middlebrook, director del Center for US-Mexican Studies de la Universidad de California/San Diego.
“Fox está tratando de aprovechar, muy inteligentemente, este momento para poner sobre la mesa puntos que el presidente electo de Estados Unidos tendrá que discutir”, agrega.
A su juicio, “Gore o Bush no necesariamente cederán o aceptarán las propuestas, pero mientras tanto, Fox está en una posición única para definir algunos temas clave, desde su punto de vista, sobre la relación bilateral, adelantando los tiempos”.
Esa sensación se advirtió el lunes 14 cuando varios de los más importantes diarios de Estados Unidos publicaron la entrevista que llamaron “el primer encuentro de Fox con reporteros estadunidenses”. En el rancho familiar de San Cristóbal, el presidente electo recibió a los periodistas “vistiendo pantalones jeans negros y un par de botas de cowboy nuevas que le regaló el presidente de Argentina, Fernando de la Rúa”.
Fox, dijeron los enviados del Washington Post, “es un héroe” en su región. Después mencionaron los puntos de la agenda bilateral del presidente electo. “Levantar muros, empuñar armas, dedicar miles de millones de  dólares al control limítrofe como hacen los estados  estadunidenses fronterizos, no es el camino” para la  integración, les dijo.
“Es imposible lograr armonía y fronteras estables, es imposible resolver el problema de la migración, si no solucionamos primero la brecha que significa que un trabajador gane cinco dólares por día en México y otro trabajador gane 60  dólares por día en Estados Unidos”, señaló.
El próximo jueves 24, cuando se reúna con Clinton, Fox sabrá cuánto le agrada a Washington su idea de reformar el Tratado de Libre Comercio para que ya no sea totalmente a la manera estadunidense, sino como propuso el presidente electo, con el European Union-style.
Delal Baer, director del Mexico Project Center for Strategic and International Studies, en su columna de Los Angeles Times comentó: “Fox es un hombre con grandes ideas, grandes sueños y gran corazón”. Dentro de esas ideas destaca  la propuesta de transformar el TLC en “algo que se parezca al mercado común europeo”, con esfuerzos regionales para “aliviar iniquidades sociales”, estimular el libre movimiento de trabajadores y abrir las fronteras.
Con este guión, Fox deberá ejercer dotes de seductor como hizo en su reciente gira sudamericana. En Argentina, Brasil, Chile y Uruguay expresó su voluntad de convertirse en un “puente” entre América Latina y Estados Unidos, en vez del “caballo de Troya” que suelen ver en la figura de México los países del Cono Sur.
En Washington, comentó Baer, debe sacar todo el provecho posible a esta “luna de miel” si quiere la ayuda estadunidense para recortar la brecha entre ambos países.