Más sobre los talk shows

Señor director:

Acerca del artículo de Ernesto Villanueva publicado en Proceso 1239 con el título Talk shows, quisiera comentar lo siguiente.
Me alegra mucho que cuestionen este tipo de programas, pues últimamente, con el pretexto de la “libertad de expresión”, los medios de comunicación abusan con sus programaciones mediante el amarillismo y la violación de la intimidad.
Como afirman los estudiosos, los medios presentan el hecho de forma no real, sino hiperreal, contrariando su significado. Vivimos una “cultura obscena” que en la televisión no se conforma con la simple exposición, sino que destaca hasta el último poro de la piel. El resultado: la exageración y, en consecuencia, la deformación de lo real.
Concuerdo con el juicio de que estos programas incurren en una falta de crítica y eluden la profundidad, dando a los problemas un trato superficial. Ciertamente, el plano científico y el de la superstición quedan en igualdad, y yo agregaría que los talk shows dejan el mensaje de que “cualquier persona está apta para ser juez y verdugo”, ya que apelan al lado morboso y violento de la comunidad, que no se detiene a pensar en las dimensiones del problema tratado.
Como dice Ernesto Villanueva, con estos programas son vulnerados el honor, la intimidad, el respeto, la veracidad y la presunción de inocencia; son violados los valores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y esto ocurre inclusive con los noticieros, programas de espectáculo y otros que dicen responder a “la preocupación social”.
No hay duda de que esos tendenciosos programas exhortan a incriminar a diestra y siniestra, fraccionando los lazos de fraternidad que son esenciales para subsistir como sociedad, que no puede fundarse en un “todo se vale”. (Carta resumida.)

Atentamente
Licenciada Karla Pérez Rodríguez
karpe@correoweb.com