El primer fracaso, a cargo de la costosa Selección de futbol

El futbol, que tan sólo por publicidad estática en los estadios mueve más de 100 millones de dólares, dinero suficiente para mantener a los demás equipos olímpicos que viajarán a Sidney, quedó fuera del programa olímpico a pesar de su privilegiada infraestructura y riqueza.
Es el primer fracaso del deporte nacional en la experiencia olímpica del 2000. Un equipo sin armonía de cuerpo ni de alma que disputó la serie eliminatoria en Hershey y perdió su pase en una tragedia comparable a las experiencias del Haití 73 y de Tegucigalpa 81, años en los que México quedó fuera de las copas del Mundo de Alemania y España.
Gustavo Vargas, el responsable de la selección llamada “brillante”, no pudo hacer lo que parecía posible. Con una primera fase jugada en casa, en Zapopan, en la búsqueda de uno de dos boletos, la Selección naufragó e interrumpió un ciclo de participación olímpica del futbol mexicano de la década de los noventa. Se calificó a los juegos de Atlanta 96 y de Barcelona 92. Pero a Sidney se mandará una tarjeta postal.
Con aire de resignación, el mediocampista del Atlas, Juan Pablo Rodríguez, que jugó 565 minutos de esa eliminatoria, dice a Proceso que aunque el golpe fue doloroso y se ha quedado, deja una huella en su carrera, “tenemos que pensar ahora en nuestro club porque la vida sigue”.
Sin dramatizar, Juan Pablo agrega que en el futbol “se tienen experiencias buenas y malas” y que cada una representa “una enseñanza”. Explica su filosofía del juego: “Yo trato de mirar siempre hacia adelante, pensar en lo que sigue y dejar atrás lo que pasó, porque, de lo contrario estaría lamentando lo malo”.
Luego del  escándalo de los “cachirules” que dejó fuera a México de Seúl 88, y de la ausencia a Los Ángeles 84, parecía que nuestro país se acostumbraba a los 15 días olímpicos, pero por ahora habrá que esperar una Olimpiada para regresar.
En Montreal 76, con Hugo Sánchez y un buen equipo que había asombrado en Cannes, tampoco superó la primera ronda de competencia. Lo mejor sucedió en la visita a Munich cuando ganó el quinto lugar de entre 16 naciones, en unos juegos arrasado por la Europa del Este. El “mejor lugar “ (porque pudo ganarse cuando menos la medalla de bronce) obtenido por un equipo de futbol olímpico, en México 68, cuando, con Nacho Trelles y un grupo de jugadores profesionales, se perdió la medalla de bronce en el encuentro contra Japón en la cancha del estadio Azteca.
La aureola de la derrota volvió después de Hershey, Pennsylvania. La Selección Mexicana regresó, como decía Manuel Buendía, “luciendo con donaire la aureola de la derrota”.  Empató 1-1 con Guatemala, venció a Panamá 3-0, perdió 4-5 con Honduras en penaltis y, ya sin sentido en el juego por el tercer lugar, venció 5-0 a Guatemala.
Una derrota costosa si se toma en cuenta que el futbol mexicano, de clubes y de Selección Nacional, genera más de 500 millones de dólares, dinero que no ha recibido el deporte mexicano amateur en todo el siglo.
Otro jugador del Atlas, Daniel Osorno (591 minutos en la cancha durante la eliminatoria), nativo de El Salto, Jalisco, no matizó el resultado de la Selección preolímpica :
“Fracasamos. Es todo. Teníamos que calificar y no lo conseguimos.”