Sisniega, El Tibio y Corona, realistas Medallas, muy difícil; a las finales, quizá

En el verano de 1984, Ivar Sisniega se convirtió en historia. Después de cuatro agotadoras jornadas, se colocó en el séptimo lugar individual del pentatlón moderno, una prueba reservada para suecos, húngaros, polacos y hasta para italianos, pero nunca para mexicanos, ajenos a los primeros 10 lugares individuales desde que este deporte pertenece al programa olímpico, 1896.
Aquel lugar siete consistiría años más tarde en un gran premio para la carrera de Sisniega. Tal y como suele pasar con los posgrados de los atletas encumbrados de México, Ivar se hizo de un lugar dentro de la nomenklatura del Partido Revolucionario Institucional. Ya adentro, logró colocarse entre los hombres cercanos a Luis Donaldo Colosio, secretario de Desarrollo Social y expresidente del PRI. Por entonces, Ivar era responsable del deporte en el Instituto Mexicano del Seguro Social.
Cuando el PRI destapó a Colosio como su candidato a la Presidencia, también quedó claro que el nuevo presidente de la Comisión Nacional del Deporte (Conade) sería aquel séptimo pentatleta de Los Ángeles 84.
Cuando Colosio murió asesinado en la incipiente primavera de 1994, muchos dudaron de la permanencia de Sisniega en el cargo. Sin embargo, el deportista había sembrado una amistad lo suficientemente estable con el jefe de la campaña, Ernesto Zedillo, como para que éste lo mantuviera en la lista top cuando fue designado nuevo candidato presidencial.
“Podemos hablar de mil problemas -dijo Sisniega cuando era coordinador del área deportiva de la campaña de Zedillo-, pero no se solucionarán hasta que no haya mayores recursos para el deporte. Y que éstos lleguen de manera continua y directa.”
Diez años después de aquella experiencia olímpica -también formó parte de aquella histórica tercia mexicana en la que estuvieron Alejandro Yrízar y Marcelo Hoyo que terminó en el quinto lugar por equipos-, el 9 de diciembre de 1994, Ivar se convirtió en el hombre fuerte del Estado en la burocracia del deporte.
Hoy, un mes antes de los Juegos Olímpicos de Sidney y cuatro meses antes de entregar el cargo a quien todavía no conoce, Sisniega habla de la última delegación olímpica alistada bajo su responsabilidad. Habla ante una sociedad que recibe de su Estado 5.50 pesos por habitante y año para recrearse y mantenerse activa en deportes. Es decir, lo que valen kilo y medio de tortillas o menos de lo que cuestan cuatro boletos del metro.
Los 55 millones de dólares que la Conade recibió de presupuesto al año, más otros 55 millones que debieron invertir los gobiernos de los estados en asuntos deportivos, significan la mayor altura a la que ha llegado el gasto público del gobierno federal para fines del deporte. Pero, a decir de Sisniega, sigue siendo dinero insuficiente para convertir a los mexicanos en deportistas activos y a los atletas en medallistas olímpicos.
-Sin embargo, usted  y Raúl González han administrado más dinero del que se pudo echar mano en más de 50 años.
-Es cierto que ahora hay más dinero para el deporte y que ha venido de manera constante. Desde 1988 para acá no ha habido altibajos. Esa continuidad en el presupuesto nos permite hacer planes para los años siguientes. Pero el recurso para el deporte en México sigue siendo pequeño. En términos comparativos, Francia y España gozan de una inversión 10 veces mayor que la nuestra. Y con poblaciones menores que la nuestra.
En los pasados Juegos de Atlanta, la delegación francesa terminó en el quinto lugar del medallero olímpico, con 37 preseas, 15 de ellas de oro; España en el décimo tercero, con 17 y cinco doradas; México compartió el último con Uganda, Túnez, India, Israel, Mongolia y Mozambique, entre otros, con una, y de bronce.
“Quien venga a este cargo debe estar consciente de que hace falta mucho más presupuesto para atender las demandas que tenemos, principalmente en el asunto de instalaciones deportivas. El deporte es una actividad que cuesta dinero, y tiene que dársele un lugar muy importante en el proyecto de país. Y esa importancia debe manifestarse en el presupuesto”, dice Sisniega.

Nada de promesas

-¿La Conade es la responsable de la preparación de los atletas que asisten a Sidney?
-Me gustaría establecer las funciones de cada uno de los organismos responsables del deporte, aunque si nos va mal, todos van a venir a la Conade a preguntar. A nosotros nos toca buscar por todos los medios que se tengan los recursos para preparar a los deportistas. El Comité Olímpico Mexicano (COM) y la Confederación Deportiva Mexicana (Codeme) participan en ese diseño de definición de necesidades y el Comité Olímpico en los detalles finos de llevar a los atletas a Sidney. La preparación es responsabilidad de las federaciones.
“Y claro, la última parte le corresponde al atleta, él decide si falta o no a un entrenamiento. Él responde al momento crítico: o le entra con actitud positiva o deja impresionarse por las circunstancias. Pero el atleta es el que merece la mayor parte del crédito porque ha sacrificado su vida para ese mérito.”
¿Cuál es el costo social de una medalla olímpica? No hace mucho, esa pregunta causó pleitos en el equipo de clavados. Cuando un entrenador estableció como requisito indispensable para conseguir el oro olímpico en Sidney jornadas de 10 horas de entrenamiento, los clavadistas se dieron tiempo para las excusas. Sólo podían dedicar seis horas (200 ejecuciones diarias) porque sus pendientes eran muchos. Y hoy sus entrenamientos son de seis horas, sin falta, eso sí.
Pero en Moscú, el futuro campeón de los 10 metros plataforma y los tres metros trampolín se desgasta la mitad del día en zambullida y zambullida. La diferencia entre Dmitri Saoutini y Fernando Platas, a final de cuentas, serán esas cuatro o cinco horas diarias de trabajo.
Ivar Sisniega sabe que la distancia entre ser una lumbrera y un finalista se mide por la labor que se deja en la piscina, en la pista o en el campo. Y por el nivel de la competencia. Él mismo puede apoyarse en su currículum. Después del séptimo lugar en Los Ángeles, no pudo obtener más que el octavo lugar por equipos en los Juegos de Seúl 88. Por eso dice que no se desgastará en promesas.
“Enviamos un buen grupo de atletas. De los que van, varios tienen oportunidad de llegar a las finales y de pelear al tu por tu con todo el mundo.”
De lo que debemos estar seguros es de que nuestros atletas esta vez van muy bien preparados, asegura, sin arriesgarse al mal gusto de hablar sobre medallas, dos, cuatro, tres. “Y eso nos permite pensar que podremos mejorar el número de mexicanos en las finales de Sidney. Esa es nuestra expectativa”.
Hace ocho años, en julio de 1992, semanas antes de los Juegos de Barcelona, el primer presidente de la Conade, Raúl González, medallista de oro hasta su cuarta visita al programa olímpico, se sumó olímpicamente a la euforia salinista: “México puede ganar nueve medallas en deportes oficiales y nueve en deportes de exhibición”, dijo en el día del abanderamiento de la delegación de 113 atletas.
Un mes después, el doctor Guillermo Soberón Acevedo encabezó una Comisión Especial para revisar el fracaso deportivo, pues los equipos mexicanos regresaron con la medalla de plata de Carlos Mercenario como testimonio de la mayor inversión deportiva en la historia de México. El resultado de aquella misión fue elemental: nadie gana por decreto.
Desde entonces ningún funcionario le juega al profeta. Nadie promete; el deporte es azaroso. Ivar, por ejemplo, habla de finales. O, lo que es lo mismo, de los ocho primeros lugares en cada disciplina.
Felipe Muñoz, el jefe de misión de la delegación mexicana que se presentará al concurso en Sidney, tampoco habla de medallas; también habla de finales:
“Leí hace poco que México era la decimotercera economía del mundo. La verdad, no lo parece. Pero eso debería hacernos también la decimotercera en educación y sé que no lo somos. En deporte, con base en una puntuación que tenemos en la delegación, con números nuestros, estamos en el lugar 53 mundial, muy lejos de aquel decimotercer sitio en la economía.”
“Lo que vamos a buscar es superarnos -dice con más esperanza que seguridad-. Básicamente metiendo a más deportistas en finales. Queremos mejorar nuestra participación en los Juegos de Atlanta. Para eso vamos a Sidney.”

El deslinde

El 22 de octubre de 1968, Felipe Muñoz Kapamas ganó la medalla de oro en los 200 metros pecho, de los Juegos de México. Tenía entonces 17 años. Aunque el favorito de la prueba fue el poseedor del récord mundial, el ruso Vladimir Kosinsky, Muñoz hizo el mejor tiempo en los heats eliminatorios. Ganó, con tiempo de 2:28.7 minutos. Cuatro años después, en Munich, terminó en el quinto puesto con una marca dos segundos menor. Sin embargo, la opinión pública lo llamó fracasado porque daba por descontada una medalla suya.
Eso fue cuando era atleta. Hoy, como presidente de la Codeme y responsable de delegación, no juega a los pronósticos con sombrero ajeno:
“Si logramos superar nuestra calidad de respecto a la consecución de finales, mejoraremos lo hecho en 1996. Y eso sería cualitativamente, porque ya es un hecho que no pudimos mejorar cuantitativamente.”
-¿Ya tiene en mente el regreso, entre el reconocimiento y el reclamo?
-En este mismo ciclo olímpico me ha ido de las dos formas. Regresamos bien de los Centroamericanos y nos recibieron de una manera confortable. Y volvimos por debajo de las expectativas de Winnipeg, en los Panamericanos. Y nos abuchearon. Estoy listo para regresar con buenas cuentas o con otras no tan buenas. También pongo mi raya desde un principio. Nosotros, el COM, no tenemos el control del alto rendimiento, lo tiene el gobierno, de él y de las federaciones dependió la preparación de nuestros atletas.
Según la Carta Olímpica, los Comités Olímpicos Nacionales son los organismos encargados de acreditar la participación de los deportistas en los Juegos Olímpicos, cuya realización depende del Comité Olímpico Internacional y del Comité Organizador.
Felipe Muñoz, en entrevista en su oficina del tercer piso de las oficinas del COM, en Periférico y Conscripto, sabe que una de sus funciones después de los 15 días de competencia será dar la cara por el fracaso o por el triunfo, aunque éste tiene muy pocas posibilidades de llevarse a cabo.
“Soy el que sale a hablar. Y mire que me han pegado, ahora sí que por causa ajena, pero nada le hace, aquí estoy”.
Y tendrá que estar aquí, después del 1 de octubre, día en que se clausurarán los Juegos de Sidney. Aquí, en este país que no gana más de una medalla desde hace dos ediciones y que manda a la piedra de los sacrificios a atletas, a entrenadores, pero sobre todo a funcionarios:
“Tengo claro que nosotros vemos solamente el deporte días antes y durante los Juegos Olímpicos, después nos olvidamos.”
Por lo que está escuchando del nuevo gobierno, Muñoz duda que el proyecto a favor del deporte salte a salvo la frontera entre sexenios:
“Ya se tiene la idea de siempre: cortar y volver a crear. No se quiere aprovechar lo hecho, siquiera lo bueno.”
-Antes de los resultados de los Juegos, ¿cómo salir sin raspones de esta dialéctica entre deporte de masas y deporte de élite mundial, ninguno cura las heridas del otro? ¿Es necesario un plebiscito para que la sociedad elija el camino del Estado?
-No digo que el pueblo será más sabio. Digo que conviene reunir a un grupo de personas calificadas y que se realicen los dos programas. La gente que piensa que de la masividad sale la calidad está equivocada. Los campeones salen aparte. Me parece que hemos cuidado a algunos campeones pero hemos descuidado a la masa. En México no es fácil hacer deporte.
Por lo que ha escuchado, el nuevo presidente de la República -que será responsable de toda la preparación olímpica de la delegación que viajará a Atenas- tiene en mente crear un consejo del deporte. “Es decir, seguirá tratando al deporte como cosa de niños y, lógico, seguiremos teniendo resultados olímpicos de un país de niños. Un deporte de comisión tiene resultados de comisión, no hay de otra”.

Paciencia y más paciencia

Hace 25 años, el nombre de Fernando Corona se volvía nombre propio dentro del futbol profesional. Trabajaba como presidente del Toluca, equipo que había ganado en la temporada 1974-75 el título de liga. La combinación de jugadores talentosos, pero sobre todo aplicados, y un técnico firme admirador del “cerrojo”, terminó en primera plana al día siguiente de la coronación.
Corona tuvo mucho que ver en aquel proceso. Después vino su trabajo con las selecciones juveniles y después, mucho después, su servicio al Comité Olímpico, en donde trabaja desde 1988 como director general.
“Si me pregunta por la delegación que va a Sidney -comenta-, le puedo decir que va muy bien preparada porque ha tenido, como pocas, la oportunidad de foguearse en el extranjero. Nosotros pudimos hacer campeón al Toluca en el 75 porque le dimos continuidad al trabajo. Me parece que si se dan los resultados con el programa Compromiso Integral de México con sus Atletas (CIMA), fondo creado para favorecer la calidad de los deportistas mexicanos y en el que colaboran marcas privadas, como Televisa, TV Azteca, Cerveza Sol y Telmex, el resultado en Atenas será distinto.”
Corona pide paciencia. Tolerancia sobre el tiempo, sobre todo el que pasará en Sidney. “Nuestra cultura deportiva debe cambiar. No todo los atletas que viajan a Australia pueden ganar medalla. Hay que estar listo para la derrota, que es parte fundamental del deporte. Los primeros lugares no se compran, no se reservan por teléfono. Suena utópico creer que vamos por todas. Hay que asumir que asistimos para competir y que los atletas harán todo para ganar, pero el triunfo es la suma de muchos factores”.
Deja en claro que el COM no es responsable de la preparación de los atletas. “Eso es cosa de las federaciones”, subraya tajante. Y del resultado es mejor no hablar. Tal vez lo indicado sea mirar para delante: “Construir la pirámide desde abajo, cuando nuestros niños tienen cuatro años. Y no como lo hacemos ahora. Creemos que los atletas de alto rendimiento nacen a los 16 años”.
Pero, ¿cómo hablar de canteras en un país en el que 22% de sus niños sufre daños irreversibles por desnutrición?