Altavista Films y su tercera cinta, tras Todo el poder y Amores perros Por la libre, de Juan Carlos de Llaca, “sólo entretiene, no moraliza”

Luego de un desgaste fatal con su primer largometraje En el aire (1995), Juan Carlos de Llaca vuelve a la pantalla grande con la película Por la libre.
El cineasta ubica a su nuevo filme entre la comedia y el drama, en el cual dos jóvenes, protagonizados por los actores Osvaldo Benavides y Rodrigo Cachero, enfrentan varias peripecias por tratar de depositar las cenizas de su abuelo en el mar de Acapulco.
Además, De Llaca aborda varios temas como la drogadicción, el incesto, la deshonestidad de los adultos… Sobre ellos opina:
“No me interesa juzgar, no quise decir esto está bien o mal, sólo se habla de la vida.”
Pero se le señala que en la película -después de haber sido vista en la premier para revistas- los asuntos no son tratados con profundidad, y aclara:
“No creo que haya un tratamiento superficial, sólo es una cinta que entretiene, no moraliza. La muerte me interesa mucho. El abuelo, ya fallecido, es quien dirige el camino de los jóvenes. Se trata de ser coherente, sin pretender nada, tampoco es una tesis sociológica.”
De Llaca también realizó el cortometraje Me voy a escapar, seleccionado para competir por la Palma de Oro en el Festival de Cannes, Francia, de 1993.
-Ha resaltado que Por la libre, que se estrenará el 20 de octubre, es una combinación de comedia y drama, ¿por qué?
-A mí no me interesa hacer una comedia descarada ni un drama descarado, se rozan otros géneros.
-¿Esto no hará que al público no le guste?
-Tal vez, pero abarcar un solo género ya no es tan moderno. En el cine mundial de los años cuarenta o cincuenta los géneros eran muy estrictos, definidos y encajonados. El melodrama era melodrama y había que llorar, y los malos pagaban y los buenos se ganaban el reino de los cielos, y en la comedia había que reírse de todo. Sólo implica que la gente trabaje más, que no esté pasiva, que participe.
-¿Fue difícil combinar los géneros?
-Partí siempre de la sencillez y la sobriedad, mi idea era que la cinta pareciera mucho más sencilla de los que es. En todas las decisiones creativas me dejaba llevar primero por la intuición, sentía el límite: cuándo parar el drama y cuándo la comedia. No se sienten varios tonos, es uno solo con esas características. Lo que sí permea en toda la narración es la ironía. Nunca busqué una cinta que fuera de risa, aunque sí hay dos o tres momentos en los que la gente se ríe mucho, pero más que la carcajada explosiva me interesó la sonrisa interiorizada, la reflexiva. Uno necesita experimentar y proponer.

Un proyecto destinado

El cineasta, en entrevista, platica que Por la libre surgió hace tres años y medio, cuando el guionista Antonio Armonía le mostró el primer tratamiento de la historia:
“Al principio no me hizo feliz, pero tenía un elemento que me llamó la atención, la urna. En ese tiempo trabajaba para el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) como consultor, recomendaba historias, pero no encontraba nada que valiera la pena. Antonio sólo había escrito para teatro y le sugerí que trabajáramos juntos el guión. La historia planteaba personajes de 30 años de edad y le propuse que mejor fueran de 17 años, y le gustó.”
Pero Antonio decidió proponer su proyecto en otro lugar y se dejaron de ver, hasta que un año después, Altavista Films invita a De Llaca, quien vuelve a toparse con ese guión:
“Entonces se llamaba Adiós abuelo. La productora Ana Roth me lo mencionó y le dije que lo conocía, pero le informé que se le tenían que hacer unos cambios. Ella me comentó que el texto se estaba mejorando en un taller que coordinaba Vicente Leñero. Luego, Antonio y yo revisamos la historia como tres o cuatro veces, en ese tiempo pude apropiarme de la película a partir de una idea, y sobre ella laborar para saber qué quería contar. Todos los cambios los aceptaron los productores, el guionista y Leñero.”
Al cineasta le pareció que la dinámica de la historia pedía que los personajes fueran chavos, “lo cual es positivo porque irá dirigido a ese público, que ha sido ignorado por el cine nacional.”
A De Llaca le ha sorprendido que Altavista Films -con esta cinta será la tercera que produce, las otras son Todo el poder y Amores perros- tenga como principio, además de invertir en el cine, hacer películas que gusten y con calidad, “porque quieren que las historias funcionen”.
-¿No temió usted ubicar la historia en Acapulco?
-Sí, porque es el lugar común de lo peor del cine nacional, pero encontré un lugar distinto: el Acapulco viejo y menos conocido. Traté de pensar en un lugar junto al mar, nada más, y hallé un sitio parecido a los años cuarenta.
-¿Qué fue lo más difícil cuando filmaba la cinta?
-El niño fresa, Rodri. Me di cuenta que mis prejuicios predominaban. Cómo me costó trabajo este personaje, pero quedé satisfecho, al principio lo trataba muy mal, pero poco a poco lo fui ubicando y enfrenté mis prejuicios. Todos tenemos un poco de fresa.
Para escoger a los actores que harían los personajes principales, De Llaca señala que entrevistaron a 150 jóvenes. Realizaron una investigación por universidades, escuelas de teatro, en Televisa y Televisión Azteca, etcétera. También la actriz Ana de la Reguera participa en la cinta con Otto Sirgo, Rosa María Bianchi, Pilar Mata, Alejandro Tomassi, Gina Morett, Alexia Witt, Emilo Cortés, y como invitados especiales Héctor Ortega y Xavier Masse.

Trayectoria difícil

-Lleva 20 años como cineasta, ¿cómo ha sido su desarrollo?
-Complicado, el cine es complejo y más en un país pobre como México y donde hay pocas opciones para seguir realizando el trabajo. Después de En el aire tuve ofertas para hacer otras películas, pero no lo sentía. Me refugié en el teatro (dirigió La mujer judía, de Bertolt Brecht, y La toma de la luna, de Landford Wilson).
-Se sabe que acabó agotado con En el aire.
-Fue una experiencia muy dura. Me llevó mucho tiempo recuperarme, implicó un esfuerzo megatónico, pero así es. De alguna manera voy experimentando lo que se me va presentando en la vida. No sé si el cine sea arte o no, o una industria, pero es mi oficio.
-¿Por qué megatónico?
-Era un tipo solitario. Estaba solo haciendo mi película, cargando un costal de piedras, a nadie le interesó. Fue un proceso larguísimo de muchos años, empecé a escribir En el aire a los 27 años de edad, la vi estrenada a los 33 años. Cuando vi la película estrenada me dije: “Éste ya no soy yo”. El filme nació viejo para mí. Y tuve una pésima relación con un productor que sólo quería ahorrar y ahorrar.
-¿Y dónde quedaron los cortos y los mediometrajes?
-Es parte del camino, antes contaba cortos porque era lo que se podía contar, ahora cuento en largo porque es una derivación natural, el corto me interesa mucho pero también es difícil de hacerlo, porque no tiene ninguna posibilidad de recuperación. Entonces es más complicado encontrar quién apoye para hacer un corto; en cambio, con un largo, puede haber algún tipo de recuperación.

Una anécdota sencilla

Para el también dramaturgo Héctor Ortega el guión de Por la libre es interesante y divertido.
“No es el tradicional en el sentido de planteamiento y confrontación, aquí la anécdota es bastante elemental”, explica.
Entonces, detalla:
“Se percibe una búsqueda de la ubicación personal de los jóvenes actuales. La película plantea la búsqueda de la personalidad y la libertad, con compromisos frente a la vida, que curiosamente sus padres no tienen.”
-¿Por qué la anécdota es lo fundamental?
-Es la muerte del abuelo, quien es una figura de identidad. Los jóvenes buscan algo que amaban en él, que incluso es la lucha armada por la libertad. El abuelo y Felipe (amigos los dos) son dos luchadores de la Guerra Civil Española que pelearon por su libertad contra el fascismo, son héroes de alguna manera. Los jóvenes siguen eso, pero en otra forma, quizá más existencial, no por ello menos profunda.
Felipe, el personaje que realiza Ortega,  es la figura del abuelo presente durante toda la historia.
Osvaldo Benavides, de 21 años de edad, protagoniza en el largometraje a Roco, quien tiene 17 años. El actor, quien ha trabajado en televisión y teatro, platica sobre su personaje:
“A este joven lo abandonó su mamá cuando tenía 12 años de edad. No tiene muchos amigos y el tema de la familia le incomoda mucho. El único con el que se puede identificar y con el que existe un lazo afectivo es con el abuelo, y se llama igual que él, Rodrigo Carnicero.
“Con el primo, Rodri, de la misma edad que él, siempre ha tenido problemas porque son distintos. A Roco le vale todo, hace lo que quiere, es bastante rebelde, fuma mariguana, no es deportista, le gusta conocer y experimentar y vivir solo. Rodri es fresa y depende mucho de sus papás.”

El fotógrafo

“La importancia del director de fotografía es la misma que la del director de la cinta”, opina el peruano Checco Varese, quien informa que es su primera cinta mexicana, aunque ha trabajado en la fotografía de varios largometrajes estadunidenses.
Para poder trabajar en Por la libre su nombre fue mencionado entre diferentes alternativas.
“El director, luego de una larga conversación telefónica, me escogió”, especifica Varese, quien destaca:
“Soy arquitecto de profesión, me dediqué a hacer documentales y noticias. Trato de ser lo menos complicado. Sólo retrato la realidad.”
Se le pregunta si los fotógrafos de cine pueden escoger sus proyectos, y responde:
“Tengo 38 años de edad, con 16 años de trabajar en esto, en los últimos seis años yo selecciono mis trabajos. Creo que hay un momento en el cual, con suerte, uno logra escoger los proyectos. Ese momento hay que aprovecharlo.”
-¿Qué tanta libertad tiene el fotógrafo de cine para proponer?
-Muchísima y muy poca. Mucho en la medida en la que las propuestas tengan un matrimonio feliz con la historia, pero también tiene una limitación, porque es el pincel en las manos de la historia y el pincel en las manos del director. Es como navegar con bandera de corsario y al filo de la navaja. El fotógrafo está dedicado a la historia, al guión y al director.