Los Diálogos de Alberto Gironella

En el edificio del Antiguo Ayuntamiento de la Ciudad de México (Plaza de la Constitución número 2), ahora sede del Gobierno del Distrito Federal, se presenta durante agosto una exposición que conmemora el primer año de la muerte de Alberto Gironella.
La muestra es interesante por dos razones: por las obras que contiene y por el espacio en el que se ubica, el cual no es un museo, sino un edificio transitado por personas que realizan diferentes actividades laborales
-secretariales, de limpieza, de dirección gubernamental-, quienes al pasar por los pasillos se convierten en el público mayoritario de la exposición.
En cuanto a las obras, el concepto curatorial es claro y preciso. Gira en torno de las relaciones afectivas que tuvo el pintor con personajes de la literatura, de la filosofía, de la política y del espectáculo; relaciones vivas o imaginarias que en sus piezas se convierten en una realidad contundente. Nietzsche, López Velarde, Vasconcelos y Madonna aparecen tan cercanos a él como Luis Buñuel, Octavio Paz, Carlos Fuentes y el Subcomandante Marcos.
Lo que en otras ocasiones se ha denominado como “homenajes o retratos”, se convierte en esta muestra en Diálogos mutuos entre Alberto Gironella y sus representados. En sus obras, el diálogo se establece a partir del rostro del personaje y de las metáforas expresadas con los objetos; del lado contrario, las dedicatorias de Breton, Buñuel, Juan Rulfo, Pierre Alechinsky y Rosa Chacel permiten descubrir la confianza, la gratitud o el cariño que le tenían.
Gironella es un personaje difícil de atrapar. Mucho se ha escrito sobre sus poéticas y, sin embargo, poco puede explicarse con las palabras. El impacto de las composiciones pictóricas y objetuales que desarrolla a partir de los años sesenta es indiscutiblemente más estético que racional. Posiblemente los responsables son los objetos, que trascienden la trivialidad de la corcholata o de la lata de atún, para convertirse en las metáforas de una sensibilidad colectiva en la que los alimentos de las tiendas de ultramarinos formaron una identidad que, como él decía, es mestiza. Por eso sus piezas impactan, porque generan otro diálogo entre el espectador y las obras, y también por eso se desvanece el significado que se establece entre cada elemento de sus medios compuestos: el retrato, el color, el tipo de lata, el alimento referido. La atracción que tiene a simple vista cualquier obra de Gironella, el humor, “los disparates”, no son surrealistas. Son realidades matéricas que se imbrican de manera compleja con planteamientos religiosos -que se manifiestan mediante la profanación, la destrucción del personaje o la presencia burda del alimento-, o con admiraciones para aquellos personajes que se enfrentaron al orden a través de la insolencia (Madonna), del arte (Buñuel), de la acción (Stauffenberg y el Subcomandante Marcos).
En la exposición se presentan pinturas-objeto y cajas realizadas de los años setenta a finales de los noventa. Su iconografía se repite a través de botellas de whisky y champaña, libros, zapatos, pericos y, sobre todo, latas de ultramar, la mayoría españolas, que alguna vez tuvieron sardinas, anchoas y caviar.
La importancia de la carga simbólica del objeto queda claramente demostrada en las obras dedicadas a Madonna y al Subcomandante Marcos. En las primeras, una lata de dulce de batata con una imagen de la Gioconda de Da Vinci evidencia la seducción de la cantante. En la segunda, por cierto espléndida, dos latas vacías de sardinas mexicanas se encuentran cubiertas de granos de elote: se refiere al Zapata actual (1989-1998), realizado a partir de la imagen de aquel primero que lo hizo famoso en los años setenta.
Aun cuando la exposición es muy pequeña, la selección realizada por el curador Antonio Calera proporciona un conocimiento introductorio de la obra de Alberto Gironella, el cual se enriquecería notablemente si hubiera actividades paralelas que informaran o que permitieran disfrutar del conocimiento de las propuestas del artista. La idea que tuvo el Museo de la Ciudad de México de llevar una exposición como ésta a un edificio de gobierno, se integra en un proyecto que han denominado “El museo fuera de sus muros”.
En esta ocasión, la exposición puede ser visitada por todo público, de lunes a domingo, en un horario de 10 de la mañana a seis de la tarde. Esperemos que estas exposiciones se continúen con la misma calidad en otros edificios del Gobierno de la ciudad de México, aun cuando ahí no trabaje la jefa de Gobierno.