Dominan hoy los especialistas extranjeros Adentra la Universidad de Yucatán a sus estudiantes en el misterio de la epigrafía maya

MÉRIDA. YUC.- En el área de arqueología de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady) se impulsa “la formación de jóvenes especialistas en epigrafía maya provistos de un nuevo enfoque originado en la lingüística y la semiótica”.
El profesor Rafael Cobos Palma, candidato a doctor, explica a Proceso que el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Uady han organizado en los dos últimos años sendos talleres para promover estudios de la escritura antigua maya e introducir a los estudiantes de arqueología en esa disciplina dominada por lingüistas, historiadores del arte y arqueólogos rusos, alemanes y estadunidenses.
Una de las promotoras de los encuentros efectuados en Palenque y Mérida fue la antropóloga Vera Thiesler, y a ellos acudieron estudiantes de la zona peninsular y del resto del país, así como especialistas en la materia de Alemania y Estados Unidos y, en particular, Maricela Ayala, de la UNAM, y el doctor español Alfonso Lacadena, quien también imparte el curso dedicado al entendimiento de los códices y de los glifos mayas en Ciencias Antropológicas.
Fue el poeta Octavio Paz quien en el ensayo “Reflexiones de un intruso” señaló la importancia la epigrafía:
“El asombroso desciframiento de la escritura maya -una tarea que todavía no termina- nos hace ver con ojos nuevos más de mil años de la historia de ese pueblo.”
María del Carmen Valverde, en su reciente libro Los mayas (Conaculta), recuerda a los epigrafistas mayas más célebres -a partir del sigloXIX-, como Brasseur de Bourbourg, Eric Thompson, John Teeple, Heinrich Berlin, Tatiana Proskouriakoff, Benjamin Wohrf y Floyd Lounsbury, y apunta:
“A partir del estudio de los textos epigráficos, podemos decir que los mayas dejaron plasmados en ellos sus conocimientos científicos, mitos, genealogías, los hechos guerreros y políticos de su historia y de los ritos más relevantes en que intervenían sus mandatarios.”
A su vez, Cobos subraya que el estudio de la epigrafía requiere de concentración y de muchos años, por eso estima valioso contar en el futuro con dos o tres especialistas que cubran el vacío imperante en esta área. Entonces advierte:
“Hablamos del estudio de un lenguaje de hace más de mil 200 años, por ello tenemos que saber de sus transformaciones. Más allá del conocimiento mecánico, los epigrafistas tienen que formarse como lingüistas y con estudios de semiótica, porque son disciplinas que aportan herramientas para comprender el lenguaje.”
Aclara que “no se trata de un rezago”:
“Ocurre que no tenemos epigrafistas familiarizados con los más recientes aportes de la lingüística y de otras disciplinas afines; ahí tenemos la semiótica, que aporta elementos de enorme eficacia para reconstruir lenguajes del pasado. Lo importante no es hacer una traducción literal de los glifos, sino adentrarse en respuestas de por qué los escribieron así.”
Evoca los pasos por la península, del ruso Yuri V. Knorosov (aquel estudioso ponderado por Octavio Paz al considerarlo el primer lingüista que tuvo la audacia de revivir el alfabeto que nos había dejado el obispo fray Diego de Landa, autor de Relación de las cosas de Yucatán):
“Él llegó en 1995 invitado por la Uady y se le hizo un homenaje por reconocer el valor fonético de los glifos.”
Cobos coincide con el autor de El laberinto de la soledad:
“Lo novedoso es que desde Rusia, sin haber estado en el nuevo mundo, utilizó un método para analizar las lenguas indoeuropeas y que servía para obtener información de la estructura gramatical. Él lo aplicó a la lengua jeroglífica maya.”
Empero, de Knorosov describe un cuadro sombrío:
“Por desgracia, a él le llegó el reconocimiento muy tarde, pasó mucho tiempo para que el mundo occidental aceptara su aportación, por el hecho de que los cincuenta y los sesenta fueron los años más intensos de la guerra fría. Sin duda, eso lo deprimió en forma profunda. En su madurez continuó sus investigaciones; sin embargo, estás no alcanzaron a deslumbrar o a ser tan importantes como la propuesta del valor fonético de la escritura maya.”
Recuerda:
“Cuando llegó a Mérida en 1995, él venía con su estudiante y asistente Galina Yerhova, quien resumió las ideas de su maestro en un documento sobre sus avances en epigrafía maya. Ahí se plasma la posición de los estudiosos rusos afines a las ideas de Knorosov, y éstas difieren de las escuelas alemana y americana.”
Cobos refiere las épocas de rivalidades entre las distintas escuelas de epigrafía e iconografía maya, y opina que hoy ya están superadas:
“Existe un afán de cooperación.”

Otra visión

El antropólogo José Alberto Pérez, actual coordinador del área de Arqueología de la Uady, asevera:
“Cada año se avanza un buen tramo en los estudios mayas y resulta difícil estar al día. En las décadas de los ochenta y los noventa, al incrementarse los hallazgos, la intervención en los sitios y el enfoque enriquecido por diversas disciplinas han cambiado de manera radical la visión que hasta ahora teníamos de la civilización maya.”
Cita un compendio clave, The ancient maya (La civilización maya), de Robert Sharer, y manifiesta:
“Se trata de una revisión de los años setenta y ochenta. Tiene la gracia de revisar y poner al día la obra del famoso mayista estadunidense Sylvanus Morley. Precisamente, en The ancient maya se recogen muchas de las tesis de Morley, ahora ya superadas, una de ellas consistente en que la civilización maya se pudo sostener, de modo exclusivo, con el cultivo de la milpa o del maíz.”
En forma similar a lo establecido por el arqueólogo Claude F. Baudez o de Michael D. Coe, autor de The Blood of Kings, Pérez recuerda, en un recorrido por los pasillos y jardines de Ciencias Antropológicas, el desvanecimiento de la hipótesis de las “teocracias pacíficas”:
“Una verdad aceptada sobre los antiguos mayas radica en que no fueron pacíficos; eran tan humanos como los hombres que vivimos el fin del milenio. De ahí que las guerras fueran parte de su vida.”
Lily Fernández, egresada y profesora de la Facultad de Ciencias Antropológicas, emprende en la actualidad estudios acerca de las unidades habitacionales ocupadas por mayas de la época prehispánica. Su atención permanece fija en descifrar el uso de ciertos espacios, ya sea para labores domésticas o de producción. A ella le interesa la reconstrucción de la vida cotidiana y dilucidar quién produce y dónde. La minuciosidad de sus investigaciones la ha llevado a considerar como toral el estudio de la basura:
“Las partículas de la basura pueden arrojar información capital, por ellas sabemos dónde se depositaba, de qué tipo era e, incluso, establecer si se trata de un taller o de una vivienda.”