En el descubrimiento de las Ajaracas, conflicto entre el INAH y el Gobierno del Distrito Federal

Las obras de construcción del predio de las Ajaracas, en cuyos cimientos se acaban de encontrar vestigios arqueológicos sin precedentes, tienen enfrentado ahora al Gobierno del Distrito Federal y al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
El martes pasado, el INAH faltó al acuerdo que tenía con el gobierno capitalino para dar a conocer, juntos, la noticia del hallazgo más importante de los últimos 20 años en lo que fuera el Templo Mayor de Tenochtitlán.
En el predio de las Ajaracas se hallaron dos nuevas ofrendas, la 102 y 107, donde se encontró un textil que fuera el chaleco de un sacerdote, además de collares de conchas de mar y piedras, bolsas de copal, vasijas e ídolos con la forma del dios Tláloc, restos de animales -aves, erizos, un puma  y un jaguar- y un cráneo humano.
La noticia, dada a conocer unilateralmente por el INAH, no sólo causó asombro entre la población que, en imágenes televisivas, pudo observar parte de las piezas arqueológicas encontradas en la casa. También las autoridades del Gobierno local, desde la propia jefa de gobierno, Rosario Robles, hasta el presidente del Fideicomiso del Centro Histórico, René Coulomb, manifestaron su “extrañeza”.
Y es que cuando parecía que todo estaba acordado, que el INAH había dado el visto bueno para la construcción de un edificio en el predio de las Ajaracas y que las primeras obras de limpieza y preparación del terreno -así como el proceso de rescate arqueológico- ya se daban por concluidas, el instituto dio marcha atrás y puso en duda la pertinencia de continuar con la obra.
La posibilidad de que se encontraran más restos no sorprendió a los integrantes del comité organizador del proyecto del edificio de las Ajaracas, formado el 22 de julio del año pasado, pues cuando se halló la escalinata en dicho predio, continuaron las excavaciones.
Las Ajaracas (nombre tomado de su fachada mudéjar) estaba en manos de un particular y fue Cuauhtémoc Cárdenas
-entonces jefe de Gobierno del DF- quien adquirió el predio con carácter de propiedad pública, administrada por la administración perredista.
Cárdenas anunció que el predio sería en el futuro la casa del jefe de Gobierno, lo cual provocó serias críticas, principalmente de otros partidos de oposición. A pesar de ello, las obras arrancaron aunque de manera lenta,  pues se argumentaba que se carecía de recursos financieros.
Ahora la situación ha dado un nuevo giro:
El INAH solicitó el martes pasado la suspensión de la construcción del edificio de las Ajaracas en tanto terminan las investigaciones arqueológicas, y el miércoles el gobierno capitalino aceptó la petición, pero pidió a la institución que encabeza Teresa Franco definir cuánto tiempo más se necesitaba para concluir las investigaciones y reanudar la obra.
Con todo, los funcionarios capitalinos niegan que haya problemas con el INAH por haber adelantado la información a la opinión pública, sin avisar a la propia jefa de Gobierno ni a las autoridades del Distrito Federal que forman parte del comité
organizador.
Sin embargo, no dejan de mostrar su inconformidad y han decidido flexibilizar su posición con tal de que no se venga abajo el proyecto.
René Coulomb, presidente del Fideicomiso del Centro Histórico e integrante del comité organizador, asegura que si el INAH quiere seguir con la excavación de la zona para encontrar nuevas ofrendas, no hay problema alguno:
“Por lo que estoy preocupado es por si esto significa que ya no se va a restituir la volumetría de la manzana (de Guatemala y Argentina, donde está el predio de las Ajaracas) y que se pretenda extender el sitio actual del Templo Mayor, como se hizo hace 20 años, negando tres siglos, también muy valiosos de historia, que representan la ciudad colonial y virreinal.”
Pero hace 20 años, dice, no se contaba con la tecnología para conservar tanto las estructuras de la calle de Seminario como los vestigios del Templo Mayor:
“Esto es el pasado, ahora tenemos los conocimientos, la tecnología suficiente como para hacer convivir los vestigios que se descubrieron, la prolongación de la escalinata de la sexta época del Templo Mayor, con una construcción contemporánea que respete totalmente el contexto urbano, los perfiles de fachadas y la volumetría que la manzana debe tener hoy.”
Coulomb no concibe la idea de que el proyecto pueda replantearse y se muestra temeroso de que el INAH se niegue a liberar el predio para construir el edificio de las Ajaracas aunque, sostiene, lo que está en juego es mucho más que la opinión del instituto. Según su convicción, lo que más importa es no repetir el mismo error de hace 20 años.
Explica que el objetivo del proyecto es restituir la dignidad arquitectónica y urbana de la esquina donde se encuentra el cruce de las dos calzadas de la ciudad prehispánica, Tacuba e Iztapalapa -hoy Guatemala y Argentina-, y de esa manera hacer convivir los vestigios encontrados con una edificación de la época actual.
La intensión, dice, es no construir un pastiche, sino colocar en ese predio “lo que los mejores arquitectos de este país pueden hacer como expresión de su arte y de nuestra cultura contemporánea”.
Además, está convencido de que el proyecto de la construcción se inscribe totalmente bajo los lineamientos del INAH, “respeta el contexto urbano entre la volumetría de lo que fue la época virreinal y la época prehispánica “.
Afirma también que la función que se le dé al edificio es una cuestión secundaria, pues además del predio de las Ajaracas hay otros tres con vestigios arqueológicos, y la idea es adquirirlos para formar un conjunto más amplio; de esa forma se respetará el principio de que los sótanos de los edificios sean uno solo y puedan visitar los vestigios, al tiempo que se mantiene lo actual.
Según él, los recursos para adquirir los otros solares saldrían de inversionistas privados cuyos nombres no revela.
“El Fideicomiso tiene el proyecto del rescate de la totalidad de esta manzana y hemos empezado”, afirma.
Tan sólo el monto estimado para la construcción de las Ajaracas es de cinco millones de pesos, y en las obras de limpieza, preparación del terreno, así como los estudios, el concurso y las primeras excavaciones del rescate arqueológico, produjeron erogaciones por más de un millón de pesos.
El gobierno capitalino cuenta ahora con los recursos financieros para poder realizar el proyecto de las Ajaracas pero no, por el momento, con la aprobación del INAH para iniciar la construcción.