Las obras de restauración, paradas Palacio Nacional y Catedral sin presupuesto para este año

Con bombo y platillo se anunciaba hace un par de años haber corregido en 97 centímetros el hundimiento de la Catedral Metropolitana y el inicio de una nueva etapa de rehabilitación.
También, con algarabía, el presidente Ernesto Zedillo inauguraba en los primeros días de este año obras de recuperación terminadas en la zona sureste de Palacio Nacional.
Hoy el silencio se cierne sobre estos dos monumentos. No se organizan ceremonias especiales ni ruedas de prensa para informar que, en ambos, las obras están suspendidas y que, a estas alturas del año y del sexenio, no han recibido presupuesto para su continuación.
El arquitecto Sergio Zaldívar Guerra, coordinador general de Proyectos Especiales del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), área que tiene a su cargo la conservación de Palacio, la Catedral, la Basílica de Guadalupe y la antigua casa del Marqués del Apartado, señala que si bien se han cumplido con las primeras etapas de los proyectos, los dos inmuebles aún están en situaciones críticas y falta mucho que hacer en su recuperación.
Recientemente condecorado con el premio Enrique Yáñez que otorgan El Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México y la Sociedad de Arquitectos Mexicanos, Zaldívar explica que en el programa federativo anual pidió un presupuesto de 25 millones de pesos para cada uno de los inmuebles.
Desde diciembre pasado, José Alberto García Ponce, asesor de la fracción perredista de la Comisión de Cultura de la saliente Cámara de Diputados, advirtió que en el Proyecto de Egresos de la Federación para el año 2000 del Sector Cultura había desaparecido la partida para conservación del patrimonio, y se reducía 1.1% la de restauración (Proceso, 1206).
Cuestionado al respecto, Rafael Tovar y de Teresa, presidente de Conaculta, respondió en su  momento que para el organismo la conservación “es una de las prioridades”, y confió en que el presupuesto asignado para este ejercicio alcanzaría para desarrollar sus programas (Proceso, 1207).
Una extraña realidad acabó por imponerse. Y aunque Zaldívar reconoce que en el país “hay problemas muy graves”, advierte del deplorable estado en que se encuentran las zonas de Palacio Nacional que no se han intervenido. Incluso comenta que, debido a los problemas de reacomodo de las arcillas del subsuelo, estallaron ya dos columnas.
El arquitecto lamenta tener que entregar así las obras a la siguiente administración, pero “ya no hay tiempo para arreglar todo”.
Motivado por la sorprendente camaradería con la que se ha aceptado el cambio de administración gubernamental, propone:
“Quizá debiéramos seguir trabajando con estas comisiones de transición acerca del programa que debe implantarse en Palacio, para que no se pierda tiempo; para que las adaptaciones necesarias se puedan hacer, conjugadas con los problemas estructurales y de suelo que tenemos. Si no, van a llegar estos señores nuevos y nada más van a pintar de azul el Palacio, pero arriba y debajo hay problemas de movimientos muy graves. Independientemente del color que lo quieran pintar, hay que ver los problemas de fondo.”

¿Ayuda espiritual?

Catedral no tiene mejor suerte. Está también a merced de las deformaciones del subsuelo que padece el Centro Histórico y gran parte de la Ciudad de México.
Está pendiente además la restauración de las grietas que se acumularon por años, así como de sus elementos artísticos. Se había anunciado hace dos años el retiro gradual de las estructuras metálicas que la apuntalan y que aún pueden verse.
Zaldívar dijo en aquel momento:
“Es un trabajo de mantenimiento del monumento. No podemos hablar de que estará terminado para el principio del nuevo milenio -hablando del año 2001-, como bien ha sido una ilusión casi poética, pero haremos esfuerzos porque esté en condiciones más satisfactorias para que pueda comunicar el importante mensaje cultural de que es portador. Es sin duda el más rico de América, bajo muchos puntos de vista.”
En entrevista en el noticiario radiofónico Monitor de la mañana, la arquidiócesis anunció hace unas semanas que pediría la contribución de los fieles para la recuperación del inmueble.
Para el arquitecto la Iglesia debería realmente contribuir, pero hasta la fecha no lo ha hecho, ni en Catedral ni en la Basílica:
“Dado que es propiedad federal, el Estado mal que bien se ha hecho cargo en estos diez años, pero efectivamente dentro de las cosas que deben cambiarse está tomar conciencia de que es un bien común; debemos participar tanto el Estado -que somos todos nosotros con nuestros impuestos-, como la Iglesia.”
Aprovecha para aclarar a “los señores sacerdotes”, que creen que sólo los inmuebles son propiedad federal y no las obras artísticas y accesorios de la liturgia, que todo es de la nación: archivos antiguos, pinturas, esculturas, etcétera.
“Porque desde luego se pierden muchos cuadritos, esculturas y utensilios de culto. Como la liturgia misma ha cambiado, entonces ¿dónde están las casullas antiguas, las navetas y muchas cositas que tendríamos que seguir viendo?”
El problema, denuncia, es que no hay un inventario cabal de todo el acervo religioso, pues el que se realizaba en la Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural de Conaculta, cuando estuvo a su cargo, se suspendió a su salida.

Política de conservación

La falta de recursos para los miles de inmuebles del patrimonio cultural, hace pensar a Zaldívar en la necesidad de revisar las estructuras administrativas responsables de su preservación.
Ya no puede ser un organismo corporativo el que pretenda dictar y conducir toda la política de conservación, sentencia, y propone que toda la federación debe tener las estructuras capaces de establecer técnica y jurídicamente los programas correspondientes.
Pues aunque dice que todavía “encontramos gobernadores palurdos”, ya se superó la etapa en la que se pretendía abrir calzadas con camellón en las históricas ciudades de Querétaro o Tepeaca y ahora prevalece la idea de conservar los monumentos.
“Quizá tenemos todavía muchas dudas y fallas en el cómo, pero el paso que se dio es muy grande y parece que ya nadie discute la conservación.”
Zaldívar considera “evidentemente prioritario” que se evitara la acostumbrada crisis de fin de sexenio, pues con ello se afectaba también el área cultural. Optimista cree:
“Si José Ángel Gurría está diciendo que este año no habrá la crisis tradicional, seguramente que la Catedral y Palacio saldrán beneficiados también, porque se podrá retomar el ritmo y no esperar que pasen otros cinco años para recuperarnos.”
-¿Tiene confianza en ello?
-Tengo confianza porque, por mucho que quieran, ya no será asunto de caudillos. Si hacen tonterías se les revertirá. Tengo confianza en que la sociedad en México asumirá la conducción del país. Ya nos liberamos de muchas cosas, la democracia consiste en que el pueblo realmente conduzca, induzca y lleve.
“Vamos a protestar por lo que esté mal y a suprimir rápidamente cualquier tontería, ya no se va a quedar como lepra antigua. Creo que entre el PRD, que hace mucho, y el PAN se ha hecho un buen coctel de injerencia de la comunidad sobre las acciones públicas que van a mejorar mucho las cosas.”
El trabajo de Zaldívar en Catedral ha sido tomado como modelo para que la Torre de Pisa se haya enderezado unos centímetros.