La obra teatral del guanajuatense Jorge Ibargüengoitia aún es desconocida.
David Olguín, quien dirigirá El atentado, es realista:
“Es una figura emblemática en la literatura mexicana, pero muy pocos conocen a Jorge Ibargüengoitia como dramaturgo, a pesar de que en las dos últimas décadas se han montado varias de sus obras teatrales.”
Con este último texto con el que Ibargüengoitia rompe su relación con el teatro, Olguín no dudó en aceptar la invitación de la Compañía Nacional de Teatro del INBA para estar al frente del montaje que se estrenará el 7 de septiembre en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes, después participará en el XXVIII Festival Internacional Cervantino y en la Muestra Nacional de Teatro en Mérida, Yucatán, para en noviembre próximo reabrir el Teatro Julio Castillo de la Unidad Artística y Cultural del Bosque.
“Es la posibilidad de reinterpretar y hacer una revisión crítica del sentido de la obra del polémico creador”, reconoce el también editor de Ediciones El Milagro, quien dice que con dicha puesta en escena “se complementa el reconocimiento a la obra teatral de Ibargüengoitia, porque es uno de nuestros referentes esenciales, está en el presente porque de alguna manera retrata, en una visión muy mexicana, cómo hemos vivido nuestras tragedias públicas.”
Ibargüengoitia cocina El atentado entre 1958 y 1962, en su momento de crisis con el teatro. Menciona la obra por primera vez en una carta que le escribe a Rodolfo Usigli, su maestro de Teoría y Composición Dramática, el 3 de junio de 1958 -y publicada en el libro Los pasos de Jorge, de Vicente Leñero, editado por Joaquín Mortiz-, donde el narrador guanajuatense disimula su depresión luego de que Usigli lo critica negativamente, sobre todo a su obra Ante varias esfinges.
… Escribí dos argumentos de cine que son cómicos y que parece que nadie querrá comprar, pero no importa.
Estoy planeando una obra muy seria que trata de la muerte de Obregón, que me entusiasma mucho y salen patitas y manitas cada vez que pienso en el asunto. Sería un honor terminar de un mal modo por una obra que uno escriba.
El autor de Clotilde en su casa terminó El atentado en 1962, lo mandó al Premio Casa de las Américas y lo ganó. Olguín precisa:
“Es cuando definitivamente desaparece Ibargüengoitia del teatro. Contaba con 17 obras escritas, pero la mayoría de ellas estaban en el cajón, una que otra había sido representada con muy poca fortuna. De pronto decidió radicalmente dejar el teatro tras una polémica con Carlos Monsiváis en la Revista de la Universidad de México.”
En efecto, Proceso consignó la historia cuando Ibargüengoitia murió en un accidente de avión en las inmediaciones del aeropuerto Barajas de Madrid el 27 de noviembre de 1983:
“La crítica de Jorge Ibargüengoitia en la mencionada revista es de la que se ha dado en llamar ‘impresionista’, que él defendió en uno de sus artículos, ‘Concepto versus apreciación’ (octubre de 1961), pero que le cuestionó Carlos Monsiváis en intento de polémica a raíz de la demoledora opinión de aquél sobre una pieza teatral de Alfonso Reyes, Landrú, montada en la Casa del Lago de la UNAM por Juan José Gurrola.”
El texto más radical
El atentado ha sido montado tres veces. En 1975 lo estrenó Felio Elieil, en 1976 Juan José Gurrola, y en 1984, también en el Festival Internacional Cervantino, Rogelio Luévano.
“Es el texto teatral más brutal y violento -asegura Olguín-, es un teatro sin corset, en transición dentro de su propia generación (Emilio Carballido, Sergio Magaña, Héctor Mendoza y Luisa Josefina Hernández).”
Enseguida sitúa al dramaturgo poco
valorado:
“Con El atentado fundó toda la corriente antihistórica y anti en más de un sentido porque le dice no al teatro de la grandilocuencia en la revisión de los sucesos históricos nacionales. También de alguna manera es un no a la manera como representaba la historia su venerado maestro Usigli. Después empieza a desarrollar en la novela su tono más personal.”
David Olguín -nacido en la Ciudad de México en 1963, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde estudió Lengua y Literatura Hispánicas y Letras Inglesas; del Centro Universitario de Teatro (CUT), donde terminó la carrera de actuación, y de la Universidad de Londres para obtener la maestría en Estudios Teatrales, con especialidad en dirección escénica- sostiene que esta última obra teatral de Ibargüengoitia respira libertad con mucho humor, pero a la vez debe enmarcarse en la circunstancia histórica que narra.
Está ubicada en 1928, en el conflicto entre la Iglesia y el Estado, cuando Álvaro Obregón pretende reelegirse, traicionando uno de los principios básicos de la Revolución Mexicana: el sufragio efectivo y no
reelección, aunque se percatan 17 años de guerra intensa.
Todos estos acontecimientos brutales, concreta el director en entrevista, están en la obra pero la esencia es la muerte del general Francisco Serrano y la purga de 78 generales fusilados, la lucha intestina dentro del grupo del norte que llega al poder, Obregón, Plutarco Elías Calles, Francisco Serrano, Arnulfo R. Gómez, en fin.
El montaje se situará en aquella época, pero Olguín señala que hay lazos con el presente, y adelanta:
“Estamos apuntalando a esa idea tragicómica. El texto nos plantea un humor desaforado pero por otra parte los sucesos históricos nos aterrizan y nos tienen que anclar en una realidad también muy brutal. Es una puesta donde se acude a los recursos viejos de las tablas, más que cualquier idea de tecnología. Desde el principio exige del director una precisa y puntual elaboración de un libreto escénico, lo cual implicó una serie de decisiones. Ibargüengoitia plantea tres actos y ahora van a ser dos.”
Hay un reacomodo en algunas secuencias, sobre todo en la segunda parte. En el momento del juicio, porque lo entiende como una especie de gran representación, recurre a la estética del género chico revolucionario, “por supuesto modernizado”, donde su idea es construir un timbrado de la justicia. Continúa:
“El atentado incita al hecho escénico donde las palabras huelen, suenan, se convierten en el suceder teatral, la obra también nos ha abierto la idea de jugar al espectáculo. Tiene por detrás muchos personajes con un origen histórico, pero a fin de cuentas entramos en un mundo de ficción.”
Esa liga de Ibarguengoitia con el presente, la nota Olguín cuando, como advertencia, al principio de las acotaciones de la pieza teatral, se lee:
“Cualquier parecido de esta obra con algún suceso de nuestra historia no es una coincidencia sino una vergüenza nacional.”
En El atentado actuarán Ramón Barragán, Alejandro Calva, Eugenia Leñero, Silverio Palacios, Arturo Ríos, Norma Angélica Rodríguez y Rodrigo Vázquez, entre otros.
Los realizadores son Gabriel Pascal en la escenografía e iluminación, Carlos Roces en el vestuario, Marco Antonio Silva en la coreografía y Rodrigo Mendoza en la música.
Frente a la marginación
“A partir de que Ibargüengoitia se hizo famoso como novelista -indica Olguín-, empezó a descubrirse su teatro, en los años ochenta y noventa, pero también se le comenzó a ver como un autor incomprendido en su tiempo. Y su incursión en la crítica de teatro fue desfavorable.”
Va más allá:
“No corrió con suerte, pero por otro lado tuvo que ver un estilo distinto: ese humor de pronto tan brutal y esa idea casi propia del teatro del absurdo donde habla de una risa que se ríe de la risa, es decir, por no llorar se ríe.”
El dramaturgo y escritor Vicente Leñero relata en su investigación:
“La incursión de Ibargüengoitia en el campo de la crítica fue recibida bajo sospecha por los profesionales del teatro con quienes el guanajuatense nunca logró establecer comunicación porque decía: ‘Tengo facilidad para el diálogo, pero incapacidad para establecerlo con gente de teatro’.”
Según el escritor Federico Campbell (Proceso, 629), Ibargüengoitia sabía que empezaba otro camino al terminar El atentado. Cita al autor de Los relámpagos de agosto:
“El atentado me dejó dos beneficios: me cerró las puertas del teatro y me abrió las de la novela. Al documentarme para escribir esta obra encontré un material que me hizo concebir la idea de escribir una novela sobre la última parte de la Revolución Mexicana, basándome en una forma que fue común en esa época en México: las memorias del general revolucionario.”
Para Olguín es una lástima -sentir compartido con los miembros de la Compañía Nacional de Teatro- que Ibargüengoitia no haya escrito más obras teatrales, pues anunciaba cosas interesantísimas y muy provocadoras. Además, recuerda que aún existen obras que no han sido montadas y siguen en el cajón.








