Con pleno dominio del oficio periodístico, “las cabezas” de La Jornada y Reforma destacan el incidente verbal desatado en Chile por el presidente electo de México y sus acompañantes: “En plena gira sudamericana el panismo busca su nuevo rostro. Buscan foxistas su perfil ideológico. Crisis de identidad”. En el fuego cruzado de ideas y palabras, prevaleció la superficie sobre la hondura, la frivolidad sobre el pensamiento. Un pequeño resumen o inventario de las cosas, no ideas, que se dijeron permite la búsqueda del juicio sosegado.
Vicente Fox se definió como la suma de la izquierda y la derecha. “Soy un hombre de centro izquierda, que también es la suma de la Democracia Cristiana y del Partido Socialista Chileno. Si cero es la extrema izquierda y 10 es la extrema derecha, yo estaría en 4.5, que es centro izquierda”.
En el Senado chileno, Fox dijo que hoy en día las actividades políticas tienden a alejarse cada vez más de las influencias ideológicas, puesto que la sociedad exige respuestas tangibles.
Santiago Creel matizó apuntando que “estamos en el centro… un poquito tirándole a la izquierda”; Jorge Castañeda, asesor de Fox, dijo: “está muy claro que Fox no quiere caer en etiquetaciones fáciles y, segundo, que está precisando que va a asumir lo mejor de cada corriente”. Adolfo Aguilar Zinser, también asesor, consideró que el PAN, históricamente, está identificado hacia las causas de la derecha; sin embargo, con la llegada de Fox se ha ido ubicando más hacia el centro y hacia las causas populares.
Luis Felipe Bravo Mena afirmó que el PAN ha sido siempre de centro, lo han caricaturizado de derecha, pero eso no es cierto, el PAN siempre se ha reconocido de centro.
De esta síntesis, en indulgente interpretación, se desprende que el PAN y el presidente electo desperdiciaron oportunidad y escenario para expresar ideas que sustentan origen, misión, razón de ser, del Partido Acción Nacional. Es evidente que, a partir de la caída del muro de Berlín, las definiciones tradicionales de izquierda, derecha y centro han sufrido un proceso de corrosiva y acelerada devaluación. Más atrás, los países europeos que en Yalta fueron entregados como botín de guerra a la Unión Soviética, rescataron su libertad y reencontraron en sus raíces occidentales milenarias el impulso para la reconstrucción. Surgieron nuevas definiciones: democracia cristiana, socialismo, poscomunismo; nuevos líderes: Walesa, Adenauer, Willi Brandt, Kohl, Havel, Felipe González, Miterrand, Mandela; se liquidaron marxismo leninismo, dictadura del proletariado. Los líderes de la izquierda romántica o delirante se aglutinaron en partidos políticos modernos y, en el denominador común, la geografía de la democracia creció en dimensión, profundidad y horizonte.
Las definiciones tradicionales -izquierdas, derechas, centro-, comodinas, elusivas, engañosas, pasaron de moda y dieron paso a definiciones doctrinarias que sustentan el decir y el hacer de los partidos políticos. No es cierto, como lo afirma Fox, presidente electo, que “las actividades políticas tienden a alejarse cada vez más de las influencias ideológicas puesto que la sociedad civil exige respuestas tangibles”. La afirmación oculta una trampa. Lo que los hombres que transitamos sobre la Tierra exigimos es que “las respuestas tangibles” encuentren soporte en los valores eternos del espíritu. Un dictador puede construir escuelas, hospitales, multiplicar las respuestas tangibles, pero en nada contribuyen a la felicidad del hombre sobre la Tierra si atropella la libertad, ofende la dignidad de la persona, reduce los espacios para elegir. La geometría política, hoy en plena decadencia, no es operación aritmética para encontrar promedios, mucho menos puede ser un “tanteómetro” que tira a la derecha, a la izquierda o al centro, según el tiempo, la circunstancia o el hombre en el poder.
Aquí, ahora, agosto del 2000, Acción Nacional es el único partido en México que no tiene razones para “buscar un nuevo rostro” o encontrar un “perfil de identidad”. Frente a la derrota, el PRD se lanza a buscar denominadores comunes, principios que aglutinen la diversidad de fracciones que lo integran, y a encontrar consensos que eviten la estampida y consoliden la unidad como requisito indeclinable para fortalecer el partido. El PRI, después de la derrota, se enfrenta a la crisis inesperada que le plantea la pérdida del poder y la orfandad frente a la desaparición “del primer priista de la República”. Lucha desesperadamente para sobrevivir, evitar la deserción, adecuarse a su condición de fuerza opositora. Tardíamente, 71 años, se enfrenta a una segunda orfandad, carece de una plataforma doctrinaria capaz de aglutinar a las fuerzas sobrevivientes que son todavía, después de la elección perdida, abundantes en el número. Por décima segunda vez, el PRI, a través de sus 71 años de partido del gobierno, editará una nueva plataforma de principios.
Acción Nacional, en contraste, además de conquistar el poder, cuenta con principios de doctrina que hereda de la fundación. Son, en apretado y sencillo resumen, un catecismo laico que contiene definiciones nutridas en los valores de Occidente. El ser humano es persona, con cuerpo material y el alma espiritual, con inteligencia y voluntad libre; Acción Nacional concibe la política, no como oportunidad de dominio sobre los demás, sino como capacidad y obligación de servir al hombre y a la comunidad; el Congreso debe asumir plena y responsablemente su categoría de Poder, en función de la dignidad y de la libertad; todo régimen democrático debe respetar, promover y garantizar el ejercicio real de los derechos fundamentales de la persona humana; la familia tiene como fines naturales la continuación responsable de la especie humana, comunicar y desarrollar los valores morales intelectuales necesarios para la formación de la persona y de la sociedad; el municipio debe ser comunidad de vida, fuente y apoyo de libertad, de eficacia en el gobierno y de limpieza en la vida pública; el derecho al trabajo es prerrogativa común de todos los hombres porque, en última instancia, se funda en el derecho a la vida y la libertad; no cumple los fines de la economía el simple aumento cuantitativo de las cosas a expensas de la justicia en la distribución del producto; cada familia campesina, incluso la del ejidatario, debe tener en plena propiedad la tierra.
Por la realización en plenitud de este catecismo laico, Acción Nacional ha luchado durante 60 años y a su contenido ha subordinado quehacer, voluntad, esperanza y horizonte. Pretender acomodar al PAN en el artificio engañoso y frívolo de la geometría política es canjear el oro del pensamiento por la chatarra de las ideologías; el humanismo político por los “tanteómetros”, la lentejuela caudillista; la justicia plena por la escala comodina del uno al 10; la visión de horizonte por un centro indefinido y gelatinoso.








