Fox abrió expectativas en el Mercosur, pero no logró sacudirse el fantasma de EU

SAO PAULO.- No sólo con la satisfacción de haber hecho un buen trabajo -logró lo que le interesaba: dejar a los políticos latinoamericanos la idea de que él no es hombre de derecha, ni conservador a ultranza, y mostrarles su disposición de acercar a México a los países del cono sur-, sino hasta con unas botas de cuero argentinas, que le regaló el presidente Fernando de la Rúa, concluyó Vicente Fox su primera gira internacional como presidente electo.
El resultado fue “magnífico”, dijo él mismo aquí, el jueves, en esta agitada ciudad brasileña de más de 10 millones de habitantes, al hacer el balance de su recorrido por Chile, Argentina y Brasil (más tarde estaría unas horas en Uruguay), con cuyos presidentes -Ricardo Lagos, Fernando de la Rúa, Fernando Henrique Cardoso y Jorge Battle, respectivamente- sostuvo “reuniones amigables, cariñosas, de mucho afecto personal, de un acercamiento muy fructífero” que, dijo, “son un ingrediente importantísimo para acelerar el paso en el proceso de integración latinoamericana”.
Se esperaba con expectación a Fox por estos rumbos. Más que por otra cosa, por haber sido el hombre que hizo posible la derrota histórica del PRI. La prensa de cada uno de los países visitados, y aun la gente de la calle -más en Chile, donde el ciudadano común y corriente está sorprendentemente enterado de la actualidad política de México-, consignaba puntualmente la caída de “un régimen que lleva 71 años en el poder”.
Claro, a esa expectación contribuyó un hábil manejo previo de prensa del equipo de Fox -muy distante del trabajo deficiente durante la gira, en la que parecían empeñados en obstaculizar el trabajo de los enviados-: invitaron a los principales medios informativos de esos países para que entrevistaran en México al presidente electo, de tal suerte que cuando éste llegara ya estuviera en la escena noticiosa local. Y así sucedió.
Apenas pisó suelo chileno, el domingo 6, ya la televisión local transmitía una larga entrevista pregrabada. Y ya desde la mañana, aparecía en El Mercurio también una entrevista con Fox y un buen despliegue de notas en los demás diarios. En Argentina igual, aunque en menos espacio, en Clarín y La Nación, y también en Brasil, donde el semanario de mayor circulación de ese país, Veja -con tiraje de 1 millón 400 mil ejemplares-, inició su última edición con una entrevista a Fox.
Fox machacó, lo mismo ante presidentes que ante políticos, empresarios e intelectuales, que durante su gobierno México volvería a “mirar al sur”. “Queremos dejar en claro que aquí está nuestro corazón y nuestro interés como nación”, dijo con énfasis ante un centenar de empresarios miembros de la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo, el organismo cúpula del empresariado paulista, que agrupa a 116 mil empresas.
Pero ya antes, desde Chile, había delineado ese discurso. “En la última década, los latinoamericanos han visto a México cada vez más distante y cercano a Estados Unidos. Esta cercanía es vista como ajena a la voluntad de contribuir genuinamente a la integración de América Latina”.
Pero como los hechos pesan más que las palabras -la prensa local siempre expresó sus dudas, dada la estrecha relación de México con Estados Unidos-, Fox tuvo que insistir y hacer precisiones. En Argentina: “Hacemos este viaje por una obligación muy sentida de voltear la mirada hacia el cono sur, hacia Latinoamérica, por los muchos lazos que nos unen en todos y cada uno de los ámbitos de desarrollo”.
Luego: “Queremos dejar muy claro que nuestra relación con Estados Unidos es muy intensa, y que formamos parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que ha rendido frutos muy importantes, pero que no es una situación que debe verse como un México comprometido sólo con el norte y ausente o distante con el sur de nuestro continente.
“Todo lo contrario -insistió-, para nosotros no es una disyuntiva el participar en un solo sentido, sino que queremos aprovechar efectivamente la circunstancia de México en este avance y beneficio del TLC para beneficio de toda América Latina.”
Algo había obtenido ya Vicente Fox a la mitad de la gira:  una “invitación concreta” de los países del Mercosur -Argentina, Brasil, Uruguay, Chile- para iniciar una discusión y, en su caso, una negociación para un tratado de libre comercio con México. “Nuestra respuesta es positiva y tomaremos ese reto para avanzar en lo inmediato”.
Suspicaces que son los brasileños
-principales competidores latinoamericanos de México en el comercio mundial-, expusieron temores respecto de la propuesta de Fox de “hacer equipo” con los países del cono sur. Así lo consignó la prensa. Que al liderar México esa integración, serviría de puente -”caballo de Troya”, decían-  para que Estados Unidos pudiera colocar sus mercancías y servicios, sin aranceles, en los países sudamericanos.
Fox salió al paso: “Hemos venido a decir que no se nos debe ver como competidor ni con celo por estar en el Tratado de Libre Comercio con Estados y Canadá. Al revés: se nos debe ver como una oportunidad”. Eso lo dijo en público. En privado, en el almuerzo con el presidente Cardoso, la tarde del miércoles, Fox fue enfático en señalar que su gobierno no será sumiso con Estados Unidos y que “no aceptaremos imposiciones”.
Según Eduardo Sojo, del equipo económico de Fox, la estancia en Brasil fue un éxito, dada la difícil relación comercial de México con ese país. “Fox les dio confianza. Puedo decir que echó abajo suspicacias, tensiones, dudas”, dice a Proceso.
Tan insistente fue la propuesta integracionista de Fox que, justo en Brasil, le vieron ganas de convertirse en líder de la región.
-¿Pretende asumir el liderazgo en la región? -le preguntaron, en conferencia de prensa.
-De ninguna manera lo buscamos. Nos parece que debe ser lo contrario: venimos a formar equipo, venimos a aprender, a plantear alianzas, trabajo, unidad entre los países; a colaborar e impulsar juntos el amplísimo potencial de América Latina, y también a aprender de nuestros errores, a conocer las experiencias de los demás países, intercambiar y comparar modelos económicos, fiscales, de mercado, de exportación, todo esto nos va dando ideas nuevas para el desarrollo.
El de los impuestos fue el dominante entre los temas económicos de la gira. Hasta acá llegó, persiguiendo a Fox, el fantasma que despertó en México cuando dejó ver la posibilidad de que su gobierno aplicaría el Impuesto al Valor Agregado a medicinas y alimentos.
Cuantas veces fue interrogado por los periodistas que lo acompañaron, le sacaron el tema. Y las mismas veces que él rechazó que vaya a haber alzas impositivas o que se tenga la intención -dijo- de perjudicar a los más pobres.
Pero la gira fue, además, un curso intensivo para Fox. Y de todo. No sólo de impuestos, sino también de otras reformas económicas, de programas de combate a la pobreza, de proyectos de infraestructura, de educación, de sistemas privados de seguridad social (pensiones y atención médica). Sendas reuniones sostuvo con expertos en cada materia, sobre todo en Chile, cuyas estrategias económicas en mucho han inspirado a quienes en los últimos años han conducido la economía mexicana.
Y lo mismo en Chile que en Argentina y Brasil (en Uruguay sólo asistió a una cena con el presidente Jorge Battle), Fox sostuvo productivas reuniones con empresarios -no líderes de organizaciones de las IP locales, sino con los meros dueños de grandes empresas industriales y de servicios y de instituciones financieras-, que le preguntaron cuanto quisieron y Fox respondió cuanto pudo, porque pasó con frecuencia -y hasta eso les agradó a los empresarios- que el presidente electo reconocía con franqueza cuando no tenía una respuesta, pero prometía tenerla en breve. Muchas veces Eduardo Sojo tuvo que auxiliarlo.
El “curso intensivo” de Fox por los países del Mercosur incluyó, además, no sólo “lecciones” sobre transición y concertación políticas, a las que estuvo muy atento Santiago Creel -Fox mostró un interés muy particular en reunirse, y lo hizo, con los máximos representantes de todas las fuerzas políticas de cada uno de los países visitados, hecho que sorprendió y le mereció la admiración de todos-, sino también aspectos protocolares, en los que el guanajuatense, carente aún de tablas, evidenció que apenas empieza.
Obra sobre todo de Jorge Castañeda,
el diseño de la gira incluyó encuentros largos y personales de Vicente Fox con los presidentes.
“Fox insistió, en los cuatro casos, tener su media hora, su hora, a solas con el otro, sin equipos de ningún lado, para establecer una relación personal”, cuenta el propio Castañeda, sin duda el más activo de la comitiva, en la que destacaron también Eduardo Sojo y Adolfo Aguilar Zinser.
Y aun con el escepticismo de los brasileños -los analistas le ven pocas posibilidades a la propuesta integracionista de Fox, dado la estrecha relación de México con Estados Unidos y la propia aspiración carioca de asumir el liderazgo en América del Sur-, Fox llegó como se fue: “convertido en una estrella rutilante de la política internacional tras ganarle por primera vez en 70 años una elección presidencial al PRI”, como consignó Página/12 de
Argentina.