Para el historiador Jean Meyer, el arribo de Pablo Salazar Mendiguchía a la gubernatura de Chiapas, hecho que da por seguro, será la llave que le permitirá a Vicente Fox resolver, finalmente, el conflicto en esa entidad, sin necesidad de recurrir a mediadores ni a desgastantes negociaciones con el Ejército Zapatista, cuyas bases acudirán a votar y encontrarán en esta salida democrática el mejor camino para solucionar sus demandas.
Ante esto, augura el historiador, la diócesis de San Cristóbal de las Casas irá perdiendo los espacios políticos y sociales que tuvo que llenar debido al vacío que dejaron los gobiernos anteriores. Cumplida ya su misión de “crear una sociedad civil madura”, la Iglesia se irá plegando a las actividades pastorales que le corresponden.
Mientras que, dice, el subcomandante Marcos se enfrentará a un gran dilema: quitarse la capucha para posiblemente retornar a su vida académica, en algún cubículo universitario; o bien, quedarse aislado en la selva y persistir en la revolución, quizá hasta convertirse en mártir, como el Che Guevara, al que tanto se le parece.
Señala Meyer enfático:
“Sí, sí. En Chiapas pesó mucho la victoria de Fox como presidente de México. Y hoy, Fox necesita la victoria de Pablo Salazar para solucionar el conflicto en Chiapas.”
Sin pizca de duda, sentencia:
“El 2 de julio se dieron las últimas elecciones de la transición democrática. Ahora, los comicios para elegir al gobernador de Chiapas, este domingo 20, serán las primeras elecciones del México democrático. Y Pablo Salazar, candidato de la Alianza por Chiapas, tiene todas las de ganar.”
-¿Por qué tan seguro de su triunfo?
-Por varias razones. La encuestadora Alducin le dio casi 70% en las preferencias electorales. Además de ser el candidato de la oposición, Pablo Salazar es el candidato de todas las Iglesias. Y creo que la mayoría de los chiapanecos también le darán su voto útil, racional, para sacar al PRI del gobierno estatal.
-Pero la victoria de Pablo Salazar no asegura que, para solucionar el conflicto, Marcos acepte dialogar con Fox.
-Mire, no hay que personalizar. Los zapatistas no obedecen ciegamente a Marcos. Nosotros decimos: ‘Marcos hace’, ‘Marcos decide’, pero esto siempre y cuando los zapatistas estén de acuerdo. Las comunidades zapatistas tienen un gran realismo político: cuando se fueron a la guerrilla lo hicieron porque encontraron todos los caminos cerrados. Todo se les cerró.
“Hoy la situación es distinta. En las elecciones del 2 de julio, muchos de las bases zapatistas fueron a votar. Y estoy seguro que en los comicios del 20 aumentará su participación electoral. Saben que Chiapas puede, por fin, tener un gobierno emanado realmente del pueblo y que les conviene trabajar con ese gobierno.
“A Marcos se le pueden voltear las cosas. Le pueden decir sus bases: ‘Tú nos usaste, pero nosotros también te usamos a ti. Fuiste uno de los actores que hizo posible la democracia en México y en Chiapas. Hoy, las cosas son diferentes’. Los mismos comandantes -Tacho, Moisés, Daniel- quizá calculen que ya no rinde esa inversión. Y entonces Marcos se quedará solo.”
Marcos, la incógnita
En su pequeña oficina del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), en donde es investigador y además director de la División de Historia, Jean Meyer comenta que una gran incógnita es la reacción de Marcos ante la nueva situación:
“En esto no puedo predecir nada. Aunque, psicológicamente, creo que Marcos está muy renuente a regresar a la normalidad, porque será para él como una rendición, una capitulación ante el espíritu pequeñoburgués. Le espera quizá una plaza de investigador docente en alguna universidad nacional o de provincia. Alguna beca para ir al extranjero. Podrá escribir versos, alguna novela. Estoy seguro que, psicológicamente, no le gusta esta perspectiva. No es la revolución con la que soñó.”
-Podrá optar por el martirio.
-A Marcos hay que reconocerle su persistencia, su congruencia. Lleva 20 años en la selva y estoy seguro de que está dispuesto a quedarse otros 20 más. Muchos hacen el paralelo entre el Che Guevara y Marcos, prediciéndole a éste un final igual de trágico. Marcos también es asmático y fuma pipa como el Che. Pero la vida es demasiado hermosa. ¿Qué hará Marcos? No lo sé.
Autor de La cristiada -la investigación más completa sobre la guerra cristera que sacudió al país a finales de los veinte-, Meyer también encuentra semejanzas entre Marcos y Enrique Goroztieta, el general cristero a quien abandonaron sus huestes.
“Al final de la cristiada, cuando corrían rumores sobre los arreglos de la Iglesia y el Estado, los jefes cristeros le prometían al general Goroztieta: ‘Nosotros sí vamos a seguir con usted, mi general, hasta derrotar al gobierno’. Goroztieta se río y les dijo: ‘Los conozco muy bien. Al primer repique de campanas se van a ir como parvada de pájaros y me van a dejar solo’. Así fue. Se reanudó el culto y cada quien se fue a su casa. Consideraban que habían ganado. Las comunidades zapatistas también pueden considerar que ganaron… y a Marcos le pasará lo mismo que a Goroztieta.”
El papel del Ejército
-Si se suavizarán las posturas intransigentes, tanto del futuro gobierno como del EZLN, ¿qué pasará entonces con la mediación? ¿Habrá necesidad de recurrir a mediadores?
-No lo creo. La mediación no será necesaria. Y los mediadores vendrán a desempeñar el papel de anfitriones. Es lo que pasará; serán ahora meros anfitriones.
-Existe el debate sobre qué iniciativa sobre derechos de los pueblos indígenas aplicará finalmente Fox. ¿Cuál es su opinión al respecto?
-La posibilidad más lógica es que se olvide todo esto. No quiero decir que haya borrón y cuenta nueva, sino que se deje la iniciativa a la sociedad civil de Chiapas, ya libre del sistema hegemónico del PRI. Creo que, aparte de diputados y presidentes municipales, van a surgir otros nuevos actores sociales. Habrá una situación radicalmente nueva. Y nosotros los historiadores y antropólogos de la Ciudad de México debemos dejar las viejas fórmulas.
“Además, las iniciativas presentadas no fueron ni bien discutidas ni bien negociadas, porque el problema de fondo era en realidad conseguir la paz. Y hoy si se separa el problema de las iniciativas del problema de la paz, se van a distensionar mucho las cosas. Recuerdo que, en las mesas de discusión de San Andrés, nadie quería asistir a la mesa sobre democracia. Ahora es lo que interesa más a la gente.”
-¿Queda entonces el problema de retirar al Ejército de Chiapas?
-No. El Ejército no es problemático porque no actúa por su cuenta, sino que es servidor de la política de Estado. Si le dicen que se retire, se retira. El Ejército no es un factor negativo. Hará lo que le diga el gobierno federal. México es afortunado al no tener un Ejército golpista.
“Pongo como ejemplo los primeros días de enero del 94, recién se inició el levantamiento zapatista y cuando algunos generales estaban a favor de una solución de mano dura, entre éstos el general Luis Garfias Magaña, actual militante del PRD. El Ejército pudo entonces matar, aniquilar al grueso de las fuerzas zapatistas. Felizmente, el presidente Carlos Salinas tuvo la sabiduría de impedir esta salida. El Ejército acató.”
Autor de más de 30 libros, el último Samuel Ruiz en San Cristóbal, Meyer ha ejercido la investigación y la docencia en El Colegio de México, en el Centro Nacional de la Investigación Científica de París, en la Universidad de Perpignan y en el Colegio de Michoacán.
Considera que no se le puede pedir al Ejército una “retirada total” de Chiapas, ya que es “el único instrumento para controlar a los paramilitares”.
Y aclara:
“Los paramilitares son un actor social. No es una vulgar bola de delincuentes. Es un error satanizarlos. Detrás de ellos hay una larga historia que se remonta al reparto agrario en Chiapas, en tiempos de Lázaro Cárdenas. De generación en generación han cultivado una gratitud que yo calificaría de cardenista, una gratitud hacia el Estado mexicano.”
-¿Comparten raíces cardenistas?
-Por lo menos en la zona donde ellos están más fuertes: Tila, Tumbalá, toda esa región. Hay que conocer, pues, la historia local.
Resalta el historiador que “los paramilitares no son ni mejores ni peores que los zapatistas”, ya que ellos también “han sufrido muchas bajas”. Incluso, dice, muchos paramilitares y zapatistas son gente que pertenece a las mismas familias. “Ambos bandos viven en una sociedad profundamente dividida que ha confrontado a padres contra hijos, a hermanos contra hermanos. Los medios de comunicación no deben satanizarlos, sino dar a conocer la complejidad del caso”.
Agrega:
“Esta realidad la sabe perfectamente bien el nuevo obispo de San Cristóbal, don Felipe Arizmendi. Lo mismo Pablo Salazar Mendiguchía, por lo que sería una gran ventaja que fuera gobernador.”
La nueva diócesis
-¿Cómo es la relación de Pablo Salazar con la diócesis?
-Él nunca tuvo ningún roce con el anterior obispo, don Samuel Ruiz. Y no hay razón para que esto cambie. En alguna ocasión me comentaba don Samuel que, muy distinta a su relación con los nuevos evangélicos, él no tenía problemas para dialogar con las Iglesias protestantes históricas, que es precisamente la familia religiosa a la que pertenece Pablo, quien mantiene un buen trato con las Iglesias que hay en Chiapas. Por eso digo que Pablo Salazar es también el candidato de las Iglesias.
-¿Cual es su opinión sobre el nuevo obispo de San Cristóbal?
-El de don Felipe fue un nombramiento sabio que, curiosamente, anticipó la evolución política de Chiapas y la victoria de Pablo Salazar. Arizmendi tiene la misma línea de don Samuel, mas no carga, como éste, el peso de muchos años de polémicas, de pleitos. Hereda la parte positiva.
“Don Samuel, en un examen final de autocrítica, pidió perdón en catedral por no haber podido dar la suficiente atención pastoral a la población urbana, a los coletos. Reconoció sus fallas. Arizmendi viene a ampliar el campo de acción… claro, sin abandonar a la población indígena. Pero no enfrentará a un grupo contra otro. Su nombramiento no puede interpretarse como una revancha mestiza. Para nada. Intentará reconquistar lo que se perdió y mantener lo que se ganó.”
En su optimista escenario chiapaneco, Meyer vislumbra una diócesis que, paulatinamente, irá abandonando las funciones de gestión social que no le corresponden.
“A don Samuel siempre se le criticó su clericalismo, entendido éste como la injerencia del clero en asuntos que no le competen. Sin embargo, su clericalismo no obedeció a un deseo de meterse en política y conquistar poder. No fue así. Se debió a una necesidad social, provocada por la ausencia de un estado federal que, lejano, dejó en Chiapas un vacío, a merced de caciques y poderes locales muy divididos.
“Y don Samuel quedó en la misma situación que un obispo de la Edad Media, que debía mediar en las guerras entre los señores feudales, donde los pueblos siempre eran las víctimas. La diócesis de San Cristóbal creó todo un aparato de protección social: hospitales, escuelas, orfanatorios, centros de derechos humanos. Realizó un papel de sustitución, un papel que no era el suyo.
“Pero hoy en día, con la legitimidad del poder federal y la próxima legitimidad del poder local, se irá acabando ese vacío. Por lo tanto, la Iglesia ha cumplido su misión en Chiapas y debe retirarse, dejar esas funciones para dedicarse a su actividad pastoral. Ya contribuyó a engendrar una sociedad civil madura.”
-¿La diócesis estará dispuesta a retirarse?
-Habrá qué ver cómo vivirán sus religiosos, monjas y sacerdotes esta realidad radicalmente nueva. Estoy seguro de que para el obispo Arizmendi no representará ningún problema. Algunos dirán: ‘Que alivio, por fin podremos dedicarnos a las almas’. Otros extrañarán sus viejas responsabilidades sociales y políticas.
“Es curioso, pero lo mismo que le pasará a la diócesis -salir victoriosa pero despojada de estas funciones- es lo mismo que le ocurre a don Samuel: salió victorioso pero quedó jubilado. Humanamente debe ser difícil. Marcos se enfrentará también a esta conversión.”
-¿Y qué representarán para Chiapas todos estos cambios?
-Sencillamente que, como el país, Chiapas se está inclinando del lado de la democracia.








