El historiador descubre la disidencia zapatista armada del 88-89 Detonador del cambio electoral, el EZLN pactará acuerdos y desaparecerá: Carlos Tello

Bajo la premisa de que “nada es eterno”, Carlos Tello Díaz, autor de La rebelión de las Cañadas -el primer libro en revelar la historia que estaba detrás del alzamiento armado del 1 de enero de 1994-, no le da un año más de existencia al Ejército Zapatista de Liberación Nacional; dice que el subcomandante Marcos ya es considerado “inofensivo” y, optimista por el nuevo escenario político, afirma que el conflicto entre el EZLN y el gobierno se resolverá en el curso del año 2001.
No duda en reconocer que el movimiento zapatista, surgido públicamente hace más de seis años, “prendió un foco de alarma e hizo que obtuviéramos conciencia de los peligros que pudiera haber para México si no se impulsaba una serie de reformas en el ámbito electoral, con el fin de que en el país se diera el cambio pacífico de poder”.
Sin embargo, puntualiza que, más que el EZLN, fueron los partidos políticos de oposición los que establecieron las condiciones para desmantelar las bases del poder hegemónico del PRI y llegar a la llamada “nueva democracia mexicana”.
La entrevista con Carlos Tello se realizó con motivo de la segunda edición de su libro -que empezará a circular esta semana, corregida y aumentada respecto de la versión de hace cinco años-, en la que revela que, si bien a mediados de los ochenta el obispo Samuel Ruiz había colaborado por un tiempo con los cuadros de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) en Chiapas, posteriormente, a finales de esa década y principios de la siguiente, la diócesis de San Cristóbal de las Casas trató de evitar la rebelión con el apoyo de un grupo armado, clandestino y antizapatista.
“Sí, una de las cosas en las que me esforcé más con la nueva edición fue en subrayar la independencia que tenían los grupos indígenas en la toma de sus decisiones. El grupo llamado ‘Autodefensa’ surgió sobre todo en el ejido de Las Tazas durante 1989; efectivamente, estaba armado, era clandestino y antizapatista y, aunque se formó por iniciativa de los propios indios, desde luego que fue conocido y avalado por una parte de la diócesis que participaba en Slop”, organización fundada por una élite de catequistas.
Afirma el autor que la ruptura del grupo Slop con el EZLN “contaba, por supuesto, con la bendición del obispo de la diócesis de San Cristóbal”, y que para los zapatistas tuvo un costo muy alto.
“Significó que muchos de sus cuadros -los más cercanos a Slop- abandonaran las filas de la guerrilla, entre otros, algunos de sus oficiales, como el capitán Ramón. Significó también que sus bases de apoyo, entre los campesinos, renunciaran a sostener las actividades del movimiento, sobre todo en la región de Avellanal.”
Eran, narra Carlos Tello, momentos de una crisis muy profunda en el EZLN. “Los indígenas de las Cañadas recuerdan todavía la reacción de Marcos ante el embate de la Iglesia; se le crispaban las barbas de la ira contra don Samuel…”.
Historiador, con estudios de filosofía y letras en la Universidad de Oxford, Inglaterra, Carlos Tello refiere también que entonces hubo cardenistas que conocían la existencia del EZLN, militantes que simpatizaban con él y que habían trabajado desde antes de 1988 a favor de la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas.
Dos de ellos, Hugo Sierra y Martín Longoria -éste fue más tarde diputado federal por el PRD-, eran personas muy cercanas a Javier Vargas, coordinador de Slop, y llegaron a trabajar con él en las comunidades donde tenía una influencia importante, principalmente en Avellanal y Las Tazas.
“Estaban en contra de Marcos y de la opción armada, a favor de la vía pacífica que representaba Cuauhtémoc Cárdenas. Fueron los años de 1988-89”, asegura.
Y agrega: “Parece ser que un excapitán del EZLN, llamado Ramón, un poco con el ánimo de congraciarse con Marcos, delata a los de ‘Autodefensa’, y a partir de entonces tiene lugar una serie de reuniones con el comandante Rodrigo y los representantes de Samuel Ruiz.
“El subcomandante Marcos participó en una de las reuniones, realizada en Ocosingo, al igual que varios líderes indígenas de la región. Entre ellos estaba Francisco Gómez, quien ya murió y representaba a las fuerzas zapatistas de la Selva, y Lázaro Hernández, quien igual actuaba de esa manera sin dejar de tener una relación estrecha con la diócesis, además de Santiago Lorenzo, uno de los representantes de la ‘Autodefensa’.”
De estas pláticas, detalla en la entrevista, surgió una negociación entre ambas partes. “Se llegó a la decisión de que un grupo clandestino, armado y contrario al EZLN era intolerable y que, desde el punto de vista de la dirección zapatista, tenía que desmantelarse. Se desmanteló, y una parte del acuerdo fue que no habría represalias contra las comunidades que sostuvieron el movimiento, pero se dieron varios testimonios de que ese compromiso ya no se cumplió”.
Era natural que esto sucediera, concluye Carlos Tello. “Los zapatistas apostaban a un proyecto en el que se jugaban la vida. Reaccionaron con dureza, y eso era también un anticipo de lo que habría de suceder después del 94, cuando las comunidades que no secundaron la causa del EZLN fueron expulsadas de su lugar de origen”.

Más páginas, más nombres

En su nueva edición, La rebelión de las Cañadas tiene 100 páginas más, un prólogo y un epílogo reescritos, así como una sección de notas enriquecida.
“Traté de darle un carácter más académico, menos periodístico, en donde explico el origen de los documentos que cito, las razones que tengo para darlos como veraces, y digo los nombres de las personas que tuve que cambiar del texto original. En las notas, añado información que me pareció importante dar a conocer.”
El investigador explica que el trabajo obedeció a la necesidad de responder a las observaciones y reacciones que provocó, en julio de 1995, la historia contenida en el libro, la cual, asegura, “no ha sido desmentida, sino confirmada y enriquecida por otros trabajos serios que se han escrito sobre el tema”.
No obstante, reconoce que la investigación contenía algunos errores de forma y otros de fondo que ya fueron enmendados. En la forma había poca claridad respecto de las fuentes y una “excesiva certeza” en ciertos datos.
“En cuanto a los de fondo, son básicamente dos, que tienen que ver con la Diócesis de San Cristóbal y el EZLN. Respecto de la primera, traté con detalle la alianza de la Iglesia de los Altos de Chiapas con el EZLN y, en cambio, hablé muy poco de la ofensiva emprendida por la dirigencia encabezada por el obispo Samuel Ruíz para tratar de frenar el crecimiento del EZ y después evitar el estallido.
“Por otro lado, en la edición primera no señalaba algo que ahora sí considero importante: la independencia con la que actuaban y siguen actuando los catequistas, e incluso algunos tuhuneles -indígenas con jerarquía- de la diócesis en relación con sus mandos en la Iglesia.”
Por lo que toca al EZLN, el autor aporta elementos que permiten comprender las ideas con las que la guerrilla se pudo transformar después de 1994.
“De hecho, descubrí que Marcos, en la dirigencia zapatista, hizo después del 94 cosas muy similares a lo que realizaba antes, desde mediados de los ochenta, es decir, actos masivos en la Selva con los campesinos que simpatizaban con su causa, parecidos, aunque muy pequeños, a los que tuvieron lugar y sorprendieron a todo el mundo después.
“Escribía en la publicación clandestina de las FLN textos y reflexiones muy semejantes; mantenía a los campesinos movilizados ante la expectativa nunca cumplida del inicio de las hostilidades, como sucedió posteriormente; en resumen, creo que Marcos no rompió con una tradición, sino que la confirmó después de declarar la guerra.”
-En una parte nueva del libro, usted señala que entre los zapatistas había la conclusión de que “nada hará cambiar el régimen del PRI, salvo el uso de la fuerza”.
-Sí, eso fue al mencionar las elecciones de 1988, cuyos resultados fueron manipulados por el gobierno. Tales hechos confirmaron la convicción zapatista de que las cosas sólo podrían cambiar con la violencia.
“Pero ahora el escenario es totalmente distinto. Yo soy de los que piensan que ya había tenido lugar la transición, esto es, que la posibilidad de la alternancia existía desde antes del  2 de julio, aunque al mismo tiempo es un hecho que la percepción popular no registraba que ese cambio había tenido lugar.
“Creo que a partir de las pasadas elecciones, los mexicanos refrendamos nuestra voluntad de que los cambios sean hechos dentro del marco de las instituciones, y que frente a esa decisión nacional se va a plantear la nueva ronda de negociaciones entre el EZLN y el nuevo gobierno.”
-¿Lo de ahora demuestra que el EZLN estuvo desde un principio equivocado?
-No, pienso que la realidad en que creció la clandestinidad zapatista era muy distinta a la de hoy. Estamos hablando de muchos años. Los primeros zapatistas llegaron a la Selva en 1983, hace 17 años. Las cosas han cambiado mucho y la guerrilla se tendrá que modificar en función de eso.
Carlos Tello advierte que no se puede saber qué hubiera pasado sin la rebelión. Un hecho que admite es que promovió “el voto del miedo” en las elecciones de 1994, y, al mismo tiempo, una legislación electoral que hizo que no pudieran ser puestos en duda los resultados de los comicios.
Sin esto, insiste, “no sabemos qué habría pasado; probablemente, una elección del 94 muy conflictiva, con una larga secuencia de conflictos poselectorales. Pero lo fundamental fue la reforma electoral que todos los partidos impulsaron, no el EZLN, lo que dio las condiciones para que el 2 de julio del 2000 culminara un proceso electoral equitativo y se produjera una jornada limpia”.
Según Tello, los sucesos derivados de la reforma electoral -impulsada por el gobierno junto con los partidos de oposición a principios de este sexenio- desembocaron en el desmantelamiento del poder hegemónico del PRI. Ahora, a una semana de los comicios en Chiapas, sostiene que va a ganar Pablo Salazar Mendiguchía, lo que, confiesa, le dará “muchísimo gusto”.
El 2 de julio, aclara, triunfó el PRI en Chiapas debido a que el voto de la oposición estuvo perfectamente dividido en dos partes iguales, mientras que en los comicios del 20 de agosto el sufragio opositor se va a unir en torno del candidato de la Alianza por Chiapas.
“Por eso soy optimista con respecto a la solución del conflicto, pues el PRI ya no estará del otro lado de la mesa. Estarán los partidos de la oposición, y creo que eso hará posible el reinicio del diálogo y acuerdos concretos entre las dos partes.”
Para enriquecer el contenido de La rebelión de las Cañadas, Carlos Tello regresó a la Selva Lacandona durante 1999 y este año para conversar con exzapatistas indígenas; consultó los libros más serios que han sido publicados sobre el tema; habló, dice, con el exsubcomandante Daniel, Salvador Morales Garibay y tuvo acceso a una serie de documentos clandestinos del EZLN y de las FLN que no conocía y que llegaron a sus manos. En las notas de la nueva edición precisa su origen.
-De regreso a Chiapas, ¿cuál es su visión, comparada con la de las primeras visitas?
-Que la región está bastante más deteriorada que hace seis años. Hay mucha tensión, una presencia masiva del Ejército. Es visible la prostitución. Hay una explosión demográfica que me dicen es del orden de 9% anual, lo que resulta verdaderamente dramático y preocupante. Las comunidades y familias se encuentran cada vez más divididas y los recursos que han llegado sistemáticamente a la región no se notan, porque falta una organización que permita captarlos y distribuirlos debidamente.
-¿Será el saldo del último gobierno federal del PRI?
-Es saldo de muchas cosas, empezando por la propia lucha, pues una rebelión no favorece en el corto plazo a aquellos que la emprenden. Lo que sucedió con los zapatistas de Morelos pasa con los de Chiapas.
-¿Nunca les favoreció la rebelión?
-Hay resultados positivos y negativos. Creo que en el caso de las comunidades de Chiapas el resultado es más bien negativo.

Marcos, “inofensivo”

Durante la entrevista, Tello se refiere a las declaraciones del presidente electo, Vicente Fox, en el sentido de que solucionará el conflicto en pocos minutos.
-¿Tiene confianza de que así sea?
-Creo que hay muchos conflictos en Chiapas. Uno, en concreto, es el que opone al EZLN con el gobierno de la República. Éste, pienso, tendrá que ser resuelto, pues no veo a Marcos sucumbiendo a la tentación de permanecer como está tres años más, a ver si en las elecciones de 2003 se le abre una coyuntura favorable. Estimo que se llegará a un tipo de acuerdo que permitirá empezar a solucionar todos los demás problemas que tiene la entidad.
-¿Será para esto necesario retirar primero al Ejército, con el fin de abrir la confianza del EZLN?
-Creo que parte de los efectivos del Ejército puede retirarse, pero esto tendría que estar complementado por un acuerdo del EZLN en el sentido de que la integridad de las comunidades que no son zapatistas y que se encuentran dentro de esa zona serán respetadas, cosa que no siempre se hace.
En cuanto a los Acuerdos de San Andrés, opina que tal y como fueron redactados por los miembros de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), constituyen un texto de carácter político que tiene que ser visto de esa manera y, una vez aprobados, en otro nivel y etapa, deben ser corregidos.
-Como está la situación, ¿existe riesgo de violencia en las próximas elecciones?
-No, creo que la elección la va a ganar Pablo Salazar con un margen importante. Por lo tanto, no veo problemas. Hay encuestas que le dan ventaja hasta de 40 puntos, y así, dadas las cosas como están, no pienso que se presenten conflictos poselectorales.
-¿A qué obedece el deterioro, la baja de popularidad del subcomandante Marcos?
-Él se encuentra muy metido en la Selva, pero nada es eterno. Por lo menos en México, desde hace tiempo hemos estado viendo el desgaste de su figura; no así en Europa y otras regiones, donde todavía tiene un capital simbólico importante, capaz de movilizar a grupos significativos a favor de su causa.
-¿Quiere decir que aquí ya pasó de moda?
-Sí, o más bien que está de moda, lo cual es otra forma de matarlo políticamente. El hecho de que cualquiera se pueda poner una playera de Marcos con pasamontañas quiere decir que se le considera inofensivo, algo así como sucedió con el Che Guevara.
-Y ya en términos éticos, la existencia de este grupo armado, clandestino, el del Slop, la Autodefensa, del que claramente tenía conocimiento el obispo Samuel Ruiz, ¿habla bien o mal de la Iglesia?
-Ninguna de ambas cosas. Es decir, ellos aceptaron que los fundadores del EZLN hicieran trabajo, proselitismo en comunidades donde la Iglesia tiene una presencia importante. Las relaciones se tensaron después y, en ese marco, los sectores radicales de la diócesis aceptaron que se formaran estos grupos armados.
De acuerdo con Carlos Tello, nunca hubo enfrentamientos entre las dos partes, pese a que la tensión duró entre seis y siete meses.
“Era una disidencia indígena del EZLN durante la gestación de la guerrilla, la cual no veo que siga, y como no se manifiesta, no hay razones para sustentarla. En la Selva se ha hablado de grupos, pero lo cierto es que no se han dado enfrentamientos armados ni matanzas entre ellos. La irresponsabilidad de algunos medios de comunicación es digna de señalarse, pues hablan con demasiada facilidad de algunos casos sin que haya pruebas.”
-Bueno, ya perdió el PRI a nivel federal. De ganar las elecciones Pablo Salazar, ¿cuál será el futuro del EZLN y del subcomandante Marcos?
-La negociación con vistas a acuerdos concretos que impliquen la desaparición del EZLN.
-¿Se convertirá el EZLN en un grupo político más?
-Me imagino que algunos sectores lo harán. No creo que sea la opción por la que se inclinen los oficiales e insurgentes que anduvieron en la clandestinidad, arriesgando sus vidas. En el caso concreto de Marcos, de ninguna manera; por lo menos en el corto plazo no creo que él se quiera resignar a ser de nuevo Rafael Guillén.
-¿O sea que el problema de Chiapas está en vísperas de resolverse?
-El conflicto, porque, como decía, hay muchos problemas en Chiapas y lamentablemente algunos van a seguir. El que enfrenta al EZLN con el gobierno de la República, personalmente creo que se  solucionará en el curso del año que viene.
Autor también de Apuntes de un brigadista, donde recoge sus experiencias de alfabetizador en Nicaragua, así como de El exilio, un relato de familia, sobre la estancia de Porfirio Díaz -del cual es descendiente- en Europa, Carlos Tello rechaza que el conflicto de Chiapas haya sido sólo consecuencia de los gobiernos del PRI.
“No son solamente ellos la causa. Son 500 años, como dicen los zapatistas, los que están detrás; son muchísimas cosas que, justamente, trato de explicar en el libro procurando darle a cada cual su propio peso.”
-¿Se puede decir que el EZLN fue la puntilla para el sistema del PRI?
-Tampoco. El EZLN contribuyó a forzar una reforma electoral y a la participación de todos los actores políticos, conscientes de los riesgos que implicaba para la integridad nacional posponer la transición democrática. Pero creo que esos acuerdos no podrían haberse dado sin la fuerza que representaban ya los principales partidos de oposición, sin su madurez política.
Sobre las críticas que desde un principio tuvo su libro, en el sentido de que detrás de él se encontraban Inteligencia Militar y la Secretaría de Gobernación, resalta que en el fondo de su trabajo concurrieron muchos factores.
En primer lugar, sus pláticas con exzapatistas de las Cañadas, con los asesores de la Asociación Rural de Interés Colectivo (ARIC); también, lecturas de trabajos como los de Xóchitl Leyva y Javier Ascencio, que han estado ahí durante mucho tiempo; entrevistas con sacerdotes como Gonzalo Ituarte, y los documentos que en su momento distribuyó el gobierno a la prensa, entre otros.
-El historiador Carlos Montemayor se asombró, en 1995, por la rapidez con que pudo usted recolectar información tan precisa…
-Tiene razón. Mucho de lo que colecté ya estaba en el aire y yo lo junté. Lo que me extraña es que nadie se atrevió entonces a averiguar qué estaba detrás de una rebelión que nos sorprendió a todos. Yo ni era indigenista ni conocía bien Chiapas ni había leído gran cosa sobre movimientos guerrilleros, y lo hice; creo que cualquier otra persona podría haberlo  hecho.
-¿Realmente habló con Salvador Morales Garibay, a quien se consideró un delator del EZLN?
-Sí, en la primera edición del libro consulté sus dos declaraciones ministeriales. También pude hacer contacto con él y enviarle un cuestionario breve que me respondió. Pero al emprender la revisión a fondo del libro tuve la posibilidad de verlo en varias ocasiones y entrevistarlo sobre temas que me interesaba aclarar.
Los encuentros, afirma, fueron en México.
Tello, quien proyecta entre otras cosas escribir en torno de lo que queda de la Selva Lacandona, sin ribetes ideológicos, dice en las nuevas páginas de La rebelión de las Cañadas que “la semilla de la discordia ya sembrada daría con el tiempo resultados muy funestos…”.
Se refiere a las divisiones que el EZLN provocó dentro de las comunidades y de las mismas familias indígenas. Esto es patente, ya que, dice, hay hasta hermanos peleados, como Ausencio Lorenzo, que está con la ARIC, y su hermano Antonio, que está con el EZ, por ejemplo.
Concluye: “La semilla de la discordia la sembraron los propios indígenas al optar por la guerrilla. No creo que haya sido Marcos. Él llegó a proponer; se presentó sin dinero a convencer a las comunidades para que lo apoyaran, vendieran sus vacas a fin de comprar armas. Por eso Marcos se enojaba tanto con el obispo al ver que le arrebataba a la gente, que es su sustento”.