Señor director:
Respecto del señalamiento que hacen los señores Ignacio Trelles, Raúl Cárdenas y José Antonio Roca, en la revista que usted dignamente dirige (páginas 72 y 73 de Proceso 1238), en el sentido de que constituye una gran mentira que Menotti sea el parteaguas del futbol mexicano, deseo hacer las siguientes
observaciones.
Los comentarios del señor Cárdenas lo proyectan como lo que desafortunadamente es: alguien con síntomas de frustración o de trauma, porque México no calificó para el Mundial de España (eliminatoria de Honduras, 1981), fungiendo él como entrenador nacional. Su trayectoria lo ubica como un entrenador casero que, gracias a excelentes jugadores, fue campeón con el Cruz Azul y, más adelante, con el América. Nunca dirigió a equipos chicos como para demostrar su capacidad. Además, sería bueno que explicara con honestidad por qué no alineó a Borja ni a Castrejón en el Mundial del 70, y que analizara el trabajo realizado con su último equipo, el Puebla, que terminó descendiendo.
Sobre don Ignacio Trelles, habría que recordar que en tierra de ciegos el tuerto es rey. En su momento, era de lo mejor, pero a los integrantes de la Selección que él dirigía nunca les inculcó la defensa de sus derechos como profesionales.
Además, con la llegada de Menotti, la Selección se revaloró (recordar los fracasos previos de la Selección), y también lo hizo el puesto de director técnico de la Selección, que hoy es muy bien remunerado. (Hasta Mejía Barón lo reconoció en su momento.) Con Menotti, la Selección empezó a jugar un esquema estratégico y táctico bien definido; la elección de los jugadores no tenía más influencias que el estricto interés futbolístico, y había un programa de trabajo integral con todas las selecciones nacionales, pues entonces se hallaban en activo la mayor, la olímpica, la sub y la de cadetes. En pocas palabras, Menotti ordenó el trabajo que debía hacerse a corto, mediano y largo plazos en la Selección para llegar a ser protagonista. No lo logró, no por incapacidad, sino porque simple y llanamente los intereses extrafutbolísticos se lo impidieron. Menotti llegó a trabajar bajo la administración de Maurer, y una vez que éste fue depuesto por el grupo opositor y mediante el apoyo del aparato gubernamental, Menotti renunció por dignidad: no le dieron el apoyo que requería y obstaculizaban su trabajo.
Mejía Barón cosechó lo sembrado por Menotti. Lo malo fue que no le dio seguimiento al plan de trabajo recibido, y, peor aún, destruyó el legado de Menotti, al punto de que cuando Mejía Barón renunció (o lo renunciaron) solamente había una Selección en actividad: la mayor.
Por cierto, el señor Menotti es ya considerado como el mejor entrenador de la historia de Argentina. (Carta resumida.)
Atentamente
Licenciado Armando Vázquez Garibay
Avenida 4 Poniente número 421-19
Huatusco, Veracruz








