Con un acervo de más de 20 mil postales de principio del siglo XX, procedentes de casi todo el mundo, la colección particular del profesor Jesús García Olvera busca fundar el primer museo de la tarjeta postal en México.
Exmaestro de historia en la Escuela Nacional Preparatoria, nacido en Ciudad Victoria, Tamaulipas, García es hoy un hombre jubilado, pendiente del destino de sus valiosas posesiones y del futuro cultural de México.
En entrevista para Proceso desde su tierra natal, explica cómo surgió su inquietud por coleccionar postales:
“Para los hombres de la tercera edad, los que hemos acumulado cosas en la vida, en la sociedad se pueden pretender tres cosas: que le paguen a uno por lo que sabe; que lo ayuden por lo que vale o cree valer, y la otra, reunir los testimonios de su quehacer intelectual, de sus preocupaciones políticas o sociales. Y siendo una persona de muy modestos ingresos, como cualquier profesor, pude siempre separar un poco de mi dinero y reunir tanto libros como postales.”
Con 70 años de edad, el profesor García ha esperado 20 a que su colección sea comprada, pues con ello “se garantiza la existencia del acervo”, asegura. El valor de su colección alcanza el millón de dólares, debido a que en el mundo de la deltiología, las postales se van cotizando según los pintores, fotógrafos o personajes involucrados. A escala mundial, existen algunas muy caras como las que tienen dibujos de Franz Marc, famoso pintor de las décadas de los veinte y treinta, con piezas que han sido valuadas recientemente en Sothebey’s hasta en 70 mil dólares.
Desde 1996 en México se ha dado un boom con las tarjetas publicitarias gratuitas que se distribuyen en restautantes y comercios. El próximo 10 de agosto se presentará en el antiguo Colegio de las Vizcaínas el evento Escaparate, el arte de la publicidad. Consiste en una muestra internacional con la participación de más de 20 países, que darán a conocer sus avances en este rubro.
Incluida en el evento, estará la parte dedicada a las tarjetas publicitarias antiguas de la colección del profesor Jesús García Olvera, con curaduría de Carlos Ibarra.
No a Slim
La tarjeta postal, después de la filatelia, es la segunda colección del mundo, aun antes de la numismática. Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, Dinamarca y España se cuentan entre los países que tienen ya su museo.
Para Jesús García Olvera, su preocupación fundamental y su pasión “es México”. La afición por coleccionar postales se remonta a sus “15 o 16 años de edad”. Muchos años después decidió clasificar su gran acervo. En México no hay especialistas en tarjeta postal, de tal manera que más tarde entró en contacto con personal del empresario Carlos Slim para una posible adquisición y le enviaron a un joven del Museo Soumaya quien le propuso, junto con una veintena de personas, “entrar a la colección”. Esto aterró a García:
“Me preocupó mucho que gente desconocida entrara a mover los paquetes de tarjetas a voluntad, con el temor de que se pudieran perder.”
Del curador de su colección, Carlos Ibarra -quien se ha dedicado las 24 horas del día a este trabajo-, García considera que es “el único mexicano que está trabajando en esto con seriedad y constancia”.
La mayoría de los países del mundo están representados en el acervo. Aproximadamente 6 mil piezas son acerca de México, incluidas 400 de la colección Latapí & Bert, una de las primeras casas editoriales. Actualmente, existen más de 300 museos y galerías de la postal en el mundo, hecho insólito, pues ni siquiera la fotografía los tiene.
El profesor García proyecta un Museo de la Postal en Tamaulipas, que sea “un lugar totalmente sustentable” donde se formen departamentos de investigación y reedición, intercambios con especialistas de todo el mundo, aparte de estudios sobre la vida de los fotógrafos, el manejo del color y la temática. Explica las razones para fundarlo en su tierra:
“La historia reciente de Tamaulipas es lamentable.Con el narcotráfico, los narcosatánicos, los homicidios, la delincuencia y el contrabando es necesario crear espacios para la vida cultural.”
La imagen postal presenta un panorama de gran riqueza para la revaloración del pasado de México, documentos que por falta de visión de quienes administran la cultura en nuestro país permanecen carentes de espacios para su exhibición, estudio y resguardo. En México, el precio mínimo de una tarjeta postal de colección es de 240 pesos. Sobre los elementos que entran en juego para evaluar una tarjeta, dice:
“Hay de las que fueron enviadas y que valen por el comentario afectuoso de la persona, por la forma de redactar el mensaje, la caligrafía, más el sello postal. Sin embargo, tenemos un dilema entre la filatelia y la deltiología. El filatelista arranca el timbre y nosotros lo que queremos es que todo esté completo, pues es tan importante como la misma tarjeta.”
La colección del millón
Dedicado a las artes gráficas, fotógrafo de profesión y curador de esta colección, Carlos Ibarra narra cómo empezó a organizar el acervo del profesor al que llama cariñosamente Chucho:
“Nadie quería trabajar con las postales por falta de interés o porque se les hacía muy aburrido ordenar tantas; cuando inicié hace 10 años eran como 8 mil. Después viajé a Guadalajara y cuando regresé, hace dos años, Chucho me invitó con él para ordenar, clasificar, hacer la investigación y la curaduría del acervo que ahora tiene cerca de 20 mil piezas.”
El uso y la presencia de la tarjeta postal en el mundo ha ido cambiando con el tiempo. En los años cincuenta la tarjeta postal cayó en desuso y fue hasta los ochenta cuando se recobró el interés. El año pasado se manejaron en tarjetas postales “entre 800 o 900 millones de dólares en todo el mundo”.
Paralelo al invento de la fotografía, las postales empezaron a editarse en México entre los años 1840 y 1842, “se vendían a nivel aristócrata, pues sólo la burguesía podía pagarlas. El retrato empezó a tener una aceptación muy especial en ciertos niveles políticos y sociales. Para 1860-70 aparecieron las tarjetas ‘de visita’; en éstas había la connotación familiar de personas que regalaban o se presentaban con su fotografía”.
A la par de la fotografía, también las artes gráficas empezaron a cobrar auge. Muchas técnicas que ya no existen ahora pueden ser vistas a través de las tarjetas postales. Prosigue el curador:
“Hay una gran variedad de materiales: hilo, cabello natural, tejido. Los fotógrafos eran, además, laboratoristas químicos, hacían sus propios procesos y retoques, casi siempre en el positivo en papel. Una de las colecciones más interesantes, la Latapí & Bert, muestra una fotografía blanco y negro de Guillermo Kahlo del interior del edificio de Correos, que años después fue retocada con color y, según ellos, mejorada. En la historia de la tarjeta postal encontramos la de las Artes Gráficas.”
De las colecciones del profesor destacan una importante biblioteca sobre México, 8 mil diapositivas antiguas con paisajes y costumbres de este país, un gran acervo con imágenes de aves -ediciones únicas de libros antiquísimos, ahora inconseguibles-, así como periódicos. La colección postal del profesor García es básicamente topográfica, es decir, se basa en aspectos geográficos de los países.
Aunque el número de investigadores o gente interesada ha crecido en el ámbito mundial, en nuestro país se sabe sólo de algunos coleccionistas de postales, como Carlos Monsiváis, Gastón Cano Ávila, Victor María Esparza y Carlos José Mijangos, estos últimos con acervos exclusivos sobre determinados estados.
La deltiología, especialidad que se dedica al estudio de la tarjeta postal, destaca una época de oro que va de finales de 1900 a 1915. La colección García Olvera cuenta con una muestra representativa de este período:
“Yo podría hacer una exposición sólo del Zócalo de la Ciudad de México en donde se verían sus cambios año con año, desde que había árboles y carretas hasta la llegada del tranvía, los primeros autos, los cambios del asta bandera, las calles aledañas; o con la Calzada de la Viga que hace 100 años era un canal de agua con trajineras, taxis de agua, en fin, el México que ya no existe. Pretender un museo que nos muestre lo que ha ido pasando es conservar lo que ahora llamamos extrañamente la patria, pero en imágenes.”








